Ruinas del que fuera el gran Foro de Roma
El sondeo de Sigma Dos para El Mundo publicado ayer no anuncia simplemente una derrota del PSOE. Describe el derrumbe de sistema político construido por Sánchez y la desaparición de la izquierda como alternativa de gobierno. El PP obtendría el 32,8 por ciento y entre 138 y 143 diputados; Vox, con el 17,3 por ciento, alcanzaría entre 58 y 61. Juntos superarían por primera vez el 50 por ciento de los votos y sumarían entre 196 y 204 escaños: una mayoría absolutamente aplastante, y un cambio en la sociología electoral de este país que podrías durar una década.
El PSOE caería al 26,1 por ciento, 5,6 puntos menos que en 2023, perdería cerca de 1,4 millones de votos y conservaría entre 104 y 109 diputados. Sumar pasaría de 31 escaños a once o doce y Podemos se quedaría con un solitario representante. Toda la izquierda estatal reuniría entre 116 y 122 parlamentarios, alrededor de ochenta menos que PP y Vox. Y ni siquiera recuperando a todos los socios de la investidura -incluido un Junts que ya no está ni se le espera- se acercaría Sánchez a la posibilidad de gobernar. Es el resultado de las estrategias frentistas que han envenenado a la izquierda. ¿Querían polarización? Dos tazas.
Pero el dato más desolador es territorial. El PSOE solo sería la fuerza más votada en cinco circunscripciones: las cuatro provincias catalanas y Navarra. En el resto de España desaparece el rojo del mapa, salvo algunos empates. En Madrid, Vox igualaría a los socialistas. En Santa Cruz de Tenerife, el PSOE perdería un diputado y Vox entraría; en Las Palmas, Sumar desaparecería y Vox duplicaría su representación. El partido que vertebró España desde la Transición ha sido diezmado y reducido a resistir donde más depende de fuerzas que rechazan ser parte de España.

Una encuesta no es una sentencia. Esta, además, se realizó entre el 6 y el 20 de julio, antes de la crisis de Ceuta. Aún así, no estamos ante una fotografía extravagante, sino ante la confirmación de una tendencia. Solo el 66,3 por ciento de quienes votaron al PSOE en 2023 repetiría su voto. Más de 800.000 votantes socialistas se desplazarían al PP o a Vox. La sangría ya no se produce únicamente hacia la abstención o hacia otra izquierda: cruza la frontera entre bloques. La explicación de ese fenómeno no está solo en la corrupción, los casos judiciales, el desgaste del Gobierno o la ausencia de Presupuestos. Sánchez ha sometido al PSOE a un cesarismo implacable: el partido ha dejado de ser una organización con criterio, discusión y capacidad para corregir a su secretario general. Ferraz, el grupo parlamentario y el Consejo de Ministros funcionan básicamente como líneas de defensa del líder. Cada contradicción se justifica y cada rectificación se presenta como coherencia.
El cesarismo ofrece ventajas mientras César gana. Permite imponer disciplina, neutralizar discrepancias y convertir cualquier crítica interna en traición. Pero cuando el liderazgo comienza a deteriorarse, deja detrás un partido sin mecanismos de relevo, sin voces autónomas y sin una explicación política distinta a la supervivencia del jefe. Sánchez no ha construido un sucesor ni ha permitido que aparezca. Ha quemado candidatos, subordinado territorios y sustituido el método socialdemócrata por una sucesión de decisiones tácticas, destinadas únicamente a conservar su evanescente mayoría parlamentaria durante una semana más.
El daño alcanza al conjunto de la izquierda. Sumar fue incorporado al Gobierno como complemento del dispositivo presidencial. Podemos fue expulsado, y convirtió su resentimiento en estrategia. Entre ambos han terminado disputándose las migajas de un espacio que pierde representación en casi todas las provincias medianas. La fragmentación hace el resto: con un 10,4 por ciento entre Sumar y Podemos, obtendrían apenas doce o trece escaños, mientras Vox transforma el 17,3 por ciento en cerca de sesenta.
El sanchismo insiste en que todavía puede movilizar el miedo a Vox y reproducir el milagro de 2023. Es poco probable: un partido que fía su salvación a que el adversario resulte más inquietante que él renuncia a seducir, a convencer. El sondeo no dice solo que Sánchez perderá las elecciones, como ya ocurrió en 2023, aunque logró algo parecido a una presidencia sin capacidad real de gobierno. El sondeo adelanta que Sánchez destruye el poder territorial del PSOE, deja a la izquierda sin proyecto y a España con la mayoría de derechas más amplia de la democracia. César quizá resista hasta el último día, pero la cuestión –para los suyos y para la izquierda española- es cuanto se tardaré en reconstruir las ruinas que queden en pie cuando Sánchez se tenga que ir.














