Que Fernando Clavijo se reuniera ayer en Presidencia del Gobierno con su socio Manuel Domínguez, no es una sorpresa. Que en la reunión participaran Rosa Dávila y el consejero Pablo Rodríguez, ambos colegas de partido de Clavijo, tampoco. Tal y como anda el patio, con el país crispado, enfrentado y metido en todas las guerras posibles, lo destacable fue la presencia en la reunión del alcalde de La Laguna, el socialista Luis Yeray Gutiérrez, una excepción en el patio chicharrero: tras una legislatura gobernando con su izquierda, Luis Yeray eligió este periodo de mandato municipal romper con ellos –con la izquierda a la izquierda de su partido-, y elegir como socios a los antiguos adversarios de Coalición Canaria, a los que ganó las elecciones en el predio lagunero dos veces seguidas. La decisión, fue fruto de una reflexión sobre lo que sería mejor para La Laguna en un tiempo de conflictos y batallas sin sentido. Al final, a pesar de alguna oposición interna, impuso su criterio, y lleva ya varios meses de feliz tranquilidad, gobernando son conflictos ni broncas un ayuntamiento pacificado. Fue criticado en su municipio, los radicales le acusaron de traición, pero el tío consiguió montar un consistorio donde ni le chistan los socios de antes, ni le replican los socios de ahora.
Ayer le invitaron a participar en el encuentro montado en Presidencia para afrontar con el Gobierno y el Cabildo uno de los puntos negros del tráfico tinerfeño: las carreteras de acceso a La Laguna por la autopista TF-5, y especialmente la creación del tercer carril que se proyecta entre Guamasa y Los Rodeos, y la circunvalación de la Ciudad de los Adelantados, dos de los proyectos clave para descongestionar la circulación en la TF-5 y evitar que las horas punta sigan siendo el séptimo círculo del infierno de los impacientes. Sesenta millones costará el tercer carril, una mejora que se ha convertido en el mantra que recitan miles de tinerfeños hartos de colas todas las mañanas. Junto a esa obra absolutamente clave, La Laguna ha recibido el compromiso de ejecución del túnel de la Gorgolana, que será licitado por el Cabildo y ejecutado por el Gobierno, y además un conjunto de obras menores en la variante de la TF-5, destinadas a lograr su soterramiento a su paso por el municipio lagunero.
Clavijo, que es también lagunero de pro, insistió durante el encuentro en que las tres administraciones directamente implicadas en resolver el problema del tapón en la TF-5 –el Gobierno regional, el Cabildo y el ayuntamiento de La Laguna-, apuesten por iniciar ya el tercer carril entre Guamasa y el aeropuerto, y tenerlo operativo en 2027, sin olvidar la necesidad de avanzar en la próxima circunvalación del municipio, la obra de mayor envergadura prevista en las inversiones en carretera en Tenerife, con un coste estimado hoy en más de 500 millones, que se realizará con túneles y que –una vez concluida-, permitirá acometer el cierre definitivo del Anillo Insular por el norte.
No es frecuente en la política actual que representantes de tres instituciones y de tres partidos se pongan de acuerdo en un encuentro en el que se va a discutir de inversiones. Lo frecuente hoy suele ser lo contrario. Pero ayer todo fue entendimiento y buenas palabras: el alcalde destacó el compromiso de las instituciones con su municipio y agradeció la aportación de casi dos millones de euros del Gobierno y el Cabildo, para conmemorar el cuarto de siglo que ha pasado desde que La Laguna fue declarada Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. También anunció la entrega al Gobierno, a través del Icavi y Visocan, de todo el suelo de titularidad municipal disponible, para ser utilizado en la construcción de vivienda pública, atendiendo así una de las principales preocupaciones de los ciudadanos.
A veces las cosas pueden hacerse de forma distinta, enterrando el hacha de guerra y colaborando en la gestión y solución de los problemas de la gente. Para muchos, la política es sólo conflicto, pero hay otras formas de hacer las cosas, un camino entre la apatía y la bronca, que consiste en no convertir al adversario político en enemigo, en tender la mano y mantener la buena crianza y la educación en el trato con el que ve las cosas de otra manera. Mantenerse en el formato de la concordia, el respeto y el compromiso, siguiendo el modelo que implantó la Constitución del 78. Millones de españoles se ponen de acuerdo todos los días para resolver situaciones complejas, incluso delicadas. No tiene sentido que las diferencias ideológicas o las consignas políticas se conviertan en un lastre, en un mecanismo para emborronar soluciones. Faltan más de dos años para las elecciones regionales y locales: no es de recibo que se desperdicie ese tiempo en refriegas inútiles, cuando hay posibilidades de avanzar, hacer las cosas bien, colaborar y entenderse como hicieron ayer dos laguneros y la gente que andaba con ellos. Una tercera vía es posible. Tanto o más como necesario es ya el tercer carril.














