El corazón caliente del Teide

por | 25 marzo, 2023 | A babor

Peak Teneriffe. Grabado en plancha de acero hacia 1835. Dibujo de C. Stanfield basado en el boceto de T. B. Bacon. Grabado por R. Wallis.

El Teide es un volcán tranquilo, aunque bastante dado al tembleque y los enjambres sísmicos, que el año pasado sumaron sismos por encima del millar. No es especialmente preocupante, la isla cuenta con una actividad de fondo de entre 500 y 800 terremotos al año, superior a la que se produce en otras islas volcánicamente activas como El Hierro o La Palma, que en años normales apenas llegan a los 20 terremotos. La sismicidad volcánica de Tenerife no implica peligro: antes de la erupción submarina de El Hierro, los sismos registrados fueron alrededor de 30.000 y en La Palma, antes de la erupción del Tajogaite, superaron los 50.000. ¿Quiere eso decir que no hay riesgo de erupciones en la isla? En absoluto. El riesgo existe. Es imposible descartar que la isla entre en erupción por algún punto en el futuro. Puede ocurrir en unos meses o dentro de un siglo, pero ocurrirá. Y es perfectamente probable que no suceda en el Teide o las Cañadas, en el entorno de su cráter.

El último episodio volcánico destructivo ni siquiera lo protagonizó directamente el Teide, sino el volcán de Trevejos o Arenas Negras, sobre Garachico, en 1706. Ocurrió del 5 de mayo al 13 de junio, cuando las coladas destruyeron completamente el puerto de Garachico, que era entonces capital comercial de Tenerife y la segunda ciudad más importante, tras La Laguna. La Villa pasó de 3.000 a 500 habitantes y quedó arrasada, aunque no existe constancia de que se produjera ningún fallecimiento. Nunca se recuperó del todo, hasta 2012 no volvió a recuperar su puerto…

En los dos años anteriores, tuvo lugar un episodio aún más grave, pero menos recordado: la erupción triple que provocó la formación de los volcanes de Siete Fuentes, en Arico, y los volcanes de Fasnia y Arafo, entonces con Güímar un único municipio, en el que se abrió una fractura de más de diez kilómetros de largo. El fenómeno duró casi tres meses, desde el último día de 1704 hasta finales de marzo de 1705, y fue acompañado de terremotos de gran intensidad que se sintieron tanto en Tenerife como en la vecina isla de La Gomera y produjeron graves daños en el valle de La Orotava, Los Realejos, el valle de Güímar y Candelaria. Los sismos destruyeron más de 70 casas, dejaron en ruinas el templo de la Iglesia de la Concepción, y provocaron hasta 16 muertos, la mayor cifra de fallecidos por un volcán en las Islas en tiempo histórico. También murió por culpa del volcán el Obispo de Canarias, Bernardo de Vicuña y Zuazo fallecido el 31 de enero, tras realizar un exorcismo al volcán en Güímar, por creerlo poseído por fuerzas malignas. Los cronistas de la época contaron que murió por el miedo que le produjeron los temblores del volcán “El obispo… …que huyó con el clero de La Orotava, murió de miedo en una choza donde lo habían acogido”. No esta claro si la palmó aterrorizado o bien murió rendido por el agotamiento. Hoy se cree que la segunda hipótesis en la más probable, pero la otra ha prevalecido porque tiene más enjundia: eso demuestra que la Historia –como la política- se construye muchas veces con cuentos.

Han pasado algo más de 300 años desde entonces, y en medio hubo otros sustos, como el del Volcán de Chahorra o Narices del Teide a finales del siglo XVIII o la erupción del Chinyero, en noviembre de 1909, pero hubo suerte y ambos provocaron escasos daños y ninguna víctima.

Cráter del Teide, la parte más joven del volcán

Aun así, el Teide sigue dispuesto a asustarnos: un estudio científico reciente ha revelado la existencia de lo que se ha definido como un “corazón caliente” de magma situado bajo la isla de Tenerife, a unos diez kilómetros de profundidad por debajo del cráter. El estudio, realizado al alimón por la Universidad de Granada, el Involcan y un instituto vulcanológico de Novosibirsk, demuestra lo que podría ser interpretado como el aviso de un próximo proceso eruptivo. Antes de lo de La Palma uno se habría tomado a guasa esta coña del “corazón caliente”, más propia de una novela romántica subida detono que de un informe científico. Pero después de los casi tres meses de destrucción continuada del Tajogaite, mejor no hacer bromas con el asunto. Y menos si resulta que están los rusos por medio.