Una isla asfixiada

por | 07 noviembre, 2026 | A babor

Ya no quedan muchas palabras para darle más vueltas a lo que sucede. La realidad termina imponiéndose sobre el lenguaje: el Cabildo de El Hierro ha declarado la emergencia social ante la presión migratoria que soporta la isla. Más de 8.000 personas llegadas en cinco semanas, de ellas más de 3.000 en los últimos cinco días. Alpidio Armas se ha sumado a la petición de más medios, más personal y una respuesta coordinada. Lo que viene diciendo, en realidad, es que El Hierro no puede afrontar esta avalancha solo con los medios de que dispone. En el Hirerro todo el muindo es consciente de que no es posible hacer más: la gerente del hospital herreño ha descrito la situación de saturación: los migrantes ingresados, ocupan la mitad de las camas de hospitalización, y se ha tenido que ampliar las Urgencias usando el salón de actos. No estamos ya en la fase de discutir las previsiones o las competencias. El Hierro se enfrenta al límite material de sus posibilidades. Ya no puede ofrecer los servicios públicos que la isla precisa en esta contingencia. ¿Quieren una cifra comparativa?  Es simple: en poco más de un mes, a la isla ha llegado el equivalente a un ochenta por ciento de su población. El mismo porcentaje que entró en Ceuta hace meses. El equivalente a que en Tenerife llegaran en cinco semanas 800.000 emigrantes. Eso es lo que esta sucediendo. Aquí al lado.

La declaración de Alpidio llega justo después de que Clavijo reclamara a Sánchez un plan de contingencia. La respuesta de Moncloa, se limitó enumerar las actuaciones estatales: traslados, vigilancia, cooperación con países africanos, inversiones y proyectos de acogida. No es que se trate de asuntos irrelevantes, pero no responden a la cuestión que obliga a plantear la emergencia: qué recursos se pueden movilizar ahora, quién los aporta y cuándo estarán disponibles.

La relación de lo que el Estado ha hecho hasta el momento nos podría servir para redactar una memoria administrativa. Pero no alivia la situación de un muelle desbordado, no refuerza la atención sanitaria ni contribuye a lograr que puedan descansar quienes llevan días atendiendo llegadas sin pausa. Clavijo pide más gente, más medios, más recursos… Quiere una reunión urgente, un plan con responsabilidades delimitadas y compromisos con plazos. También insiste en que las administraciones deben anticiparse a los cambios en las rutas, en lugar de reaccionar cuando los cayucos alcanzan la costa. Cuesta discutirlo. La ruta atlántica no se ha inventado esta semana, y el Archipiélago lleva años soportando sus consecuencias. La llegada de miles de personas en pocos días no puede ser presentada una y otra vez como si fuera un fenómeno imprevisible. Y eso es lo que hace el Gobierno de la nación cada vez que las llegadas vuelven a intensificarse y a saturar el espacio disponible en El Hierro…

Clavijo ha calificado de dramática la situación, reclamando derivar a parte de las personas llegadas para aliviar la presión sobre la isla. Lo urgente no debería depender de que una llamada entre presidentes consiga convertir en acción lo que ya obvian los datos y los propios servicios de emergencia. Hay quien intenta presentar la situación reduciéndola a un pulso entre gobiernos. No lo es. El presidente del Cabildo herreño es socialista y entiende perfectamente que esto no puede resolverse si el Estado no aporta soluciones y lo hace pronto. La atención a quienes llegan es una obligación humanitaria; la protección de la población residente también lo es. Ambas cosas exigen recursos y una distribución razonable del esfuerzo. Cuando una isla con poco más de diez mil habitantes recibe, llegadas equivalentes a más de la mitad de su población, la dimensión del reto deja de ser una abstracción estadística. Decir eso no es demagogia ni populismo: ya sabemos que no todo el que llega permanece en la isla, pero cada arribada de un nuevo cayuco concentra en un territorio pequeño y limitado las tareas de rescate, identificación, atención sanitaria y acogida.

La carta con la que Sánchez contesta a Clavijo repasa actuaciones estatales, son plantear medidas nuevas. Entre esa carta y la de Clavijo exigiendo soluciones hay una diferencia más allá del tono:  la de Sánchez rinde cuenta de lo que el Estado ha hecho, la de Clavijo reclama una atención y diligencia que no llega. El presidente canario tiene razón cuando asegura que hace falta algo más que hacer balance. Y el Cabildo herreño resuelve las discrepancias en términos que no admiten retórica alguna: se precisan más manos, se requieren más medios y es imprescindible empezar con los traslados lejos del Meridiano.

La emergencia social declarada por el Cabildo ni resuelve la crisis ni asume una responsabilidad que es competencia de instituciones superiores. La declaración de emergencia es una evidente petición de auxilio. El Hierro lleva años colaborando con una respuesta que excede con mucho su dimensión y capacidad. Por eso pide que el Estado y la Unión Europea asuman la parte que les corresponde. No debería ser necesario esperar a que un hospital abra su salón de actos o a que una isla declare que sus recursos están al límite, para que esa petición de auxilio reciba respuesta.