Como era de esperar Víctor Aldama el silencioso, decidió ayer dejar de serlo, colaborar con la Justicia, y tirar de la manta. Y de qué forma: su declaración de cuatro horas no ha dejado títere con cabeza: coloca a Sánchez, a Begoña, a la mitad del Gobierno –incluyendo a nuestro prócer, Ángel Víctor Torres-, a Ábalos, a su sustituto Cerdá, a Koldo y a otros cuantos en peor situación de la que estaban antes de ayer. Sólo ha salvado de la quema a su socia la bolivariana Delcy, a lo peor porque si le dan la oportunidad de salir por patas, Venezuela es casi tan buen refugio como República Dominicana.
Por supuesto, no hay porque creer todas las cosas que ha largado Aldama, porque no tienen en absoluto por qué ser ciertas. No es sólo por eso de la presunción de inocencia, que es un derecho constitucional, no una licencia para evacuar sospechas, pero vale igual cuando nos caen bien los acusados que cuando nos caen fatal. Si hay que poner en veremos las declaraciones de ese señor es porque siempre es más prudente no creer a pies juntillas todo lo que nos diga un golfo apandador, que además está ya en prisión por otro fraude milmillonario. Lo conveniente en estos casos es hacerse cada uno su propia composición de lugar, en base a la información cruzada de que se dispone, los acontecimientos que se conocen y sobre todo el sentido común. La mayor parte de las veces (aunque no siempre) las cosas son lo que parecen ser. No hay porque no tomar en consideración lo que apuntan las apariencias, pero siempre conviene dejar un lugar para la duda razonable.
Y la apariencia más apabullante es la de que Aldama asoma por todas las esquinas del sanchismo. Es un caso curioso de ubicuidad extrema. Veamos: Aldama ha estado detrás del rescate del Gobierno a Air Europa, es un hecho indiscutible, incluso anda reclamando que le paguen su comisión. Ha estado en la trastienda de los negocietes de Begoña, nutriendo con su munificencia las arcas del máster más exitoso de la historia. Estuvo con Ábalos en el avión de la princesa Delcy y sus 40 maletas. Estaba en Fitur cuando Sánchez decidió cederle a la Organización Mundial de Turismo un palacete en Castellana, y en Londres cuando Begoña acudió a exprimir a la OMT, y también coincidió en San Petersburgo con Begoña, en otro acto de la OMT. Es de suponer que de forma tan accidental como coincidió con Sánchez en el Teatro Latina, y dice –no tiene porqué ser cierto- que estuvo en el bar cuando Cerdán fue a cobrar los 15.000 euros que le llevó Koldo y cuando Koldo le pidió 50.000 pavos para Ángel Víctor Torres, que a lo mejor todo es mentira, pero tiene su cosa cuando pensamos en la reunión de Ángel Víctor con el socio de Aldama –Tapia, el segundo mosquetero- al que no le ponía cara, o en el contrato para hacer pruebas de Covid a los pasajeros con destino a Canarias, gestionado con el mismo tipo que le pagaba el picadero al ministro Ábalos y el piso a su novia. Aldama puede mentir cuando dice que Koldo le pidió 50.000 euros para Torres, o incluso le pudo mentir Koldo para poder quedarse él con la pasta. Pero esos 50.000 también serían una explicación plausible a la montaña de millones que convirtió Canarias en la región española donde Aldama ganó más dinero vendiendo epis y tapabocas. Unas decenas de millones que se gastaron –ahora lo sabemos- porque Torres decidió con quien se contrataba, en ese comité técnico de expertos sin expertos, ni técnicos, ni actas. En el que uno tiene la impresión que también –aunque de forma vicaria- estaba Aldama.
En fin, que antes de acabar en la cárcel por lo del fraude de los hidrocarburos, Aldama siempre ha estado en todas partes. Estuvo con Begoña en Moncloa (eso se puede probar si no desaparece el registro de visitas) y con la ministra que tanta urgencia tenía Sánchez en mandar para Bruselas, (también) y se reunía con los ministros favoritos del guapo como si fuera el dueño del chiringuito. Aldama aparece como el pivot de un sistema extractivo montado durante la pandemia, mientras centenares de miles de españoles la palmaban. Un sistema que pasa por sus activos mosqueteros, por Abalos, por Koldo y por toda esa tropa. Ayer dijo que repartió con ellos una morterada inacabable, y que estaba harto de ser el Banco de España. Pobrecito.
Propongo una hipótesis: Aldama es efectivamente un mentiroso y todo lo que nos cuenta es un puro camelo, y las líneas que se cruzan y enredan en esta sorprendente historia de resistencia -de Caracas al ministerio de Transportes, de Moncloa a Air Europa, de la Complutense a Barrabés, de Koldo a Antonio Olivera o del mosquero Tapia a los contratos pioneros- son bulos, chismes y falsedades sin sentido. El ubicuo gomina es una invención de la oposición, un sinvergüenza con el que nadie tuvo absolutamente nada que ver, un tipo que jamás se fotografió con el presidente en amigable actitud, ni visitó Moncloa, ni repartió morteradas de pasta a los mismos socialistas a los que ahora atraganta con sus confesiones de ricino. Aldama es mentira, Ábalos un fake con traje de chaqueta y Koldo un bulo cortador de troncos. El hombre enamorado y su mujer son absolutamente inocentes. Víctimas de una conjura.














