El pulso del presidente

por | 06 noviembre, 2008 | Muy urgente

Es un alivio saber que el pulso del Presidente vuelve a estar como siempre, que todo ha sido cosa del estrés, que no le pasa nada de verdad realmente malo, que sus constantes están bien, que sus defensas se mantienen y no hay ni rastro de púrpura trombocitopénica ni esas otras cosas terribles de las que a todo el mundo le dio siniestramente por largar estos dos días. Me alegro muy sinceramente de que Rivero se haya recuperado en tan poco tiempo, y me parece muy bien –por él y por la tranquilidad de nosotros sus administrados- que los médicos le recomienden que descanse y se tome las cosas con mucha más calma. La verdad es que lleva el Presidente una temporada muy agitada, a razón de cuatro y cinco entrevistas de trabajo por día, con reuniones más que agotadoras, viajes interminables de un lado a otro de las islas en helicóptero –eso pone muy nervioso a cualquiera-, posados, conferencias, jornadas, recepciones, broncas congresuales, conflictos partidarios y sindicales a tutiplén, y todo en medio de una situación económica y política que no acompaña nada. A cualquiera le comería la moral –y la salud- tanto esfuerzo probablemente inútil.

Si yo fuera él, ésta vez sí le haría caso a los médicos: curraría un poco menos, descansaría todos los días, procuraría no perder nunca los nervios con mis subordinados –aunque es humanamente comprensible que eso le ocurra con frecuencia, desde luego- y haría lo posible para evitar enfadarme a todas horas con todo el mundo. Porque cuando uno se enfada tanto y tan frecuentemente, eso siempre acaba por pasar factura.