El polvorín del Sahel

por | 10 abril, 2024 | A babor

Las tropas francesas abandonan Mali

Leo en la primera de El Día que la emigración que llega a Canarias es una amenaza para la seguridad. Lo más chocante es que no se trata de una declaración de un gerifalte de Vox, uno de esos radicales que lleva diciendo exactamente lo mismo desde hace años. Supongo que entonces no sería noticia. Lo es porque se trata de una de las conclusiones del informe anual del Análisis de Riesgo, que realiza la Presidencia del Gobierno, y en el que ha participado un plantel de más de 250 expertos de todas las instancias gubernamentales. Eso es lo que llama la atención, que un organismo de Moncloa, el Departamento de Seguridad Nacional, que no depende de Defensa, como podría creerse por su nombre, sino directamente de Pedro Sánchez, considere la emigración irregular, más que un problema humanitario y de integración, un asunto de seguridad nacional. Parece un enorme cambio de paradigma, desde la épica candidez del Aquarius, aquel barco con 629 inmigrantes a la deriva, que Italia y Malta se negaban a dejar atracar en junio de 2018.

Pero en realidad, la sorpresa no debiera ser tanta: hace ya años (dos y medio después de los aplausos a la llegada del Aquarius– que la llegada a España de emigrantes se considera por el Departamento de Seguridad Nacional como uno de los principales peligros para el país. Lo que ocurre es que en esta ocasión se califica a los flujos migratorios como amenaza de intensidad “muy alta”.

En África Occidental y el Sahel – “una región de especial importancia para España”- la situación política se deteriora tras los golpes de Estado que llevan al poder a juntas militares. A esto se suman las disputas étnicas y regionales que se retroalimentan por las intervenciones armadas de los grupos yihadistas. Los expertos consideran peligrosa la creciente inestabilidad de la región, con tres países fallidos, con guerras civiles larvadas y controlados por juntas militares amparadas por la milicia putinista de Wagner, en las que se padecen de forma sistemática situaciones de persecución racial o ideológica y graves hambrunas por desabastecimiento, que han disparado el número de personas que intentar alejarse de la miseria y los conflictos, desplazarse hacia la costa atlántica e intentar llegar a las Islas, puerta de acceso a Europa.

Las tropas francesas, que mantenían la presencia europea en la región, se han retirado del Sahel a medida que se producían los golpes de Estado en Malí en mayo de 2021; en Burkina Faso en septiembre de 2022; y en Níger en julio del año pasado. La colaboración con Rusia —socio evidente de Malí que refuerza su papel en Burkina Faso y Níger— no solo no ha frenado la expansión del yihadismo, sino que ha recrudecido los conflictos. Más de la tercera parte de de los muertos por terrorismo en todo el planeta, se han producido por acciones yihadistas en el Sahel. La violencia y la inestabilidad que provoca, y las penurias económicas, incrementan la inmigración irregular, más difícil de controlar sin presencia europea en la zona. La situación más explosiva es sin duda la de Malí, con veinte millones de habitantes, un territorio dos veces y media superior al de España, y una población que no acaba de recuperarse de las matanzas de 2022, cuando el ejército y los grupos armados asesinaron a miles de civiles.

Todavía hoy continúan los enfrentamientos entre el gobierno militar y facciones islamistas enfrentadas. A eso se suma el efecto de una economía completamente disfuncional e incapaz siquiera de alimentar a los habitantes de un país que soporta años de sequías, y un suministro insuficiente de agua potable.

El informe de Moncloa refleja que la inestabilidad y el deterioro de la seguridad en Malí provoca un incremento notable del número de desplazados desde zonas anteriormente estables del país y contagia el fenómeno de la migración irregular en los países limítrofes de Mali, como Mauritania, Senegal o Níger.

Durante el año 2023, llegaron ilegalmente a España algo más de 56.000 emigrantes irregulares, casi el doble que el año anterior, y más de dos tercios de los que llegaron lo hicieron enfrentándose a la ‘ruta canaria’. El 17 por ciento de las personas desplazadas llegadas a Canarias el pasado año proceden de Senegal, y el 6 por ciento son fugitivos de Malí. Y en los últimos seis meses, cuatro de cada cinco embarcaciones que arriban a las islas, proceden de Mauritania.

Níger es importante sobre todo por los cambios en los itinerarios terrestres de los migrantes procedentes del Golfo. Tras el golpe de Estado de julio, Europa paralizó las ayudas y proyectos de cooperación en materia de seguridad, y es probable que el nuevo poder militar responda desentendiéndose del control de los flujos migratorios.

Una situación explosiva, la del Sahel, que justifica el inesperado retorno a la realidad de un Gobierno -el de Sánchez- instalado hasta hace no tanto en una visión absolutamente Disney del mundo.