Un apagón de ultraderecha

por | 29 abril, 2025 | A babor

Pedro Sánchez lo tenía clarísimo. Losapagones eran el invento apocalíptico de la derecha y Abascal, la maniobra torticera para meter miedo en el cuerpo a los españolitos.Los apagones son asunto de siglos atrás, sólo aparcan en pelis de catástrofes y series de Movistar sobre futuros distópicos, donde la civilización colapsa. Aquí no pasan ni pueden pasar esas cosas. Aquí tenemos transición energética, resiliencia y planificación. ¿Un kit de emergencia? ¡Por favor! ¿Una radio de pilas? ¡Que cutrez europea! Es mejor bajarse una app.

Aunque algunas veces la realidad no se deja encorsetar por las consignas. Y aquí estamos: España pensando que ha llegado el fin del Mundo, que es Putin y no Sánchez quien controla los enchufes, con la gente rascando el fondo de viejos cajones olvidados, buscando un par de pilas para poner la radio del abuelo. En Canarias, una hora menos, ser excepción también en el sistema eléctrico, nos ha traído la suerte de no quedar completamente a oscuras. Podemos seguir tomándonos a guasa a quienes nos pidieron ser cautos y tener reservas de agua embotellada, linternas, pilas y algo de efectivo. Reírnos de las colas en ferreterías y supermercados que vemos en la tele e internet.

El apagón que jamás iba a ocurrir, esaconspiranoia de cuñados fascistoides, no sólo ha llegado ¡Ha sido monumental! Y aquí no caben resiliencia, planificación, transición energética, ni gaitas. Un fallo en cadena ha sumido regiones enteras en la oscuridad, dejando al descubierto la verdad incómoda de que nuestro sistema eléctrico es frágil, nuestros protocolos de emergencia son un chiste, y nuestra fe ciega en la tecnología digital nos ha dejado mismamente en cueros.

Tertulianos de desprecio fácil, los mismos que se mofaron de la ocurrencia del kit de supervivencia, inventado para meternos en la mentalidad de guerra y el dos por ciento del gasto militar, preguntan ahora con cara de espanto si Amazon o Globo hacen entrega de pilas en menos de una hora. Los influencersque ridiculizaban lo de tener una garrafa de agua en casa, están subiendo vídeos pidiendo a sus followers que no cunda el pánico, mientras en segundo plano se escucha el bip, bip angustioso de una alarma de batería baja. Y los ministros del todo controlado, ahoradiciendo nimiedades inútiles: “se investiga lo ocurrido, “la situación es complicada”. En lenguaje político traducido: “nadie tiene ni idea de cómo resolver esto”. Mejor sería recordar que la energía no se genera con buenas intenciones, ni hashtags, ni palabritas rimbombantes. Hacen falta infraestructuras, mantenimiento e inversiones. Hace falta prever escenarios de crisis sin miedo a que te acusen de propagar bulos. Hace falta asumir la posibilidad de que las cosas salgan mal. Tener eso que los adultos de antes llamaban sentido común. Porque resulta delirante que algunos todavía intenten sostener la narrativa de que la culpa es de factores externos, de los que niegan el cambio climático, o de la derecha ignorante. Es como si quisieran disolver mágicamente la incompetencia propia en una nube de CO₂.

Es cierto que el sistema eléctrico mundial es más vulnerable ante fenómenos extremos, pero también es cierto que llevamos años convirtiendo la gestión energética en un acto de fe ideológica, donde se desprecia a cualquiera que hable de seguridad, redundancia, autonomía o sistemas mixtos. ¡Son cosas de carcas! ¡Lo que hace falta es autosuficiencia solar, democratización energética, metaverso y Smart Cities! Hasta que un fallo una caída de la generación o un conflicto en el transporte- te deja colgado sin batería, sin internet y sin excusas. Sobre todo,sin excusas.

Hasta que vuelva la luz y se imponga de nuevo la gran amnesia colectiva. Se reescribael relato: no fue un apagón, fue una desconexión controlada; no fue imprevisión, fue una respuesta adaptativa a un contexto de estrés estructural. Y si alguien se atreve a recordarlo será inmediatamente tratado como negacionista energético. Los profetas del desastre somos motivo de burla o chivos expiatorios, según sople.

Así que, antes de que vuelva la electricidad, permítanme un consejo gratis: guarden la radio con un par de paquetes de pilas alcalinas de las buenas. Porque si algo nos enseña esta lección de humildad tecnológica, es que nunca sobra un plan B. Reírse de quien se prepara es más fácil que asumir la responsabilidad de no haberlo hecho.

O sea: busquen su radio y cuídenla como a un hijo. Sáquenla a pasear, háblenle con cariño, pónganle nombre. Porque en esta España resiliente, inclusiva y sostenible, donde los apagones son y serán imposiblespor decreto monclovita, el símbolo de estatus ya no va a ser el coche eléctrico en el garaje, sino la humilde radio que hace ¡clic! cuando giras la ruedita. Y no se alteren si ven a algún ministro pidiendo prestada la suya. Al fin y al cabo, también tienen derecho a enterarse aunque sea cinco horas tardede qué diablos es lo que ha ocurrido. Y de por qué la derecha tiene la culpa.