Lo cierto es que –a pesar del disimulo de los medios oficiales y oficiosos- las cosas se están poniendo de lo más raro. Ayer nos sorprendió la abundancia de nuevas: supimos que el peregrinaje prohibido de la vicepresidenta de Venezuela, doña Delcy Rodríguez -y sus pesadas maletas- fue organizado por el comisionista Aldama con Ábalos y que lo aprobó el presidente Sánchez. O eso es lo que dice uno de esos informes de la Guardia Civil, que el Gobierno considera doctrina sagrada cuando se trata de asuntos que afectan a Doña Begoña Gómez y así conviene o interesa. Supimos también que el ubicuo Aldama maniobró para que Sánchez rescatara a Air Europa. Supimos (en realidad lo confirmamos, porque saberse se sabía ya) de las amistades peligrosas de doña Begoña con Aldama, alias El Gomina, el hombre que convenció a Javier Hidalgo, el CEO de la compañía salvada, para que patrocinara el máster de doña Begoña. Sabemos que de sus felices gestiones con unos y con otros, más los negocietes cautivos de la pandemia, sacó en limpio Aldama 70 millones de euros que ya no están en España. Y también sabemos que –desde hoy- El Gomina ya no duerme en su casa, ni en la mansión que le alquiló de gratis al todopoderoso ministro Ábalos, sino en prisión, porque un juez ha decidido enchironarlo. Más cosas: supimos que el segundo de Sánchez, el hombre que le hizo primero secretario general y luego le convirtió en presidente del Gobierno, va camino de encontrarse con su antiguo patner Aldana en el trullo: el juez que se ocupa del ‘caso Koldo’ en la Audiencia Nacional, recibió otro informe de la Guardia Civil que incrimina claramente al ministro Ábalos en la trama. El informe asegura que el affaire de los epis y mascarillas, que provocó la investigación de Anticorrupción, es solo uno de los negocios en los que el comisionista hizo su agosto en el Ministerio, gracias a su compinchaje con Koldo y el ministro. También se han conocido las linduras con las que Koldo conversaba con la que hoy es la tercera autoridad del país, la señora Armengol, cuando solo era presidenta de Baleares, y el privilegiado contacto que se le proporcionó con la consejera de Sanidad balear, y que acabó con la compra a las empresas de Aldama de unos eurillos por el procedimiento de negociado sin publicidad. Armengol siempre ha dicho que no tuvo trato alguno con Koldo, pero al final se adjudicó a las empresas de Aldama que él representaba -en negociados sin publicidad-, la compra de PCRs para realizar pruebas a los residentes que viajas a Baleares desde la Península. ¿Les suena? Aquí en la España Tropical también se compraron PCRs para hacer pruebas en los aeropuertos. Algunos siguen amontonados en los almacenes del Servicio Canario de Salud, ya inservibles.
En fin: preguntado por el futuro de Ábalos, y si en el Gobierno preocupa su probable imputación, el ministro Torres –que dio una rueda de prensa tras la cita de Sánchez con Clavijo- se limitó a reconocer que el juez se ha dirigido al Congreso para preguntar por la condición de aforado del ex número dos de Sánchez, pero “no podemos decir más”. Silencio y prietas las filas, en un ambiente que la leal oposición califica de creciente descomposición y bloqueo político.
Un día raro, probablemente mal elegido, para el encuentro de Sánchez con los presidentes de Aragón y Canarias. Parece que el infatigable Clavijo aprovechó la situación para ponerse también duro, como el mismo día, y exigir a Sánchez que se ponga el turbo con el asunto de la emigración, con los 6.000 menores que colapsan los centros de acogida en las islas, con el descaro de no haber pagado un duro de lo ya comprometido por Sánchez para atenderlos, ni tampoco de lo firmado sobre la agenda canaria, esos 800 millones pendientes de cobrar del Presupuesto de 2023.
Tras la reunión, Clavijo dejó de lado el buen rollito tradicional y el modo canario de hacer las cosas y se ciscó a pachas en los dos partidos nacionales, enzarzados en una guerra de posiciones en torno a la migración. Del PP censuró con dureza el abandono de la negociación y dijo sentirse muy decepcionado, y sobre el Gobierno, lo acusó de “estar ausente” del drama migratorio en las islas, y de ampararse en la inacción, tirando del argumento de que la atención de menores migrantes es una competencia autonómica: “el Gobierno tiene la obligación legal de aplicar la solidaridad. No puede ser que en todo este drama el Gobierno haya estado mirando para otro lado”, afirmó un Clavijo irascible, que exigió del Estado aportar recursos y coordinar la gestión de la crisis. Supongo que andaba Clavijo cabreado porque en un día con tanta revoltura, Sánchez no estaría muy aplicado a la tarea ni muy fino. Por eso se descolgó Clavijo asegurando que el apoyo nacionalista al Gobierno dependerá de si este se porta.
No sé que ocurrirá al final, pero sí que este no era día para esperar de Sánchez alguna atención a algo más allá de sus propios problemas.














