El PP anunció el sábado su decisión de no continuar con las negociaciones para el reparto de menores no acompañados hasta que el PSOE solicite a Europa una mayor colaboración en este asunto: ayuda económica para hacer frente a la inmigración irregular, el despliegue del Frontex y de la Oficina Europea de Asilo, y –sobre todo-la derivación de menores no acompañados a países de la Unión, de acuerdo con la oferta planteada por Úrsula von der Leyen el fin de semana, en respuesta a una carta de la portavoz del PP en el Congreso, Dolors Monserrat. En el mismo momento en que se planteó esa oferta, el ministro Torres alegó que el mecanismo propuesto por la presidenta de la comisión además de ser lento y estar restringido a los solicitantes de asilo, no será obligatorio en Europa hasta 2026. Esa es una verdad muy mentirosa, muy del estilo de las cosas que a veces se escuchan decir en el debate público español. Von der Leyen dejó perfectamente claro en su propuesta de colaboración al Gobierno de España que lo que ofrecía era interceder con otros países para –como ya ocurrió en crisis anteriores- aceptaran albergar a jóvenes no acompañados. No se trataba de aplicar solidaridades obligatorias, sino de mediar para la aparición de solidaridades voluntarias. Pero aquí vale todo.
A la torpeza pepera de poner condiciones en la negociación, el PSOE responde con mentiras, en ese ejercicio de instrumentalización de todo con el objetivo de polarizarlo la vida política nacional y que los extremos queden perfectamente definidos: la izquierda progresista y hospitalaria que representa Sánchez y la derecha carca y egoísta que apoya a Feijóo. En ese discurso lleva el PSOE empeñado desde que –en el inicio de la negociación parlamentaria para modificar la ley de Extranjería-, vendió la idea de que el PP prefería aplicar las políticas de Abascal en los territorios para evitar conflictos en las regiones que el PP gobernaba con ellos. No ocurrió así, el centroderecha rompió con Vox en todos los territorios, y ahí sigue, aumentando su diferencia electoral con el PSOE cada vez que a alguien se le ocurre hacer una encueta. El último barómetro 40BD publicado por El País este lunes, refleja una ampliación de la ventaja del PP sobre el PSOE de casi cinco puntos, una tendencia creciente a la bajada del PSOE. -ya por debajo de los 30 puntos- y un estancamiento claro de las otras izquierdas nacionales, Sumar –que pierde la mitad de los votos logrados en las últimas elecciones generales- y Podemos –que no los recupera-.
Si se produjeran elecciones anticipadas, Sánchez necesitaría un milagro para seguir en el poder político, y es eso lo que parece condicionar la creciente crispación en torno al asunto de la inmigración en las que andan instalados los dos grandes partidos nacionales. El PSOE se resiste a ceder ni un ápice de terreno, le resulta más conveniente y rentable incidir en la guerra abierta que buscar el acuerdo, y continúa apostando por una suma de poder modelo frentepopulista, con todas las izquierdas en sintonía, mientras en el PP sueñan despiertos con no necesitar a Vox para descabalgar a Sánchez de Moncloa.
Ambas opciones son básicamente irreales, pero lo que sí parece indicar el latir del corazón nacional, es la cercanía de un cambio de ciclo político. Para frenar la llegada de ese ciclo, el PSOE continúa firmemente instalado en la polarización guerrillera y la el PP responde a ese juego con decisiones tan poco afortunadas como esta exigencia de que Sánchez pida ayuda a Europa si quiere evitar que el PP rompa la carta de la negociación de la Ley de Extranjería.
El PP ha caído en una trampa: Sánchez no dará su brazo a torcer, no pedirá nada a Europa, es más, endurecerá sus posiciones en materia de emigración, se situará en el `punto de partida y volverá a presentar al PP como responsable del bloqueo, cuando el principal favorecido del bloqueo de la negociación de la Ley de Extranjería es precisamente Sánchez.
Mientras esta absurda guerra de posiciones sigue, Clavijo mantiene su vertiginosa agenda personal en busca de soluciones a esta crisis migratoria, y al desbordamiento de los menores, que se ha convertido en el principal foco de actividad de su gestión presidencial. Es difícil entender que lleva a un político profesional de libro, como es Clavijo, a asumir el desgaste personal de un probable fracaso y el abandono de otras políticas también muy necesarias que están siendo postergadas para ocuparse del monotema migratorio. Hace dos décadas observé una transformación muy parecida, la que sufrió el socialista José Segura, entonces responsable de la Delegación del Gobierno español en Canarias. Convivir diariamente con la desesperación y la tragedia, afrontar la imposibilidad de atender a miles de personas necesitadas, enfrentarse al drama diario de la emigración, cambia íntimamente a las personas. A las que tienen entrañas, al menos.














