Regeneración enfangada

por | 19 julio, 2024 | A babor

Acudir al ruido y la bronca para despistar sobre lo que ocurre es una táctica que no puede repetirse con demasiada frecuencia, porque al final se nota y no cuela. A Pedro Sánchez, se le ha torcido su regeneración democrática como fórmula mágica para hacer desaparecer los avatares del sorprendente escarceo de su par Begoña con el emprendimiento.  Sánchez compareció el miércoles por la mañana en el Congreso para presentar un plan de regeneración que se ha quedado básicamente en la sospecha de repartir-a cien millones de euros entre los medios más dóciles (y/o necesitados).

Lo cierto es que después de tener al país en vilo durante cinco días de reflexión enamorada, en la oferta de un plan para que disfrutemos de una democracia de verdad, y no ésta democracia nuestra enfangada y sembrada de bulos, a Sánchez no le ha seguido ni los suyos propios de él. Esquerra, Junts, el PNV y Bildu lo pusieron bonito, y Sumar no defendió el plan, más allá de asegurar que lo único valioso que hay en el mismo –la chicha, dijo niño Errejón- lo pusieron ellos. Probablemente se refería el portavoz sumario a las promesas de derogar la Ley Mordaza –que no va a ser derogada-, de liquidar el delito de injurias a la corona –que no va a ser liquidado-, y de hacer que los jueces paguen publicidad en los medios cuando no empuren a alguien que –jajajaja- ya vale. Esta de que los jueces tengan que pagar publicidad compensatoria para reducir el agravio inferido por investigaciones que no llegan a ningún lado, no se le habría ocurrido ni a Puigdemont después de fumarse todo el Diari Oficial de la Generalitat. Es como si este país lo gobernaran una sarta de indocumentados, capaces de creer que basta con soltar una ocurrencia para que se cumpla.

Pero volviendo a la regeneración sanchista, don Pedro tuvo un día complicado y ceniciento. Por primera vez desde que gobierna, se quedó sólo con los suyos en el Congreso y ni siquiera ellos defendieron su propuesta con vehemencia. Sánchez estuvo palabreando tres horas a cuenta de la regeneración, y no logró que nadie se tomara en serio lo que quiere hacer, quizá porque al final en lo que ha dejado la cosa es en su deseo de más transparencia y control de la propiedad de los medios y de las subvenciones que se embolsan, más certeza en las mediciones de audiencia de los privados y más facilidades para que los ofendidos e injuriados puedan defenderse, amparar su derecho al honor y conseguir la rectificación de las noticias que consideren falsas. Una regeneración como un castillo, se ve.

En fin, no creo que haya nadie que esté en contra de mayor transparencia sobre la propiedad de los medios (así sabremos cuales son los que controlan los rusos y los chinos), de más transparencia sobre el dinero que reciben los medios y las audiencias que realmente tienen. Pero ojo: que eso debería aplicarse también a los medios públicos, yo diría que especialmente a los medios públicos: los recursos de la tele del Gobierno puestos al servicio del Gobierno de turno, condicionan la percepción política de las masas más que la colección completa de todos los editoriales de Vicente Vallés.

El problema de la propuesta de Sánchez que iba a sacarnos del fango el bulo y la mentira, es su nula credibilidad. Es difícil que a uno le crean, cuando durante tres horas de debate toda la Cámara le restriega los problemas de doña Begoña y él hace como si escuchara llover, una técnica que –por cierto- aplica cada vez que algo le incomoda. La realidad no existe si a Pedro le molesta. Y es obvio que al presidente debe molestarse la que se está liando con su señora, sus contratos, sus patentes de software, sus reuniones de pereja con coleguillas paganini en Moncloa, sus amigos beneficiados por el Gobierno y etcétera. Sánchez cree que se puede evitar que se hable de un asunto sencillamente si él no contesta. Aplica esa técnica del silencio despectivo con bastante frecuencia, y a veces le ha funcionado, pero en esta ocasión, negarse a responder ni con un suspiro ante la catarata de  críticas al proceder de su mujer y su hermano, impiden que nadie –ni los suyos siquiera- se tome muy en serio su pomposo y vacío proyecto regenerador. Ese “Plan de Acción por la Democracia”, del que Sánchez sólo se atrevió a esbozar principios generales y redujo a una abultada ficha financiera de cien kilos (¿hará lo mismo con el decreto del reparto de los pibes?), como enseñando a los hambrientos conejos el manojo de zanahorias que cuelgan del palo, para que no se fijen mucho en el palo.

Su aliado Rufián le acusó de tomar el pelo, el portavoz del PNV insistió en la necesidad de recuperar el sentido común y entender –va por Bego– que lo que “está mal, está mal”, y desde Junts aprovecharon para olvidar su propia herencia ferrusolana del tres por ciento, para acusar a Sánchez y al PSOE de ser “corresponsables de la carcoma que ha podrido la democracia española por dentro”. Pues Eso: que lo del fango ha pinchado en hueso. A ver que otra cosa nos inventa.