De la liturgia al récord  

por | 10 agosto, 2023 | A babor

Como era de esperar, el PP anunció ayer su intención de iniciar inmediatamente negociaciones con Coalición Canaria para la investidura de Feijóo. En estos momentos, los apoyos ya cerrados del PP y PSOE están empatados a 171 diputados, cinco menos de los necesarios para superar la investidura en primera votación. El voto de la diputada Cristina Valido será el voto 172 que podría resolver la investidura de uno de los dos candidatos. Si Junts decide abstenerse en ambos casos, Coalición votará con el PP, y sí se abstiene en la votación de Sánchez y vota en contra de la de Feijóo, Coalición votará con Sánchez. Si vota en contra de los dos candidatos, entonces habrá necesariamente nuevas elecciones. Una de esas opciones es la que sin duda ocurrirá, porque parece muy poco probable que Junts vote a favor de Sánchez, entre otras cosas porque no es necesario que lo haga para que Sánchez resulte elegido. Bastaría con votar contra Feijóo, y dejar a Coalición cambiar el sentido de su voto “para evitar nuevas elecciones”.

Esa es la matemática de la investidura, las cuentas previsibles, pero luego está la liturgia parlamentaria, algo más complicada. Y ahí juega un papel clave una decisión que debe ser necesariamente neutral, pero que puede ser determinante: la propuesta de candidato que realice el rey. Que proponga a Feijóo o Sánchez como primera opción puede tener consecuencias. Probablemente al PP le convendría que proponga primero a Sánchez. Porque entonces veríamos una primera votación frustrada, y en la segunda –si Junts no vota a favor- la investidura dependería del voto de Coalición. Si la investidura que se discute primero es la Sánchez, cabe la remota posibilidad de que Coalición decidiera esperar a ver qué pasa la segunda. Y eso abriría el melón: los vascos también se lo pensarían dos veces con Sánchez fuera.

Pero es poco probable que el rey proponga a Sánchez en primera instancia: su decisión tiene que ver con la información que reciba, y es probable que Junts no informe al rey, con lo que este tendría que optar por la suma que surja de los datos recibidos en sus consultas. Aquí no vale guiarse por lo que digan El País o El Mundo. Si hay un voto más para el PP, el rey propondrá al PP para la investidura, y es poco probable que en ese caso Feijóo lo logre en ninguna de las dos votaciones, porque Junts querrá demostrar que condiciona el Gobierno del país. En una segunda vuelta, el rey pediría a Sánchez intentarlo. Para entonces, la derrota de Feijóo habría liberado a Coalición Canaria de sus compromisos: si no sale uno, pues votamos por el otro, y aquí paz y en el cielo gloria. Sánchez saldría en segunda vuelta con 172 votos a favor, 171 en contra, la abstención de Junts, y la certeza de que el socialista nació con una flor bien metida en el trasero.

La liturgia es importante, tiene su aquél, pero pasada la investidura –salga quien salga- dará comienzo el verdadero calvario: toca gobernar un país con 172 votos a favor y 178 en contra, al menos  una gran parte de las veces.

Si al final suena la flauta (por casualidad) y es Feijóo quien gobierna, mandar le resultaría probablemente más fácil: Vox no ha puesto condiciones (aunque dará la lata) y a Coalición se la compra con unos cientos de millones de euros en convenios y algo de buenos modales. Además, el Senado es de mayoría PP y no habrá molestos retrasos ni bloqueos.

Si manda de nuevo Sánchez tendrá que enfrentarse al imposible cumplimiento de las condiciones independentistas, al bloqueo sistemático de todas sus leyes por el Senado –eso retrasará la acción legislativa-  y sobre todo al creciente nerviosismo de su vice Yolanda intentando disimular la cantada descomposición de su tinglado, al pulso entre Podemos y Sumar, a la venganza de Pablo Iglesias (llegará, aunque no con cinco diputados, verán que algun@ se le raja) a la presión de Compromís, los del Común y los espontáneos, que en la extrema izquierda surgen en cuanto hay lío. Para Sánchez gobernar en esas condiciones no sería fácil, ni vistoso, ni agradecido.

Por eso, si finalmente se cumplen los pronósticos más extendidos y Sánchez revalida la Presidencia, será esta cuarta legislatura suya no tan corta como la primera o la segunda, pero sí más que la tercera. Y es que conviene recordar que este hombre ha sido presidente ya en tres legislaturas: la primera por censura, estuvo menos de un año, la segunda, fallida, medio año, la tercera, tres años y medio. Si no logra ser presidente del Gobierno y hay nuevas elecciones, habrá encadenado cuatro legislaturas como presidente en cuatro años. No es una mala media, desde luego. Más bien un récord de estabilidad insuperable.