Empleo y esperanza

por | 03 febrero, 2022 | A babor

El paro registrado en Canarias creció en algo más de 4.300 personas el pasado mes de enero, según los datos publicados por el propio Ministerio de Trabajo. Eso significa que Canarias se ha convertido en la segunda región española en la que más ha aumentado el desempleo, un 2,14 por ciento, con respecto al mes anterior, alcanzando algo más de 207.000 personas. No son buenas cifras, aunque también es cierto que los meses de enero no suelen ofrecer buenas cifras nunca. A lo largo del mes termina la campaña de Navidad, tanto en el sector turístico como en el comercio, y eso supone tradicionalmente una caída importante de los empleos disponibles.

Probablemente por eso, el presidente Torres prefirió ayer obviar ese dato mensual –el segundo más malo de España- y centrarse en el interanual –la variación producida entre enero de este año y enero del pasado-, donde la tendencia es muy diferente: Canarias ha logrado bajar en un año el desempleo en 72.000 personas, lo que representa una disminución de la cuarta parte de las personas apuntadas en las oficinas de empleo. De hecho, Torres destacaba ayer que el pasado enero ha sido –en relación al empleo- el mejor enero de los últimos trece años, es decir desde el inicio de la crisis de 2008. Sin duda es una buena noticia, que supera con creces el pequeño sesgo negativo de enero en relación con el mes de diciembre. Torres que es un optimista capaz de asegurar que la recuperación se encuentra detrás de cada esquina tiene motivos para alegrarse y creer que Canarias los tiene para la esperanza.

A bocajarro, sin duda es esperanzador que el paro se reduzca. El empleo es sin duda el dato más importante para determinar la salud económica de una nación. Y es digno de elogio haber logrado que uno de cada tres o cuatro parados consigan empleo. Además, es en parte un mérito directo del Gobierno –de las distintas administraciones, para ser más exactos- que han creado empleo público a paletadas en los últimos tiempos. El problema es que eso supone incorporar a los presupuestos un gasto público estructural que se consolida y al que habrá que hacer frente en el futuro, implementando mayores impuestos.

Es difícil calcular cuánto empleo público se ha creado en Canarias en el último año, porque esa cifra no aparece por ningún lado, no hay ninguna estadística que nos lo aclare, aunque extraoficialmente se maneja el dato de que las administraciones públicas en Canarias –todas, el Gobierno y sus entidades y empresas, los Cabildos, Ayuntamientos, la Administración Periférica del Estado, la Justicia, el Ejército, las policías… han creado en las islas casi 25.000 empleos en el último año. Si eso es cierto, lo será también que de los empleos creados, uno de cada tres se va a costear con recursos públicos. Unos recursos –básicamente fabricados por Europa- que ahora están llegando en abundancia –como no paran de recordarnos desde el Gobierno regional-, pero que habrá que ponerse a devolver con carácter inmediato. La presión fiscal sobre trabajadores, jubilados o rentistas y empresas, va a crecer en los próximos años a un ritmo probablemente mayor que el empleo, para hacer frente a las necesidades de una creciente burocracia, y a la inflación desbocada que –si no se frena- amenaza con devorar en un par de años las subidas salariales y la mejora de las rentas de los pensionistas.

Uno entiende que Torres manifieste su alegría y contento, pero debería ser probablemente más cauteloso. Ayer se atrevió a presumir en La Palma del empleo creado en la isla en los últimos dos años. Me pregunto si Torres desconoce el estado de desesperación de la gente  en La Palma, si cuando habla de empleo se le olvida contar los Ertes por el Covid y ahora por el volcán, todos esos trabajadores que no trabajan ni cobran como si lo hicieran, pero a los que la estadística ha sacado del paro. Me pregunto si Torres es consciente de que su alegría y la esperanza de los palmeros responden a realidades muy distintas.