Ángel Víctor Torres durante su comparecencia en la Comisión de Investigación del Senado
Ángel Víctor Torres volvió a alterarse ayer. Él, que es un hombre tranquilo como el John Wayne de vuelta a Innisfree en la peli de Ford, se enerva cada vez que le acusan de algo que tenga que ver con Koldo. Y con más razón ahora, porque el PP le citó a declarar en la Comisión de investigación del Senado, justo antes del congreso regional del PSOE de este fin de semana, en el que va a volver a ser entronizado por los suyos como secretario general del partido. Torres tiene razón en alterarse, porque está muy mal que los de otros partidos recurran a tal bajeza, cuando uno se presenta a un proceso electoral, aunque sea interno y sin primarias. A los suyos jamás se les habría ocurrido hacerle un feo a alguien antes de unas elecciones. Lo que le hizo hace seis años Santiago Pérez a Fernando Clavijo a cuenta de los casos laguneros –Grúas y Reparos-, no pretendía perjudicar a un candidato en pleno periodo electoral con la aviesa intención de mancillar su nombre o reducir sus posibilidades en las urnas. Si hubiera sido así, en el PSOE nunca habrían premiado a Pérez con un efímero escaño en el Senado.
Torres negó categóricamente haberle pedido a Koldo 50.000 pavos, negó las visitas a pisos con o sin señoritas, negó haber tenido trato con Aldama y exigió disculpas. Las mismas disculpas que el personal le debe al fiscal Ortiz por borrar su móvil…
Está bien que Torres pida disculpas, de la misma forma que él las ha ofrecido por negar conocer a García Tapia, ese señor al que no le ponía cara tras pedírselo Koldo y reunirse con él en su despacho para hablar de un proyecto muy interesante para Canarias, que consistía en comprar PCRs a una única empresa –de la trama Aldama-, para poder volar a Canarias. Torres hace bien en exigir públicas disculpas de los senadores del PP, las mismas que él ha dado a sus votantes y público en general, tras negar por activa y por pasiva cualquier relación con Koldo, y tras desmentir haber intercedido para acelerar pagos a cualquier empresa (para favorecerla, creo que dijo). Torres tiene toda la razón del mundo al negar su relación con Koldo, porque los mensajes suyos encontrados en el teléfono de Koldo no demuestran nada, y mucho menos que eso sea una relación, digamos fluida. Lo único que demuestran los mensajes y las fotos de La Palma (en las que Koldo y él se saludan efusiva y cercanamente), es que Torres es una persona muy afectuosa y muy tranquila, como todo el mundo sabe. Es falso que los mensajes en los que Koldo le pide, le insiste y le reitera que el Gobierno pague lo que debe a Aldama, o le aconseja contratar PCRs con una empresa recomendada por el Ministerio, o le comenta que ya ha hablado con Antonio Olivera, denoten algo remotamente parecido a fluidez. Se trata sólo de la campechanía que define a un político tranquilo y seguro de sí mismo, a un presidente del Gobierno que está tan preocupado de que Aldama no cobre lo que le falta, que puede llegar a sufrir insomnio, un insomnio que sólo se cura tras pagar. Nota aparte: es curiosa la manía de los sanchistas, con el propio Sánchez el primero, de estar convencidos de que no dormirán bien si pactan con quien no deben o se retrasan los pagos. Debe ser un signo distintivo del político progresista, esto de desvelarse por asuntos que luego no tienen la mayor importancia. A las pruebas me remito: Sánchez siguió durmiendo a pierna suelta tras pactar con Iglesias, y no se conoce que Torres haya variado su consumo de somníferos tras lograr que su administración cumpliera en tiempo y forma con los pagos.
Pero no nos desviemos. A mí lo que me fascina de este asunto es que Torres –profesor de Literatura en Secundaria- haya sido capaz de elaborar una mecánica de fluidos propia, que deja en pañales las teorías previas de alguien tan reconocido como el sabio que grito ¡eureka! en su bañera. Ocurrió en la Siracusa de siglo III antes de la era, cuando Arquímedes formuló los principios que están en el origen de la estática de los fluidos, reconocida hoy por su principio epónimo.
Es cierto que los descubrimientos de Arquímedes no resuelvan todas las dudas que plantea la teoría esbozada por Torres sobre cómo se determina la fluidez de las relaciones. Para acercarse a una interpretación más contundente sobre las interacciones de Torres y Koldo, tenemos a Herón de Alejandría, quien -doscientos años después de Arquímedes- continuó su trabajo sobre la estática de fluidos.
El descubrió que la presión y el caudal lo explican todo. Porque una de dos: lo de Torres se entiende sólo por presión del ministerio (malo) o por los caudales de Aldama (peor).
Es una lástima que los senadores del PP no sepan absolutamente nada de física.














