La Guardia Civil se personó este pasado miércoles –un día después de la citación del juez Peinado a Begoña Gómez- en las oficinas de Red.es en el distrito financiero de Azca, y permanecieron allí unas horas buscando pruebas que puedan aclarar si hubo o no tráfico de influencias o corrupción o conflicto de intereses en el comportamiento de la mujer de Pedro Sánchez. La intervención de la Unidad Central Operativa se produjo cumpliendo el encargo realizado por la Fiscalía Europea, que ha solicitado la documentación y correos electrónicos que existan sobre los contratos entre la empresa pública y el empresario Juan Carlos Barrabés, el amigo de Begoña, gurú del comercio electrónico en España, presidente del grupo Barrabés y administrador hasta 2022 de Innova Next. De Barrabés se sospecha que pudo ser favorecido por contratos multimillonarios, tras haber recibido la recomendación por escrito de su amiga y alguna laudatoria declaración del presidente Sánchez. Barrabés es el testigo clave de todo este asunto, aunque su declaración fue inicialmente aplazada por el juez, a la espera de un informe médico, porque el hombre se encuentra hospitalizado, aquejado de una enfermedad grave. Es probable que el juez acuda al hospital a interrogarle, después de que se le quisiera linchar por haber decidido posponer su citación.
Pero que Barrabés hable ahora o lo haga después, a pesar de la vomitona de insultos contra Peinado por no haberle interrogado antes que a Begoña, es –francamente- un asunto bastante baladí. El suma y sigue de lo que se va sabiendo –aunque haya cierto retraso informativo en medios oficiales y paraoficiales– es ya bastante enjundioso: por ejemplo, se sabe que una mujer sin titulación académica consiguió encaramarse en la dirección de una cátedra cultural. Desde esa plataforma y con la ayuda del rector de la Complutense, logró poner en marcha un máster de ‘Transformación Social Competitiva’, y colocarse como codirectora y profesora. Se sabe que su trabajo fundamental fue encargarse de financiar el máster, y además le salió bastante bien, porque convenció a importantes empresas públicas o que viven de lo público, para que apoyaran la iniciativa. Hasta 23 empresas figuran como colaboradoras de su máster. Se sabe que fue extraordinariamente eficiente en lo de conseguir dinero y apoyos: se reunió con alguno de los capitostes de las compañías más importantes del país –Indra, por ejemplo-, como suelen hacer todos los codirectores de máster de medio pelo. Se sabe que contó con la colaboración de la Cámara de Comercio española para localizar a los estudiantes de su master, y que algunas de las empresas colaboradoras pagaron las matrículas. Aunque ha habido quien –con bastante mala leche- haya recordado que el máster tuvo más empresas colaboradoras que alumnos. Pero ella fue tan hábil que consiguió incluso que algunas grandes compañías multinacionales, de esas a las que el Gobierno de su marido ha amenazado con aguarles la fiesta, se pusieran de acuerdo para financiarle al master un software por valor de un millón de pavos, para crear una plataforma de ecoanálisis (sea eso lo que sea) para que las pymes puedan calcular si son muy o poco Agenda 2030. Se sabe que registró el software a su nombre, probablemente por un despiste, no porque hacerlo le supusiera un incremento patrimonial de un millón. También se sabe que nadie fue informado en la Universidad de que el software millonario se lo quedaba ella, y que el Rector no parece ya tan contento como en los primeros paseos de Begoña por la Complutense, y que el master cerró ayer –ayer- toda su actividad.
Con eso que se sabe, sería más que suficiente para que en un país diferente al nuestro, a Sánchez se le hubieran caído los palos del sombrajo. Pero no, aquí es al revés: hemos visto como el presidente se retiraba en olor de santidad a hacer ejercicios espirituales, mentía sobre su conocimiento de la imputación de su mujer, escribía una carta infamante acusando de connivencia con el PP y Vox al juez que instruye el caso de Begoña, en un tono que ni sus ministros se han atrevido a seguir (excepto Oscar Puente, por supuesto). Y por último hemos visto a los socialistas aplaudir a rabiar a la mujer del César y correar su nombre y el ‘no pasarán’ en un mitin del PSOE andaluz, en el que Sánchez se presentó con su señora. Hemos visto a un presidente instalar su campaña en la sentimentalización, el insulto y los gestos. Negarse a dar ninguna explicación. Decir que esto es sólo fango y conspiración judeofascista, y hacer todo el ruido posible para que nadie escuche la última verdad: que ya no es cosa de un sindicato extorsionador y mafioso, de un juez vendido a la derecha, de una derecha fascistizada y projudía… Esto es también cosa de la Fiscalía Europea. Una fiscalía que no depende de él, que no gobierna él, una fiscalía que actúa como debe hacer cuando surge una sospecha: investigando.














