A Sánchez se le ponen las cosas difíciles para sostener el chiringuito. Sus ministros siguen manifestando que hay partido por delante, que sólo el PSOE puede evitar que el país se deshaga, y que no es imprescindible contar con el Congreso para gobernar, porque el presidente cuenta con los fondos europeos, y tiene por tanto bolsillo del que tirar para pagar lo que cuesten sus políticas de progreso, aunque el Congreso bloquee los presupuestos 2025.
Pero lo cierto es que gobernar se le pone cada vez más complicado: Sánchez organizó antes de acabar la pasada semana una ronda de entrevistas en Moncloa, para abrir la negociación bilateral con los barones del PP sobre la reforma del sistema de financiación. Estaba el hombre completamente seguro de que al menos algunos de ellos aceptarían asumir el concierto catalán a cambio de más pasta. Incluso preparó los encuentros planteando repartir más dinero directo en inversiones. Los propagandistas de los medios próximos explicaron que si los barones se negaban a aceptar las mejoras para sus regiones, se las verían con el rechazo delos electores. Se equivocaron: el elector que vota a la oposición lo que quiere es que su Gobierno se oponga, no que pacte con Moncloa apoyar a Sánchez a cambio de más pasta.
Las reuniones con los dos primeros presidentes regionales, el gallego Rueda y el andaluz Moreno, han dejado muy claro que ninguno está por una negociación bilateral del sistema de financiación. Moreno y Rueda han exigido la convocatoria de la Conferencia de presidentes para tratar el asunto del concierto –legalmente corresponde tratarla en la Conferencia- pero Sánchez se niega: hace dos años que no convoca la Conferencia, y ahora quiere hacerlo. Pero es para hablar sobre políticas de vivienda, un asunto donde podría darse cierta proximidad en las posiciones, no para tratar del concierto catalán, donde la mayoría aplastante de los presidentes votaría en contra de la posición de Moncloa. Por eso el Gobierno comienza a modular –al menos públicamente- su discurso sobre el pacto con Esquerra que permitió la investidura de Salvador Illa. En ese pacto, se dice ya en Moncloa, no se acordó exactamente la salida del régimen común de financiación de Cataluña, ni tampoco un Concierto catalán equiparable a los del País Vasco y Navarra, sino dar forma a un acuerdo diferente al actual que resuelva los problemas de la financiación catalana y permita una mejor financiación para Cataluña. Pero –dicen ahora desde el PSOE- se trata de algo que hay que negociar y cuya aprobación irá para largo. Esa reinterpretación del discurso –que sólo Salvador Illa se empeña en negar para dar garantías a Esquerra-, complica muchísimo las cosas con los independentistas catalanes. La relación con Esquerra está al borde de la ruptura, y la desconfianza y tensión con Junts se ha disparado y ya es difícilmente superable. El PSOE suma más de treinta votaciones perdidas en el Congreso, los presupuestos del 2024 no pudieron siquiera tratarse, y ya se da por descontado que va a ser casi imposible sacar los próximos.
Para acercar posiciones, PSOE y Junts celebraron el pasado fin de semana otra reunión secreta cerca de Ginebra, dentro de las previstas en la mesa de diálogo para la investidura sánchista. El PSOE envió a Cerdán a seducir nuevamente a Puigdemont, pero esta vez no fue bien. El PSOE pidió al jefe de Junts su apoyo parlamentario a la denominada ‘senda de estabilidad’ y en los Presupuestos del próximo año, que deberían comenzar a debatirse a finales de éste. Puigdemont fue tajante y se negó a aceptar siquiera hablar del asunto. Miriam Nogueras y Jordi Turull, que también asistieron a la reunión en Suiza, respaldaron la posición de su jefe: “ahora no toca”. La situación es cada vez más compleja, porque Junts interpreta que el Gobierno no ha cumplido ni con la amnistía ni en la elección de Puigdemont como president. Y además se puede perder el respaldo de Esquerra, por la dificultad evidente en sacar el concierto, lo que llevaría a la incapacidad de Sánchez de aprobar prácticamente nada en el Congreso. Por eso habló Sánchez de gobernar sin el Congreso, una afirmación inaudita en un demócrata. Y aunque en Moncloa insisten en la posibilidad de llegar a acuerdos, se trata de mera literatura. Como lo es el próximo encuentro de Sánchez con Clavijo, dentro de la ronda negociadora sobre financiación. Sin el apoyo de Junts (no digamos el de Esquerra) el solitario voto de Cristina Valido es básicamente inútil.
Clavijo será recibido por Sánchez en el mes de octubre en Moncloa, y plantea poner los incumplimientos de la Agenda Canaria sobre el tapete. Será como hablar de los incumplimientos de la ley de gravedad. Sin presupuestos, Sánchez carece de capacidad de maniobra. Podrá prometer lo que sea. Pero no podrá cumplir nada. Como tiene por costumbre.














