Pedro Sánchez, ayer en la SER
Sánchez reapareció ayer después de un mes de ausencia pública para dejar claras dos cosas: la primera, que el Gobierno no sabe qué es lo que pasó en Ceuta, aunque en este mes el PSOE haya señalado como responsables de lo ocurrido primero al Supremo, y luego a las mafias y sus bulos, propagados en las redes sociales por la internacional ultraderechista. Sánchez incluyo ayer a Rusia e Israel en la lista, aunque no aportó indicio o prueba alguna sobre su participación en organizar el sarao. Le faltó citar a Elon Musk, también señalado en las redes del PSOE.
La otra cosa que tiene perfectamente claro Sánchez es que Marruecos no tuvo nada que ver en lo que ocurrió. Eso parece una contradicción, pero es exactamente lo que dijo en su comparecencia ante los medios. Admitió que no existe “conocimiento exacto” sobre el origen de la avalancha, pero también aseguró que ningún informe “alumbra duda alguna” sobre la participación de las autoridades marroquíes. Sánchez no sabe qué pasó, pero fuera lo que fuera, lo que si sabe es que Marruecos no ha sido.
La exculpación de Marruecos no es resultado de una investigación realizada por la inteligencia del Estado, sino de una necesidad política. España necesita que Rabat acepte el regreso de quienes permanecen en Ceuta y Sánchez teme que señalar al responsable dificulte las devoluciones, porque sin confianza y cooperación la crisis se agravaría. Traducido: no se debe acusar a Marruecos porque dependemos de Marruecos para resolver el problema que Marruecos ha creado. Pero una cosa es ser discreto al señalar a Marruecos –en política a veces toca hacer cosas así- y otra muy distinta la violenta exculpación de cualquier responsabilidad en la que se ha empeñado Sánchez, como si le fuera en ello la vida. Es complicado obligar a la gente a comulgar con ruedas de molino.
Hace justo un mes, Sánchez se pasó por Ceuta y prometió agilizar las repatriaciones, despidiéndose de los ceutís con un compromiso tranquilizador: “Nos hacemos cargo de la situación”, dijo. Después permaneció un mes, recomendando lecturas y canciones en TilTok, mientras la ciudad colapsaba, miles de personas se apalizaban en las calles y su Gobierno se contradecía públicamente sobre casi todo. Ahora Sánchez evita hablar de la agresión a la integridad territorial, porque aquella pinturera definición patriótica conduce a una pregunta que no sabe cómo contestar: si España fue agredida, ¿quién fue el agresor? Sánchez ofrece como alternativa los bulos. España fue agredida por culpa de los bulos. Podrá convencer a los suyos de que los bulos transportaron a decenas de miles de personas hasta Castillejos, retiraron a los policías marroquíes, abrieron los controles y permitieron que una multitud atraviese una de las fronteras más vigiladas de África. Pero la mayoría de la gente no se va a tragar el bulo de los bulos.
La reaparición presidencial tampoco ha servido para ordenar el desconcierto de su propio gobierno: Margarita Robles sostiene que el CNI había advertido de la presión creciente sobre la frontera. Marlaska negó primero e forma tajante la existencia de avisos, para luego admitir “informes de situación”, que no anticipaban la magnitud de la avalancha. Sánchez negó ayer contradicción entre sus ministros. Se trata solo de una falta de sintonía semántica: hubo informes, pero no alertas suficientes. El Gobierno no rectifica sus versiones; las amontona.
Sánchez contribuye a las contradicciones. No se lee ni sus propios argumentarios: descartó cualquier trasladado temporal a la Península de personas llegadas a Ceuta en la avalancha de finales de Julio. Su ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, ha exigido que los menores sean trasladados porque Ceuta no puede atenderlos. Sánchez descarta esos traslados. Rego denuncia que Marruecos no ha respondido a seiscientos expedientes enviados antes de la avalancha para identificar a las familias de menores acogidos en España: “la respuesta ha sido el silencio”, afirmó. Mientras el presidente elogia la cooperación ejemplar de Rabat, una ministra suya describe meses de absoluta falta de colaboración.
Es una buena imagen de un Gobierno en descomposición, sin una versión compartida sobre cómo proceder en esta crisis de Estado. Defensa dice una cosa; Interior, otra. Infancia propone trasladar menores; el presidente lo rechaza. Albares señala a los bulos; Robles apunta a Marruecos. Y Sánchez regresa para establecer como verdad oficial que nadie sabe exactamente qué sucedió, y que acusar a Rabat es “grave, peligroso y gratuito”. Tiene razón en que es peligroso. Para él, desde luego.














