El emérito García, administrador de prestigios y cazador de gordos
El vulcanólogo Nemesio Pérez es una eminencia en su disciplina. Eso lo sabe todo el mundo, menos el profesor García. Nemesio es además un tipo decente y amigable que nos ha enseñado mucho sobre los secretos y misterios del volcán. Al menos dos generaciones de canarios saben de qué va esto de los volcanes gracias a la vocación y dedicación pedagógica de Nemesio. Cuando hace tres años se lio en Cumbre Vieja, su voz autorizada nos recordó que una catástrofe volcánica no es ni tiene porque ser el fin del mundo. Ayudo a tranquilizar a miles de personas aterradas, con explicaciones sencillas y comprensibles y sin ocultar la importancia de lo que estaba ocurriendo. Jamás le he escuchado meter miedo a la gente, abusar de sus conocimientos, o alardear de que él sabe cosas que los demás ignoramos. Es un magnífico divulgador y un hombre comprometido con su profesión y con Canarias, donde ha desempeñado casi toda su carrera.
El jueves pasado quiso Nemesio desmontar la preocupación existente por los últimos terremotos y por el ensanchamiento o abombamiento detectado en algunas zonas del Teide, y dijo muy sensatamente exactamente lo que dijo: que vivimos donde vivimos y tenemos que aprender cómo funcionan los volcanes, que es poco probable que tengamos en Tenerife en próximas fechas algo parecido a lo que ocurrió en La Palma, pero que los volcanes no son predecibles con garantías. El Teide es un volcán vivo y activo, y más tarde o más temprano acabará por darnos un susto, porque los volcanes en activo –todos- se desmelenan más tarde o más temprano. El Teide lleva relajado más de un siglo: la última erupción volcánica ocurrida en Tenerife se produjo el 18 de noviembre de 1909 en el volcán Chinyero, afectando a los municipios de Santiago del Teide, El Tanque y Garachico. Antes de eso, en tiempos históricos, y por lo tanto con constancia forme, Tenerife ha sufrido varias erupciones, como la de Boca Cangrejo –en 1492-, que fue presenciada por Colón cuando bordeaba el Sur de la isla con destino a América. También hay constancia de las erupciones de los años 1704 y1705, que tuvieron tres focos: Siete Fuentes, el volcán de Fasnia y el de las Arenas. En 1706, a apenas ocho kilómetros de Garachico, se produjo la Erupción de Trevejo, que arrasó la villa y cambió el desarrollo de la comarca norte y las comunicaciones con La Palma. Fue una colada catastrófica, que destruyó viviendas y el puerto y arruinó a miles de personas. Pero –al contrario de lo que comúnmente se cree- no produjo ninguna víctima mortal. En tiempos de los que hay noticia, El Teide se ha portado razonablemente bien con los tinerfeños: cada cien años, aproximadamente, se despierta, como hizo en 1798 en de Chahorra. La erupción reventó por el Pico Viejo y duró desde el 9 de junio hasta el 8 de septiembre. Tampoco provocó víctimas mortales. Cualquier persona interesada e la historia de los volcanes de Canarias, sabe que el Tenerife ha sido benévolo con los tinerfeños. Y ojalá siga ocurriendo así. Si despierta, no tiene por qué darnos un susto mortal o ser tan destructivo como el Tajogaite que arraso el Valle de Aridane, aunque eso no lo puede garantizar nadie.
Y menos que nadie un científico. Nemesio esta ahora de actualidad, porque el profesor García, haciendo honor a lo que es costumbre en él, ha decidido ponerse a administrar prestigios –una de sus aficiones confesas- y refiriéndose a Nemesio, ha dicho en sus redes -con esa superioridad híbrida de desdén y chulería que le define-, que “hay un gordo empeñado en reventar el volcán para asegurarse su puesto de funcionario”. No creo yo que uno de nuestros más reconocidos científicos necesite -para nada- defender su carrera, que es lo que sospecho ha molestado al vulcanólogo y no que el ex diputado García lo llame gordo. Nemesio está gordo, como lo estoy yo, y como lo estamos la mitad de las personas de nuestra edad, después de años de comer más de lo necesario y conveniente: gordos por ingesta, calvos por edad y con reuma por hacer poco deporte. Pero es mejor estar así, cochafiscados y poco presentables, que vivir instalados en la amargura y el resentimiento por haber dejado de pintar una mísera higa en el patio de Monipodio de nuestra política local; por no ser ya el enfant terrible y díscolo de la Universidad lagunera; el guardián de las esencias nacionalistas que jamás quiso presentarse por el PNC a unas elecciones; el Premio Canarias negociado a pulso; el tipo que aceptaba presentar libros de sus colegas para luego poner a parir al autor, y después presumir de independencia crítica; el administrador de prestigios con licencia para matar; el lenguaraz malcriado que se cree con derecho a dar lecciones a todo el mundo. Cuando él no aprendió nunca una lección conveniente, que es la de tratar a los demás con una pizca de respeto, con un poco de educación. Gordo y calvo no está el émerito García, pero el tipo es un amargado.














