Después del acuerdo sobre emigración con el PP, que sentó en Moncloa como una patada en los cataplines, y tras una semana de intervenciones en los cenáculos de la Corte y en los periódicos mesetarios, poniendo al Gobierno de Pedro Sánchez de chupa dómine, Fernando Clavijo ha metido el freno para manifestar que se siente optimista ante las posibilidades de llegar a un acuerdo la próxima semana que implique al PP y al PSOE.
Clavijo es de un optimismo patológico, educado a lo largo de años de soportar malas noticias judiciales que al final no acabaron por convertirse en su mortaja, a pesar de las predicciones más solventes. Clavijo es un superviviente con un singular sentido práctico, que prefiere dar crédito a las voces que indican que se avanza que a las que juran lo contrario. Pero es que además es verdad que hay indicios de que esta próxima semanas -si Torres no declara secreto el encuentro-, podríamos conocer la materialización de un acuerdo de mínimos entre los tres partidos –PSOE, PP y Coalición- en materia de emigración. No digo que estemos ante la posibilidad de un acuerdo cerrado, pero si ante un principio de acuerdo, que ya sería suficiente novedad, después de meses de politiqueo miserable e indecente.
La muerte de más de cincuenta personas en un evitable naufragio en El Hierro no sólo ha provocado una sensación de horror ante la exposición a perderlo absolutamente todo –y la vida-, de los emigrantes que asaltan el Atlántico en cayuco. También parece haber activado algunas respuestas. Después de más de un mes de silencio, la ministra responsable de menores, Sira Rego, ha dejado saber que tiene ya listo el informe sobre recursos mínimos de las regiones que han de acoger a los menores que se trasladen desde Canarias, y sobre los criterios de reparto. El documento –una de las exigencias del PP y Coalición en la ronda negociadora del verano- será debatido por los negociadores, y presentado a la próxima Conferencia Sectorial de Infancia y Adolescencia, para que –si prospera un acuerdo- no reciba sólo el consenso político de los partidos, sino también el apoyo de los gobiernos regionales, mayoritariamente del PP.
En cuanto a la respuesta clave, la que tiene que ver con la pasta, la que exigió el PP para apoyar la toma en consideración de la reforma de la ley de Extranjería, la ministra Montero ha elaborado finalmente su propuesta de ficha financiera para que las regiones asuman la distribución contemplada en la reforma de la Ley de Extranjería. Eso parece que servirá –bastante- para acercar posiciones en la reunión de esta semana próxima entre Torres, Tellado y Clavijo.
Es la percepción de desentumecimiento en el Gobierno lo que ha desatado el proverbial optimismo de Clavijo y silenciado sus recientes comentarios sobre la intención del Gobierno de convertir a Canarias en Lesbos y similares declaraciones. El propio Clavijo ha dicho que la relación se había vuelto tensa, porque “había que remover el agua” y activar las opciones de un acuerdo. Ahora cree que la situación puede resolverse, incluso por la vía del decreto ley si el PP –tras llegar a un acuerdo económico- asume el compromiso de convalidar el decreto en las Cortes. Clavijo cree que no es sólo probable, sino muy posible que eso sea lo que ocurra en las próximas semanas.
Y debe saber por qué lo dice: después de “remover el agua” y ser denunciado ante los tribunales por desatender a los menores no acompañados, el presidente de Canarias se mantiene en sus trece: la responsabilidad es compartida y el Estado tiene mucho que hacer, no se produce abandono alguno cuando los menores están bajo custodia del Estado. Y lo que procede ahora es no seguir enfangándose en los tribunales, sino resolver la situación creada en las islas por la mayor oleada de emigración africana de la que se guarda memoria.
Sin sorpresas, cuando Clavijo adopta un tono más conciliador con Moncloa, Manuel Domínguez sale a poner reparos. Ayer, en un desayuno informativo organizado por Europa Press en Madrid, remedó a Clavijo asegurando sentirse “poco optimista” sobre que pueda alcanzarse un acuerdo en pocos días, como cree Clavijo. Y no lo dice sólo él. Lo dice también la dos del PP, Cuca Gamarra, y lo insinúa el negociador responsable de desatascar la situación, Miguel Tellado. Señalan –han descubierto la pólvora- que el PSOE juega a enfrentar al Gobierno de Canarias, y que no tienen la menor intención de llegar a acuerdos, que el acuerdo que hay que hacer cumplir a Sánchez es el que firmaron Feijóo y Clavijo.
Yo creo que el optimista Clavijo y el pesimista Domínguez tensan la cuerda con distintos estilos. Pero sospecho que en realidad tiran en la misma dirección.














