¿Gobierno de las personas?

por | 05 abril, 2023 | A babor

El presidente regional, Ángel Victor Torres, firma con actitud solemne y gesto adusto el decreto de disolución del Parlamento de Canarias

El Gobierno regional ha tenido que tragarse el sapo que llevan intentando ocultar desde hace ya meses: las listas de espera de la sanidad canaria han aumentado de manera importante, y también los días que se tarda en ser sometido a una operación necesaria, pasando en sólo los últimos seis meses de 143 días a 157, dos semanas más. El fenómeno es el mismo que se da en Dependencia, a pesar de la trapisonda que consiste en repartir ayudas familiares, mucho más rápidas de tramitar. Ocurre con la Sanidad, con la Dependencia y en general en todos los asuntos que tienen que ver con la atención a las personas. El desánimo en Derechos Sociales es tal que Podemos ya ha anunciado que si repiten en el próximo Ejecutivo renunciaran a ocuparse de Derechos Sociales, que ahora quieren Turismo o Vivienda, es de suponer que porque Vivienda y Obras Públicas van juntos en el mismo paquete. La petición de Podemos resulta tan obvia y frívola que es mejor no tomársela ni en serio. Pero demuestra hasta qué punto son conscientes de su fracaso en la gestión pública de los intereses y necesidades de los ciudadanos. 

Un Gobierno que se anunció como “el de las personas”, ha empeorado la atención sanitaria y la gestión de las ayudas y coberturas de la administración regional a las personas más necesitadas. Conscientes de que lo que ocurre no es lo que nos dice su propaganda, cada día más asfixiante y abusiva, han hecho lo posible por no informar de lo que de verdad ocurre. Si sabemos los datos de Sanidad al cierre de 2022, no es porque los haya facilitado el Gobierno de Torres, sino el Ministerio de Sanidad: por él sabemos que en Canarias hay hoy más de 34.500 personas esperando ser operadas. Hace seis meses la cifra eran 32.900. Canarias también se encuentra a la cola de las regiones españolas –la segunda por detrás-, en el tiempo de espera para ser intervenido quirúrgicamente. La media es de más de cinco meses, y casi un 30 por ciento de los pacientes que necesitan operarse superan incluso el medio año antes de ser atendidos.  Las intervenciones en Traumatología soportan la lista de espera con más demoras de toda España –más de ocho meses- y le siguen Neurología – más de siete meses- y Oftalmología, que con 115 días de espera, es la tercera por la cola. Y no se trata de un problema que afecta sólo a las intervenciones quirúrgicas, es algo sistémico, que contagia a toda la Sanidad de las islas y a sus distintos servicios: las consultas por especialidad también han sufrido aumentos enormes, que rozan el 23 por ciento en relación con la situación a 30 de junio del pasado año: Canarias vuelve a ser en esto la región donde más debe esperar la gente para que la vea un médico especialista, muy por encima de lo que ocurre en La Rioja, que es la segunda región por la cola.

Y lo peor es que no parece ser sea sólo un problema de recursos: en los últimos presupuestos, el dinero que se destina a la Sanidad ha aumentado hasta consolidar los gastos extraordinarios de la pandemia. Nadie es capaz desde el Gobierno de justificar porqué con mayores y mejores medios, y más personal empleado, las cosas van peor. La única explicación posible es que la gestión de la atención social y sanitaria no funciona con discursos. Este Gobierno se luce cuando se trata de vender algo con marketing o propaganda, se preocupa de vender sus logros, de representar la gestión de lo público como algo cercano pero al mismo tiempo esforzado y solemne. Torres es capaz incluso de vender al personal la disolución de la Cámara regional como una decisión fruto de la autonomía presidencial, y de inmortalizarse lo que es un mero trámite firmando heroicamente el decreto de disolución, como Roosevelt rubricó el inicio de la guerra con Japón. 

Roosevelt firma la declaración de guerra contra japón, con un brazalete negro en su brazo izquierdo en señal de duelo por los muertos en el ataque a Pearl Harbour

Pero cuando se trata de resolver problemas del común, el Gobierno cojea: falla a quienes más lo necesitan, ha fallado a los mayores privados de atención y cuidados, pero también a los que son maltratados en residencias decrepitas que nadie inspecciona, ha fallado a los pacientes que aguardan con desesperación que les llegue el turno para poder visitar al médico o ser operados, a los jóvenes sin trabajo, ni vivienda, ni futuro. Ha fallado a los menores inmigrantes amontonados en centros inmundos, ha fallado a los palmeros que sufrieron el volcán, a quienes todo lo perdieron, a los que menos tienen y más requieren de la ayuda y comprensión pública.

Este no es el ‘Gobierno de las personas’ que prometieron ser, sino el de los presupuestos expansivos, los impuestos abusivos, la propaganda y la ocultación de todo lo que se hace mal.