Revoltura

por | 07 enero, 2025 | A babor

Anda todo el mundo revuelto a cuenta del último sondeo hecho público por El Mundo, una encuesta de Sigma 2 que asegura que la derecha se zampa de cajón a la izquierda cuando llegue la próxima cita electoral. Bueno, ya sabemos que los sondeos tienden últimamente a no dar en el clavo, y yo diría que aunque no haya que despreciarlos, tampoco hay por qué creérselos a pies juntillas. Lo que viene a decir el sondeo es que los escándalos por corrupción, tráfico de influencias y abuso de poder que cercan a Pedro Sánchez, le pasan factura al Gobierno, y que esa factura se traduce en una mayoría del PP y Vox que ya alcanza los 191 diputados, 19 por encima de la mayoría necesaria para gobernar. La pregunta que se hace la gente es si puede un sondeo equivocarse tanto, pero tanto tanto, que un pronóstico tan contundente como este incorpore margen suficiente como para que Sánchez siga atrincherado detrás del BOE después de las próximas. La respuesta rápida es que claro que puede equivocarse todo lo que haga falta: los sondeos de Tezanos llevan desde hace años pronosticando insensateces varias sin que a nadie le sorprenda mucho. Vivimos un tiempo en el que el acierto en un sondeo, o incluso la verdad en una información, son parámetros cuya evanescencia escandaliza bien poco.

Lo que plantea Sigma 2 es que se está produciendo un trasvase entre el bloque de izquierdas y el bloque de derechas, y que ese trasvase –que se repite en mayor o menor medida en todos los procesos electorales, porque hay un tercio de votantes que cambian su voto en todas las elecciones- se suma una creciente tendencia abstencionista en el voto socialista y en el voto a Sumar. Lo que ocurre es que la izquierda no se siente cómoda con lo que está ocurriendo. No se trata, entonces de que el PP haya mejorado enormemente sus expectativas -sí lo hace Vox-, sino de que el voto de izquierdas se manifiesta abúlico y pasota, puede que incluso cabreado. Suele ocurrir, y es normal que en esta etapa de desgaste del inquilino de Moncloa, ocurra aún más, pero Sánchez ha logrado en los últimos años que la izquierda española funcione como la hinchada de un club de fútbol, que se moviliza sólo cuando hay partido. Los sondeos publicados antes de las últimas elecciones ofrecían resultados parecidos a este de ahora de El Mundo, y luego llegaron las elecciones, y aunque Sánchez perdió, logró movilizar su voto y la derecha no sumó, permitiendo que Sánchez articulara de nuevo y sin pudor alguno un gobierno imposible, suma de restos ideológicamente incompatibles en demasiados aspectos, que es lo que está provocando que hoy resulte tan difícil gobernar, aprobar los presupuestos o incluso sacar leyes de escasa enjundia.

La política es cada vez más complicada: depende de tantos factores que el votante no controla, que es poco probable que cuando se celebren las elecciones las cosas se parezcan mucho a lo que se ve ahora. La clave de lo que vaya a ocurrir es la polarización. Si Sánchez consigue que prevalezca la idea -ya presente en esta encuesta- de un crecimiento importante de la ultraderecha- conseguirá movilizar a mucho votante indispuesto, y concentrar el voto útil de la izquierda alrededor suyo. Viene haciéndolo de forma constante en cada nueva cita electoral, y hasta la fecha no le ha fallado. Miles de votantes de izquierdas en los que ha hecho mella la percepción de que el actual presidente vive instalado en un entorno de corrupción y autoritarismo, estarían dispuestos a olvidarse de eso si consiguen convencerlos de que lo que viene es un Gobierno fachosférico, directamente heredero del franquismo.  Y a eso exactamente es a lo que van a dedicarse en Moncloa a lo largo de todo 2025: a recordarnos una semana sí y otra también que la derecha española es una peste fascista. Eso motiva. Quizá hasta el extremo de reducir la diferencia en la brecha entre bloques para que los diputados de la periferia secesionista (incluidos los de la derecha del PNV y Junts) vuelvan a apoyar la continuidad del presidente Trampas.

Es penoso que la forma de seleccionar a quien nos gobierna sea el descarte y no la adhesión, pero es lo que hay, y además lo que va a seguir habiendo cada vez más. Es una tendencia mundial, que se percibe no solamente en la política europea, también en la estadounidense, en la de los países emergentes y en la de los que antes calificábamos de países subdesarrollados. Cada vez más, instalados en una creciente polarización y autoritarismo, en el rechazo a aceptar que la democracia se basa en una razonable transferencia del poder entre distintos equipos cada cierto tiempo. Cada vez más dedicados al desprecio absoluto de las reglas y de la verdad, dedicados a una instrumentalización del relato al servicio exclusivo de mantener el poder.

¿Confiar en los sondeos? Yo me fiaría lo justo.