El escarmiento

por | 16 septiembre, 2024 | A babor

Alfredo Gonçalves (PSOE) y el todavía alcalde de Santa María de Guía, posan con la vara de mando del municipio, tras sellar con la elección de Rodríguez como alcalde, el Gobierno municipal que Gonçalves censurará manana junto a toda la oposición, para ser califa en lugar del califa.

Mañana se vota la moción de censura de Santa María de Guía, presentada por el PSOE contra su aliado de Juntos por Guía-Nueva Canarias, Pedro Rodríguez, con quien hasta hace un par de semanas compartía gobierno en el municipio. El cambio de posición del PSOE ha sido necesario para poder montar un acuerdo de cinco partidos, bastante parecido al que se materializó la moción de censura en Puerto de la Cruz, con el encuentro –suele ser así- de la oposición y el socio. En este caso, el socio se queda con la alcaldía, lo que sin duda es un interesante acicate para activar la censura. Alfredo Gonçalves, que se convertirá en alcalde mañana, ha explicado el cambio de posición del PSOE –negaron previamente estar en la operación de censura- en que se ha producido una falta de confianza en el alcalde, desconfianza que se arrastra desde hace semanas. Es más o menos el mismo argumento que Ángel Víctor Torres condenó de manera absolutamente enérgica cuando le tocó sufrir la censura a su hombre en el Puerto, Marco González, y que ahora ni siquiera se ha molestado en justificar: “Si quieren saber por qué se ha presentado la censura, se lo preguntan al alcalde”, dijo a los periodistas.

La verdad es que a nadie sorprende a estas alturas que lo que se considera un dramático atentado contra la voluntad ciudadana, se transforme en justo lo contrario –un ejercicio de la mejor democracia- cuando cambian las tornas, y son los tuyos quienes van a gobernar. La cosa es que lo de Santa María de Guía ha sorprendido no por el hecho de que se presente la censura básicamente para ser Califa en lugar del Califa por el protocolo del ‘quitate tu pá ponerme yo’–algo demasiado frecuente en nuestras islas- sino porque el alcalde saliente ha acusado a la dirección de Nueva Canarias de estar detrás de la operación para sacarlo de su despacho de edil principal. Pedro Rodríguez ha sido uno de los alcaldes más activos del grupo de independientes que se presentaron con Nueva Canarias y que lidera Teodoro Sosa, partidarios de un cambio en la dirección de Nueva Canarias y de su política de desentendimiento con Coalición. Que nadie de la dirección de Nueva Canarias haya intentado hacer algo para evitar la censura –hablar con el PSOE, partido con el que Nueva Canarias mantiene una relación de seguidismo absoluto, agravada desde que Román Rodríguez se quedó sin escaño y dejó al grupo parlamentario huérfano de estrategias-, resulta sin duda bastante sospechoso, como resulta extraño que ni Carmelo Ramírez ni el propio Román se hayan reunido con el alcalde censurado o hayan intentado hablar con él. Pedro Rodríguez ha asegurado que la única comunicación con la dirección ha sido un guasap de Román diciéndole algo así como que a ver si quedan un día para hablar. Poca cosa parece, aunque también es cierto que las relaciones entre el equipo que aún apoya a Román y los alcaldes independientes no es que sean muy fluidas. Los rumores sobre un futuro acuerdo electoral de los independientes con Onalia Bueno y la decisión de Sosa y los suyos de forzar un congreso extraordinario para cambiar la actual dirección del partido, han abierto una crisis que se agudiza con la sospecha de que Román podría estar detrás de la operación para censurar a Pedro Rodríguez y dar un escarmiento a sus disidentes.

Yo no creo que Román haya movido esta censura. No creo que esté ya para estos trotes. Me parece bastante más probable que se haya desentendido de la posibilidad de pararla, de utilizar sus canales de comunicación con el PSOE para intentar bloquearla o reconducirla. La política municipal funciona con códigos más próximos a los personalismos y los intereses que a la ideología. Pedro Rodríguez llevaba gobernando ya el tiempo suficiente para haberle tocado las narices a casi todo el mundo. Si los dos concejales del PSOE estaban decididos a reventar el acuerdo con la izquierda y hacerse con la alcaldía apoyándose en los enemigos declarados de los cuatro partidos locales de la fachoesfera, eso no iban a poder impedirlo ni Román Rodríguez ni Ángel Víctor Torres, ni el médico chino. Funciona así.

Román quizá debería al menos haber disimulado un poco, pero es que la inacción es más propia de su estilo que la organización de revueltas. Por supuesto, la dirección de Nueva Canarias también ha negado tener nada que ver con la operación de censura de su alcalde y -por supuesto también-, los disidentes mantienen sus sospechas y un enfado creciente con lo que consideran una suerte de castigo, que ha disparado la tensión interna en un partido cuya fuerza electoral la aportan socios que no están afiliados, y que ahora más que antes quieren cobrarse un par de cabezas.

La respuesta a esta censura se materializará probablemente en el Congreso, si finalmente se celebra y los díscolos participan en él. Que ambas cosas están por ver.