Después de los últimos patinazos demoscópicos, incluyendo los que dejaron en pelota picada a las empresas de encuestas que pronosticaron un virtual empate entre Donald Trump y Kamala Harris, no es que uno tenga mucha confianza en las predicciones electorales. Hubo un tiempo en que la demoscopia se consideraba una disciplina científica, pero una de dos: o las encuestadoras han sustituido el trabajo de recogida de datos por la interpretación del hígado de las ocas sagradas o de las borras del café, o es que los ciudadanos se están volviendo unos tramposos, y no dicen la verdad ni a la de tres. Pero no me resisto a contar el sondeo que ayer publicó La Vanguardia, una encuesta que me parece próxima a lo que puede estar ocurriendo ahora, y que desmiente categóricamente los resultados del sondeo del CIS que colocaba al PSOE por delante del PP y –con la que está cayendo- mejoraba la posición global de la izquierda.
Si eso respondiera a la realidad, tengan ustedes por seguro que la comparecencia de Pedro Sánchez esta mañana (a las 8:00 hora canaria) no sería para otra cosa que para adelantar elecciones. Sánchez ha sido descrito en muchas ocasiones –la última en el revelador libro sobre Puigdemont escrito por Iñaki Ellakuría y Pablo Planas- como “un oportunista sin ideología”: tengan por seguro que si fueran creíbles los resultados del CIS, el presidente del Gobierno no dejaría pasar la oportunidad de un adelanto electoral. ¿Qué sólo ha pasado un año desde los anteriores comicios? Y eso que más le dará a Sánchez…
Por desgracia para él y para el PSOE, los pronósticos de Tezanos ya no se los cree absolutamente nadie. Hace años que optó por convertir un Instituto demoscópico fiable y respetado por los ciudadanos en una maquinaria de propaganda, que ya no acierta ni una. Y que además resulta poco útil en estos momentos: el PSOE se enfrenta este fin de semana a la celebración de su 41 Congreso Federal, con la corrupción y las declaraciones de Aldama sobre el Gobierno y el partido lastrando cualquier operación de propaganda o intento de recuperación.
La situación real del país no es la que refleja el CIS. Probablemente se acerca más a la que se describe en el sondeo de Ipsos para el diario catalán, realizado entre el 18 y el 22 de esta semana, ya casi a un mes de la tragedia del Dana. Si las elecciones fueran hoy, el PP ganaría de nuevo y mejoría resultados, colocándose en 145 diputados y sumando una holgada mayoría con Vox, que obtendría 45, mientras Alvise Pérez no lograría sobrepasar el dos por ciento de los votos y se quedaría fuera del Congreso. El PSOE retrocedería ligeramente –apenas dos diputados, hasta los 119- pero Sumar y Podemos se derrumbarían, perdiendo 22 escaños de los que lograron al presentarse conjuntamente en las pasadas elecciones. Sumar sacaría siete, y Podemos apenas dos. El Gobierno de Coalición actual no podría reeditarse, las fuerzas que lo integran pasarían de 152 diputados a 128, y el total de las fuerzas independentistas –PNV, Bildu, ERC y Junts- sumarían apenas otros 28, siete escaños Bildu y Junts, seis el PNV y ocho ERC. El Bloque obtendría dos y UPN y Coalición repetirían con uno. En total, faltarían 15 diputados para formar Gobierno.
El sondeo refleja la impresión general de que esta puede ser la última legislatura de Sánchez, aunque tampoco es muy optimista con lo que puede venir: seis de cada diez encuestados creen que un hipotético Gobierno presidido por Núñez Feijóo lo haría igual de mal que el Gobierno actual, o incluso peor.
Pero lo más sorprendente del sondeo es sin duda que sea el partido que dirige Santiago Abascal quien más mejora sus resultados, subiendo de 33 a 45 escaños, un incremento lineal de doce, más de un 25 por ciento de escaños y votos más. Podría decirse que ese resultado –más allá de que lo creamos o no- sólo se explica como consecuencia de la polarización creciente de la política española.
Cuanto más se radicalizan el PSOE y sus socios, más fuerte es la tentación de personas moderadas por apoyar propuestas radicales. Es un fenómeno universal, que se reveló con claridad en las últimas presidenciales americanas. Un discurso más radicalizado del Partido Demócrata provocó que jóvenes, mujeres, negros e hispanos se acercaran al candidato republicano. En España el sistema electoral tiene poco que ver con el estadounidense, pero el comportamiento de los electores es parecido al del resto de los países desarrollados. La diferencia es que en España el abandono del espacio de centro por la izquierda –esa es la polarización que vemos hoy- favorece un crecimiento notable de la ultraderecha. Ya pasó en las elecciones andaluzas de 2018, cuando se produjo la irrupción de Vox, y desde entonces ha ocurrido en otros procesos generales. El PSOE alienta con sus políticas y discursos el crecimiento de la ultraderecha, y lo hace conscientemente, porque eso divide el voto conservador. Pero es un juego peligroso. En media Europa ha acabado por provocar la desaparición de una izquierda moderada que pueda mantenerse o recuperar el poder.














