Disparar con pólvora ajena

por | 23 noviembre, 2023 | A babor

Los diputados guardan un minuto de silencio antes de suspenderse el pleno

El Parlamento de Canarias rematará hoy el pleno que interrumpió el pasado martes por la muerte de Saavedra. La verdad es que no consigo entender que el Parlamento convierta el sentimiento de luto por la pérdida del primer presidente de Canarias en unas minivacaciones para Sus Señorías, con todo pagado.  Me han contado que la decisión, acordada por la Mesa fue a solicitud de los diputados que querían asistir a las exequias del que fuera durante tantos años su líder. Asistir cómodamente, sería más apropiado decir, porque el pleno podría haberse acelerado para liquidarlo en un día –se ha hecho en otras ocasiones- y los diputados interesados haber salido para Las Palmas con tiempo de despedirse de Saavedra.

Ustedes dirán que por qué me pongo impertinente con este asunto: lo hago porque la interrupción del pleno nos cuesta a todos los canarios un montón de dinero. Hemos tenido que costear a los diputados que no residen en Tenerife un inútil viaje de ida y vuelta, y además pagarles dieta por asistencia a la sesión de hoy. La suspensión del pleno el martes implica en la práctica multiplicar sin necesidad alguna los gastos que supone celebrarlo, para que una parte de Sus Señorías no tengan que hacer el esfuerzo de levantarse demasiado temprano. Ocurre que cada vez es más frecuente que aceptemos como si fuera inevitable que quienes nos gobiernan se permitan tirar del erario público como si fuera de ellos. Es fácil gastar la pólvora del rey, pero poco ejemplar: para los ciudadanos corrientes y molientes que apreciaban o admiraban a Saavedra, acudir a sus honras fúnebres es una decisión que comporta un gasto económico y de tiempo de trabajo. Para los diputados que han decidido ir –y les garantizo que no han sido ni por asomo los setenta miembros del Parlamento- no sólo no supone gasto alguno –todos sus desplazamientos los cubre el presupuesto- es que además supone que los setenta -todos, hayan ido o no a despedirse de Saavedra- cobrarán el doble. Creo que se trata de una de esas pequeñas desvergüenzas, esas canonjías que suelen pasar desapercibidas, que hacen que cada día la gente esté más hasta el moño de los abusos y la falsa e impostada afectación de nuestros dignos próceres y próceras.

Alguien debería preguntar cuanto nos ha costado esta broma, pero a ojo de buen cubero, sólo en pagar indemnizaciones, cada día de sesión plenaria sale por alrededor de 7.000 euros. A eso habría que añadir los 4.000 euros der salario base de cualquier diputado de la cámara (en realidad 3.975, no vaya a ser que me tilden de exagerado), con dos medias pagas en junio y diciembre, más una serie de complementos mensuales que van desde los 524 euros de un portavoz suplente a los 2.240 de la presidenta de la Cámara, que además cobra una indemnización –todos los días que trabaja- de 180 euros diarios por sus “responsabilidades de Gobierno y gestión permanente al frente de la Cámara”.   

Nos dirán que, en el presupuesto de 11.000 millones de la región se trata, sin duda, del chocolate del loro. Como el cambio de los sillones, que también era el chocolate del loro, las sucesivas ampliaciones del Parlamento de Canarias, que en 40 años ya ha anexado cinco edificios, más que triplicando lo que era el espacio inicial de la que fuera la antigua Sociedad Musical Santa Cecilia primero, y después sede de la Audiencia. El nuestro es el Parlamento de la segunda región más pobre de España, pero ha apuntalado con la reforma del Estatuto una vergonzosa e inútil modificación de la representación electoral que no modifica nada, pero aumenta el número de diputados desde los sesenta a los setenta, después de comprometerse los promotores de la ampliación a una falsedad como una casa, que fue la de que eso no costaría ni un euro más, porque se reducirían otras partidas.

¿Ni un euro más? Hagamos cuentas: el presupuesto del Parlamento regional ha crecido desde algo menos de 27 millones de euros en 2018 –el último ejercicio con sesenta diputados- a los 38 millones y medio del ejercicio 2024. Desde el último presupuesto con sesenta diputados al último con 70, el Parlamento ha aumentado casi en un tercio sus gastos. Eso ha permitido, por ejemplo, crear Grupos Parlamentarios de sólo tres diputados, la condición que exigió Curbelo para apoyar el Pacto de las Flores, o gastarse los cuartos en sillones de piel ultraconfort, crear una televisión propia y ampliar las instalaciones adquiriendo y reformando las antiguas oficinas de Telefónica en la calle Teobaldo Power.

Vaya indigestión de chocolate tiene este loro.

Y encima tienen el descaro de cogerse todos vacaciones pagadas, para que unos cuantos no tengan que madrugar por ir al entierro.