La quiebra

por | 06 septiembre, 2024 | A babor

Canarias ya hizo todo lo posible para evitar que la situación siga degenerando y concluya en una crisis humanitaria de proporciones bíblicas: el Gobierno regional detectó y señaló el problema hace meses, frente a la desidia y la inacción de los responsables de atender a los inmigrantes. Reaccionó con moderación, huyendo de argumentos populistas y mezquinos, condenando con cordura las propuesta maximalistas, las opiniones racistas y la falta de sensatez en el enfoque de los ultras (tanto de los radicales que insisten en asegurar que este no es un problema, que Canarias puede atender a cinco mil, diez mil, quince mil niños emigrantes, que la situación está bajo control, como los que aseguran que estamos siendo invadidos por bárbaros y criminales, y plantean soluciones imposibles. El Gobierno regional se acercó lealmente al de la nación, proponiendo acuerdos, estrategias y soluciones. El presidente Clavijo lleva meses dedicado a intentar encontrar una salida negociada con el Estado y sus representantes: meses de encuentros y reuniones intentando resolver el problema real, y evitar su politización e instrumentalización en la guerra sin tregua ni cuartel que enfrenta hoy a los dos principales partidos españoles. Ha tolerado con bastante paciencia el deseo de protagonismo de quienes no fueron capaces de actuar cuando podían, y logró convencer a sus socios en el Gobierno regional para que volvieran a reunirse con los socialistas tras el frustrante fracaso de las primeras negociaciones, cuando la derecha impidió tramitar la reforma de la ley de Extranjería sin cambios, y la izquierda negó a introducir cambio alguno para que la ley pudiera ser tramitada.

Para quienes creen que la postura del PP ha sido facha e inmovilista, la ruptura del puñado de gobiernos logrados con el apoyo de Vox, o el avance de las propuestas del PP para apoyar al gobierno, demuestran cómo la política se instala en la falacia y el descrédito, cuando no hay voluntad de negociar. La voluntad del PSOE de mantener en secreto los encuentros con Coalición y el PP para desatascar la tramitación de la ley, señala al doble rasero socialista: se trata de negar que se negocie con los mismos a los que se acusa de exagerados, o –peor aún- de xenófobos.

En medio de ese ambiente enrarecido, manteniendo el equilibrio entre el apoyo de legislatura al PSOE y el acuerdo suscrito con el PP en Canarias para garantizar el Gobierno, el presidente Clavijo ha colocado la búsqueda de una solución al problema de la saturación de los centros de acogida como principal prioridad de su mandato. No parece una apuesta fruto del cálculo político o la rentabilidad electoral. Algunos de los votantes de Clavijo creen que se ha excedido al convertir la atención de los menores inmigrantes en la principal prioridad de su Gobierno. Para quienes le han visto actuar muchas veces como un profesional de la política, preocupado especialmente por el equilibrio de las cuentas y la mejora de la economía regional, el empuje de Clavijo en este asunto ha resultado una sorpresa.

Sospecho que vendrán más: desde que se detectaron las presiones a una ONG de El Hierro para que acogiera menores en condiciones inaceptables, como si de cabezas de ganado se tratara, Clavijo y su entorno más próximo han comenzado a romper sin disimulo alguno con el buenrrollismo. El modo canario de hacer política se identifica ahora con un cabreo monumental por la falta de compromiso del Gobierno Sánchez –también del ministro Torres en la búsqueda de una solución más allá de los titulares. El absoluto desprecio de Sánchez al problema, la ausencia de mención alguna a las dificultades a las que se enfrentan las islas, la desidia monclovita ante los reclamos para evitar que la saturación de las instalaciones derive en tragedia, han abierto una brecha que difícilmente va a ser cerrada en lo que quede de legislatura: Sánchez se ha ganado otro adversario más, en el peor momento de esta agónica legislatura, en la que algo tan normal y corriente como es aprobar los presupuestos del Estado, parece un objetivo inalcanzable.

Sospecho también que será difícil contar con el solitario voto de Cristina Valido. Sin duda, no será el suyo el sufragio determinante para impedir la aprobación de las cuentas y demostrar con ello la recurrente minoría del Gobierno de la nación. Pero en una situación de pérdida de confianza por parte de sus socios de investidura, con Puigdemont a la espera de una amnistía que no llega, Esquerra endemoniada con la negativa de la ministra Montero a reconocer el Concierto, Podemos instalada en la guerrilla y Ábalos acumulando humillaciones y mascullando su venganza… en un contexto similar, hasta el último voto cuenta.

Y con el voto de Coalición, lo que parece es que ya no se va a contar.