Antonio Olivera, tomando posesión de su puesto como jefe de Gabinete del ministro Torres
Uffff. Tras la publicación, ayer mismo, de los guasaps de Antonio Olivera a Koldo, informándole de los pagos a la empresa de Aldama y mandándole directamente a Koldo las órdenes de pago –un documento interno de la administración-, la cosa se le está poniendo bastante peluda al ministro Torres. Si alguien se toma la molestia de solicitar que lo investiguen, se verá sin duda en dificultades.
En el PSOE, sin embargo, no creen que eso vaya a ocurrir. Los más cercanos a Torres, los que le han acompañado en sus mejores momentos al frente del Gobierno floral, defienden no sólo la presunción de inocencia –algo razonable y lógico, porque nadie es culpable sin mediar una sentencia- sino la certeza de que el suyo en toda esta historia fue un comportamiento irreprochable, en el que no hay delito alguno.
De momento, aquí no hay –aun- ninguna denuncia por delito. Por lo tanto, sería sensato no poner la venda antes que la herida. Pero plantear que el comportamiento de Torres fue irreprochable porque no se ha podido probar ningún delito, es bastante estúpido. Parece más que obvio que Torres ha mentido ya en varias ocasiones, incluso en sede parlamentaria, y eso –sin ser necesariamente un delito- es bastante reprochable. Si el nuestro no fuera un país de pandereta, Torres habría sido cesado como ministro el mismo día en que se conoció su primera mentira, la de que no había favorecido de en modo alguno a ninguna empresa de las que resultaron adjudicatarias. Por lo pronto, sabemos -por los guasaps intervenidos a Koldo- que gestionó con bastante diligencia el pago rápido a las empresas de Aldama (no hizo lo mismo con el resto, que se sepa), y que ordenó a su jefe de Gabinete, el simpar Olivera, que facilitara a Koldo las órdenes de pago internas a las empresas de Aldama. Si eso no es un trato de favor, que baje Dios y lo vea. Torres ha sido bastante descuidado en todo lo que ha dicho que no ocurrió, y se ha probado que sí ocurrió. No ocurrió que conociera a Díaz Tapia, el empresario que resultó adjudicatario del multimillonario contrato de los PCRs, que-también- dijo que no se había llegado a adjudicar. A pesar de no ponerle cara al mosquetero Tapia, Torres se reunió con él, previa petición de Koldo, en su despacho del Parlamento de Canarias, y unos meses después ese sistema tan bueno para venderle PCRs al Gobierno, estaba operativo para decidir quién podía viajar y quien no, entre las islas y la Península. Es una mentira bastante gorda decir que no conoces a un tipo –“yo no le pongo cara a ese señor”- y luego resultar que le diste cita oficial en tu despacho. Es una mentira gordísima decir –cuando te pillan por mentir en lo de que no te habías reunido con Tapia- decir que si te reuniste con él, pero fue para tratar de otro asunto. Y que luego te vuelvan a pillar. Porque no fue para otro asunto. Fue para lo que Koldo le pidió, faltaría más.
Pero toda la corte torrezna sigue con la cantinela de que Torres es una persona decente y que lo que hizo lo hizo con las mejores intenciones. Con las mejores intenciones, Torres intercambió durante meses mensajes con Koldo, un señor al que al principio se negó a reconocer como alguien realmente próximo, alguien que te llama por tu nombre, siendo tú presidente del Gobierno de Canarias, y él un tiralevitas ministerial. Con las mejores intenciones, Torres hizo gestiones para acelerar una licitación que se investiga hoy como presuntamente corrupta, y que ya fue señalado en su momento como sospechosa. Con las mejores intenciones, Torres mintió en sede parlamentaria para ocultar lo que había hecho para facilitarle los cobros al empresario Aldama. Con las mejores intenciones, el entonces presidente de Canarias informó a Koldo: “estoy con el consejero de Sanidad. Está resuelto”, o “el dinero está en el Tesoro del Gobierno…”
Con la mejor de las intenciones, Torres le pidió a Olivera que le mandara a Koldo las ordenes de pago para que ambos pudieran dormir tranquilos. Ya se sabe que “el que paga descansa, pero el que cobra, aún más”. Si el refranero es cierto, no vendrá mal una explicación a esa frase críptica de Koldo a Torres: “yo ya sé que tú casi lo deseas más que yo”. Porque solo el que cobra descansa más que el que paga.
La gente de Torres puede decir lo que quiera sobre las intenciones de Torres al actuar como lo hizo, pero hay un contexto que se empeñan en olvidar: las conversaciones de Torres y Koldo no son con gente cualquiera. Se trata de un tipo imputado por cuatro delitos y un ministro al que se ha acusado de querer cobrar 50.000 pavos por arreglarle las cosas a Aldama –como parece que hizo-, hablando de una licitación por la que Aldama se ha autoimputado.
No hay delito (aún no lo hay), pero no me negarán que el contexto tiene su peso. En el contexto suele estar la clave: por un contexto diferente a éste, Torres se mantiene de ministro. Están dejando que se achicharre a fuego lento. Sustituye a Ábalos como nuevo cortafuegos.














