Incertidumbres

por | 23 octubre, 2024 | A babor

El anteproyecto de ley de presupuestos será aprobado por el Consejo de Gobierno de Canarias en su próxima reunión, con un crecimiento del 3,3 por ciento, en lo que la consejera de Hacienda ha calificado como una situación de “redoblada incertidumbre”. ¿Y en que consiste esa incertidumbre? En principio tiene que ver con la ausencia de certezas sobre qué pasará con las cuentas del Estado, si acabarán siendo aprobadas, o el Gobierno de Pedro Sánchez se verá obligado a volver a prorrogarlas, una posibilidad en absoluto desdeñable, dada la presión creciente de Junts y la irresoluble crisis abierta por la desafección de Podemos y su crítica cada vez más evidente a las actuaciones del Gobierno. El comportamiento de Sumar, que presume de haber pactado algunas iniciativas con el PP, no preocupa demasiado al Gobierno: son actitudes estéticas, es poco probable que Sumar se descarrile en una ruptura con su único aliado posible. Más preocupante es –en una situación de absoluta descomposición de las relaciones con el diputado Ábalos, antaño hombre fuerte del sanchismo-, que el jefe de Koldo decida romper la baraja y vote en contra de las cuentas o se abstenga. Y no está decidida cual será finalmente la posición de Coalición Canaria, cuando ni una sola de las promesas del Gobierno, ni uno sólo de los compromisos de la Agenda Canaria, se ha cumplido.

Se trata de incertidumbres por la situación política española. Pero hay otras incertidumbres tan o más preocupantes que las que afectan al bloqueo parlamentario del Gobierno Sánchez. Los medios reflejaron estos días diversas interpretaciones sobre el poderío económico español, sobre la supuesta pujanza de nuestro PIB. Funcas elevó su previsión de crecimiento para este año en medio punto más de lo que había anunciado en su anterior estimación, el pasado mes de julio. Sin duda se trata de buenas noticias, pero los propios expertos de Funcas alertan de que ese crecimiento se debe sobre todo a una contribución mayor del consumo de las Administraciones, que se dispara hasta un 3,8 por ciento, mientras el consumo privado sigue estancado. El arrastre que supone para el PIB el gasto público alegra el crecimiento, pero el país se enfrenta para 2025 a un agujero fiscal que rondará los 8.000 millones, y que, en un contexto de contención obligatoria del déficit, obligará al Gobierno a establecer una presión fiscal mucho mayor. En 2025, con prórroga de las cuentas o con cuentas nuevas, el Gobierno gastará más dinero –lo está haciendo ya este año, a pesar de no haber modificado los presupuestos-, y los españoles tendremos menos dinero en nuestros bolsillos. La tendencia seguirá siendo más consumo público y menos consumo privado. Un gobierno más rico y una clase media más empobrecida.

Pero esa no es la única preocupación, el único factor de incertidumbre: el Fondo Monetario Internacional, en su último Informe de Perspectivas de la economía mundial, presentado el lunes en Washington, hace un  auténtico encaje de bolillos para explicar que a pesar de la recuperación mundial y el control de la inflación, disparada  tras la gigantesca inyección de dinero del Covid, persisten otros motivos para la preocupación, especialmente los que tienen que ver con el desplome del crecimiento en China, y las incógnitas de futuro que supone un cambio en las políticas económicas estadounidense.

El Fondo no explicita –obviamente- lo que supondría para la economía mundial una victoria de Trump en las próximas elecciones presidenciales, pero no puede dejar de ser consciente de la oleada de proteccionismo que se produciría en el planeta. Trump prometió la pasada semana que su política económica incluirá unos aranceles “tan horribles, tan odiosos” para las empresas extranjeras, que si quieren vender en EEUU, tendrán que instalarse y producir en el país. Trump amenaza con multiplicar por diez los impuestos a la importación, que actualmente rondan un dos por ciento para los productos industriales y en un 2,7 para el resto de las importaciones. El candidato antistablisment se ha comprometido a subirlos al 20 por ciento para los productos de los países aliados, y hasta al 25 por ciento a China. En todos los rubros. Eso supondría el fin del comercio mundial, y un crecimiento brutal de la inflación, especialmente en EEUU.

Pero el unilateralismo salvaje no es el único factor de riesgo que el planeta afrontará en 2025. La tensión entre China y Taiwán amenaza con provocar una guerra en el Pacífico; la liquidación de los créditos de guerra a Ucrania si gana Trump acelerará una victoria rusa y provocará un crecimiento desbordado del gasto militar en Europa, y más impuestos, y la guerra en Oriente próximo, con riesgo ya evidente de contagiar a las potencias de la zona, tendrá sin duda consecuencias muy graves en el precio del petróleo. ¿Un panorama incierto? Más que incierto, sombrío, diría yo.