Dmitri Peskov es el portavoz de Putin, el encargado de colocar en los medios internacionales los relatos elaborados por el equipo de cínicos propagandistas y desinformadores que rodean al presidente ruso. “No creemos que el intento de eliminar y asesinar a Trump haya sido organizado por las autoridades actuales”, ha dicho Peskov, utilizando una vieja técnica de los fiscales que carecen de pruebas, pero quieren sembrar la duda, que es soltar la mayor –la que a nadie se le ha pasado siquiera por la cabeza-, negándola: es la ‘duda afirmante’ que niega lo que se quiere destacar. Y tras la negativa, siempre el pero… Peskov lo soltó inmediatamente después: “pero la atmósfera en torno al candidato Trump ha provocado lo que Estados Unidos está afrontando ahora” ¿Y que es lo que está afrontando ahora Estados Unidos? En la unidireccional y cínica versión de Peskov, lo que está pasando en EEUU no es que el país se enfrente a la división y la violencia creada fundamentalmente por el neopopulismo de Trump, sus mentiras, sus amenazas, su desprecio a las instituciones, y su intento de subvertir el resultado de las últimas elecciones con el asalto al Congreso. Lo que está ocurriendo, en la versión putiniana, es que “después de numerosos intentos de eliminar al candidato Trump de la arena política -utilizando primero herramientas legales, los tribunales, los fiscales, intentos de desacreditar políticamente y comprometer al candidato- era obvio para todos los observadores externos que su vida estaba en peligro”.
La cara dura del portavoz del Kremlin alcanza lo inaudito: no es sólo que presente su versión distorsionada de los hechos, de lo que ocurre en Estados Unidos, de sus causas profundas, y del papel activamente disruptivo asumido por el propio Trump en la política estadounidense. Es que incluso se atreve a dar lecciones de historia sobre la violencia política estadounidense, obviando la violencia institucional, los crímenes de Estado, las purgas en el partido comunista, los asesinatos masivos de opositores y disidentes, los progroms y el holomodor ucraniano, la muerte de ocho millones de súbditos soviéticos durante la implantación de las políticas de colectivización forzosa. Con esos antecedentes, Peskov se cree legitimado para recordarnos que la democracia americana “en repetidas ocasiones en la historia ha presentado al mundo casos de violencia dentro del país en el curso de la lucha política”. Sin duda: cuatro asesinatos presidenciales, entre ellos el de JFK, el de su hermano, el del doctor King, Malcom X, los atentados frustrados contra Reagan y Ford… La sociedad USA es una sociedad marcada por la violencia. Pero la Rusia actual no puede dar lecciones, es un régimen definido por la práctica del crimen de Estado: las guerras contra su propia población, el exterminio de miles de personas en Chechenia, la represión salvaje, los atentados no aclarados, la muerte de inocentes cada vez que Putin pierde apoyos… y la destrucción del disidente. Desde la periodista Anna Politkóvskaya asesinada en 2006, el envenenamiento con Polonio del espía Litinevko, la muerte sin esclarecer del que era entonces líder de la oposición, Boris Nemtsov, tiroteado frente al Kremlin en 2015, el intento de asesinato con gas nervioso de Navalni en Alemania, y su muerte sin explicación hace seis meses en una prisión rusa, cuyo director fue inmediatamente condecorado y ascendido por Putin. Más de cien muertes individuales de oligarcas caídos en desgracia, periodistas, militares, opositores y antiguos colegas de Putin, documentadas una a una, hasta el asesinato de su ex amigo y favorito, Evgueni Prigozin, líder del Grupo Wagner, asesinado junto a sus compañeros de vuelo sólo dos meses después de haber pactado su rendición y no beligerancia a Putin….
Tiene rostro, el tiralevitas Peskov, cuando asegura que Rusia siempre ha condenado y condena “cualquier manifestación de violencia” en la lucha política. Básicamente Rusia es hoy un estado totalitario, gobernado por un ex agente del KGB que ha instaurado un régimen corrupto, despótico y criminal, que ha acabado con el experimento democrático que intentó Rusia tras la caída el comunismo.
Putin y Trump
Al margen de algún disenso formal, de ciertas cautelas trumpistas tras la guerra de Ucrania, el entendimiento de Putin y Trump es intenso: los rusos aplaudieron su victoria en 2016, tras colaborar activamente en ella con desinformación contra Hillary Clinton; sintieron la derrota de 2020 y esperan que Trump gane en noviembre y deje de apoyar a Ucrania, una opción que coincide con la visión de Trump de permitir a Rusia mantener la Crimea anexionada en 2014, y el Donbás. Rusia espera y jalea una victoria de Trump, y alternativamente. el estallido de un enfrentamiento civil en el país.
El pirado que el domingo rozó el cráneo de Trump con un disparo de AR15 desde un tejado, ha estado más cerca de darle a Putin lo que más le conviene de lo que ya nunca imaginará.














