Cañonear a una mosca (y no darle)

por | 03 julio, 2023 | A babor

Los partidos que apoyan los gobiernos de izquierda de este país se pasaron la pasada campaña insistiendo en hacernos ver que esosgobiernos (la mayoría de ellos aún en funciones) han sido de los más eficientes de la historia patria (con perdón). No es verdad, aunque no creo que en esta ocasión el objetivo de los propagandistas gubernamentales fuera el de engañarnos: en realidad, lo que ocurre es que se les entrena y paga para construir relatos, no para usar correctamente el lenguaje, y usaron indiscriminadamente los términos eficaz, eficiente y efectivo, que significan cosas no exactamente iguales: la eficacia, por ejemplo, consiste en ser capaz de producir el efecto deseado, mientras la eficiencia es lograr un objetivo con el mínimo posible de recursos, y la efectividad consiste en conseguir el equilibrio entre eficacia y eficiencia. Es decir: somos efectivos, o actuamos efectivamente, cuando logramos ser eficaces y eficientes al mismo tiempo. En filosofía se suele recurrir a un ejemplo muy ilustrativo, aunque algo exagerado, que es el de matar una mosca a cañonazos: sin duda, se trata de un mecanismo bastante eficaz, es poco probable que una mosca sobreviva si le cae un obús encima, pero resulta muy poco eficiente, porque se utilizan recursos innecesarios para lo que se pretende conseguir. Para matar una mosca sería mejor utilizar un matamoscas, o rociarla con insecticida. Aparte de ser métodos eficaces –liquidan a la mosca- también son eficientes –lo hacen con un esfuerzo razonable-, y por lo tanto, al cumplir ambas condiciones, son también métodos efectivos. La efectividad es lo deseable, y se produce cuando se consigue el efecto o el objetivo previsto, en el menor tiempo posible y gastando la menor cantidad de recursos. Quizá esta sencilla explicación debiera ser la primera que reciba todo aquel que quiera dedicarse a lo público, a resolver con eficacia los problemas de los ciudadanos.

​La política promete siempre eficiencia y efectividad, y en el mejor de los casos nos ofrece efectividad. Yolanda Díaz ofrece en esta campaña regalar 20.000 euros a cada joven que cumpla 18 años, para que pueda organizar su vida, como si hubiera recibido una herencia, y dedicar ese dinero a estudiar, pagar a entrada de una choza, o instalarse como autónomo. Puede ser una medida muy eficaz (sobre todo para conseguir que los jóvenes voten a quien la propone) pero parece muy poco eficiente. Eficiente, efectivo y quizá hasta progresista, serían medidas como becar a los jóvenes que lo precisen, ayudarles a afrontar un alquiler social, o facilitar su incorporación al mundo del trabajo o la empresa. No parece eficiente que se destinen recursos públicos a soltarle 20.000 pavos al hijo de un banquero, al que su padre le acaba de regalar un coche de 40.000 al cumplir los 18. 

​Eficiencia y efectividad son algo diferente a despilfarro. En política, suele tener que ver con la capacidad de gestionar aquello de lo que se dispone, y no siempre ocurre así, más allá de los discursos. Por ejemplo, el Gobierno regional acordó en su última sesión, el pasado jueves, devolver al Gobierno central 6,6 millones de euros. El total de lo que se va a devolver, es la suma de fondos no ejecutados en tiempo y forma por el Gobierno de Canarias, y de intereses de demora que hay que pagar. Son cuartos recibidos de Madrid y que el Gobierno de Canarias no fue capaz de gastar. Parte proceden de un convenio de colaboración con el Ministerio de Ciencia e Innovación, para los Parques Tecnológicos de Canarias, y otra parte son de aquél famoso acuerdo del que tanto ha presumido el presidente Torres, suscrito por su Gobierno con Turismo, para hacer frente a los efectos en Canarias de la quiebra del turoperador Thomas Cook en 2019.

La pregunta que hay que hacerse: tener que devolver lo que te ha entregado Madrid, porque has sido incapaz de gastarlo, y tener además que pagar intereses por disponer de ese dinero durante años sin ser capaz de utilizarlo… ¿Qué es?  ¿Eficaz? ¿Eficiente? ¿Efectivo? Yo creo que es una vergüenza. Una vergüenza bastante difícil de encajar en el reiterado relato propagandístico de la enorme eficiencia de este Gobierno que ya se va.