Esperando sentados

por | 04 febrero, 2025 | A babor

Posado a la espera en la sede de Génova

El Partido Popular ha perfeccionado el arte político de la inacción. ¿Para qué ensuciarse las manos con propuestas concretas si basta con esperar a que Pedro Sánchez tropiece él solo y se derrumbe? La dirección nacional del PP, con la parsimonia de quien ve una serie de Netflix en bucle, afronta la legislatura en la cola del súper: sin prisas, sin nervios, y con la certeza de que, tarde o temprano, le llegará su turno.

Ahora nos dicen que el equipo de Feijóo siempre creyó que la legislatura iba a ser larga. Por eso siguen esperando acontecimientos, mientras se sirven café en los maitines de Génova, consultan el parte meteorológico y ven caer las hojas de los árboles en otoño. Mientras, no dejan pasar la ocasión de repetir que Sánchez está en las últimas: el PP ya ha declarado la defunción política del superviviente en tantas ocasiones, que parece que se refieren a uno de esos personajes de tebeo que resucita en cada colorín nuevo. Cada vez que creen haberlo enterrado, el tipo vuelve más decidido a demostrar de lo que es capaz un hombre enamorado.

El PP se ha aferrado -como si fuera a la última cocacola del desierto- a una estrategia de regate largo, que en términos prácticos lo que significa es no hacer absolutamente nada, pero con un aire de calculada sofisticación. Es, de hecho, una costumbre del PP, que evoca los años de inmovilismo durante los gobiernos de Rajoy, cuando la izquierda levantisca amagaba con asaltar el Congreso, como una furia trumpista desatada, y los indepes incendiaban Cataluña, y Rajoy hacía como que aquí no pasaba nada. La máxima expresión de ese ‘esperar a ver que ocurre’ fue la del acuartelamiento del presidente Rajoy y los suyos en un restaurante cercano a San Jerónimo, mientras Sánchez y su tropa negociaban aquella censura que tenía que servir para poder convocar inmediatamente elecciones y acabar de una vez por todas con la mamandurria y la indecencia en la política española. Era entonces el país de Gurtel, del jarabe democrático, la casta y los escraches. Hoy es otro país muy diferente, pero el PP sigue siendo exactamente el mismo PP. Igual de dividido, igual de quieto, igual de asustado.

Por un lado, el clan de Génova, haciendo política desde Madrid para los medios amigos de Madrid, por otro, el reino taifal de la España de los alrededores. Esa España gobernada por dirigentes regionales del PP –como antes era Feijóo-, a la espera de que el PP haga algo más que esperar a que el Gobierno de Sánchez se desmorone él solo.

¿Ocurrirá algún día? En el partido no logran ponerse de acuerdo: el ala moderada, con Juanma Moreno al frente, insiste en que el PP debe mostrarse como una alternativa sensata y presentable, hacer una política útil, centrarse en opciones y propuestas que entienda la mayoría. En la otra esquina, la tropa de Ayuso, Tellado y Fernández, prefiere la guerra cultural y dispara contra todo lo que se mueve, incluidos sus colegas centristas. Unos gritan, los otros calman, y entre medias, Feijóo sigue sin definirse más allá de rezar para que Sánchez caiga. Y ya veremos.

Es la política de la espera, la negación del discurso, la renuncia a presentar propuestas, para evitar que el partido se divida entre los que quieren estar más cerca de Vox y los que quieren estar más lejos. En un alarde de creatividad, el PP ha intenta identificar algunas áreas en las que podría meter baza con soluciones que pretenden ser novedosas. Creen que se trata de ofrecer otra forma de hacer las cosas. En vivienda –una de las principales preocupaciones de los votantes- se propone la excepcionalidad urbanística (que traducido quiere decir menos normas, más facilidades, algo como lo que se intentó en Canarias con la Ley del Suelo que iba a arrasar el territorio, y no sirvió para construir ni una sola vivienda social). Para la conciliación, ofrecen más rebajas fiscales para los quienes puedan permitirse tener hijos y deseen tenerlos. Y en inmigración, rizan el rizo: endurecen el discurso hasta donde se pueda, en el límite mismo de lo que le dice Vox a sus votantes, a los del PP, por si acaso había dudas. Están absolutamente atascados con la emigración y los menores migrantes no acompañados, empeñados en mantener un imposible equilibrio entre la sensatez y el miedo de la gente. Cocinan un guiso difícil de digerir: siempre sentará mal a una parte de la población. Y no se quieren arriesgar ni en una dirección ni en la otra. Han perdido la iniciativa y los argumentos, también en eso, y el PSOE los revuelca en su indefinición, presentando una posición que el PP comparte con millones de ciudadanos como xenófoba, sin que el PSOE tenga siquiera que meterse en el fango.

Y así sigue nuestra derecha en un eterno déjà vu de esperas y reproches internos. Feijóo es gallego, cree que La Moncloa no se gana, se pierde. Y que es mejor no mojarse, no tener que explicar un plan de gobierno de verdad. Total, con mandar un hilo de Twitter de vez en cuando, la espera se hace soportable.