Más vale tarde…

por | 05 noviembre, 2026 | A babor

Óscar Puente hizo el martes lo que el viernes había dicho que no iba a hacer. Dimitió. Lo anunció al final de su comparecencia ante la Diputación Permanente del Congreso, seis días después del accidente de Urda. También renunció a encabezar la lista del PSOE por Valladolid. Más vale tarde que nunca. Habría sido deseable, eso sí, un poco de coherencia entre el ministro que el viernes aseguró que había decidido continuar y el que la tarde/noche del martes, con esa chulería que ni siquiera se ahorró en la despedida, nos explicó que ya había resuelto marcharse inmediatamente después de los primeros minutos de la tragedia. Vale.

Pues qué mentiroso, el hombre: el viernes, Puente sostuvo que su manera de asumir la responsabilidad era dar la cara. Anteanoche vino a decir que, después de dos accidentes de esa gravedad en menos de un año, un ministro de Transportes tiene que irse. Entre una declaración y otra pasaron cuatro días. Cambiar de opinión en cuatro días es perfectamente saludable. Lo que cuesta tragar es que Puente quiera apuntarse a la vez el mérito de haber resistido cuando medio país le pedía la dimisión y el de haber tenido claro desde el primer minuto que iba a tirar la toalla. La hemeroteca tiene también sus inconvenientes.

Mi impresión es que Puente pensó en dimitir desde el principio, pero tardó bastante más en decidirse. A medida que pasaban los días, debió de entender que su destino más probable era convertirse en carne de cañón de una campaña en la que al Gobierno le convenía hablar de cualquier cosa antes que de trenes. Cada rueda de prensa, cada nueva revelación sobre el accidente y cada pregunta sobre su continuidad iban a devolverle al mismo sitio: el potro de tortura. Y si al final iba a ser cesado de todas formas, aún podía elegir el momento, el escenario y la última palabra. Eligió el Congreso y esperó a su último turno, cuando los grupos ya habían intervenido y las incongruencias de su decisión quedarían sin réplica.

Queda por saber qué sabía Sánchez de la intención del ministro tuitero y desde cuándo lo sabía. Puente ha asegurado que le comunicó su decisión apenas unos minutos antes de anunciarla y esa es también la versión que trasladó el Gobierno. El viernes, sin embargo, elDiario.es había publicado que el ministro ya había planteado al presidente la posibilidad de dimitir y que Sánchez le había pedido que siguiera.

Ambas cosas pueden ser ciertas. Una conversación sobre la posibilidad de marcharse en algún momento no es lo mismo que avisar de que uno se marcha. Lo que falta por aclarar es si Sánchez conocía de antemano el desenlace de la comparecencia, o se enteró cuando ya apenas tenía tiempo siquiera de descolgar el teléfono e intentar convencer a Puente para que aguantara. En cualquiera de los dos casos, Puente le ha hecho un buen descosido a la estrategia de resistencia sanchista.

El presidente había dicho que dos accidentes muy graves en menos de un año son inasumibles y había prometido contundencia si se acreditaba negligencia. Al final, la primera consecuencia política de Urda la decidió el propio ministro y la anunció en un turno en el que el presidente no tenía la palabra. A Sánchez le quedó agradecerle el gesto. También eso tiene su ironía.

La dimisión tiene sentido precisamente porque la responsabilidad política puede asumirse mientras los investigadores hacen su trabajo. En Urda cayó el sistema principal de señalización, un tren recibió autorización para avanzar y el otro quedó detenido en la misma vía. Habrá que determinar por qué la sucesión de fallos acabó en una catástrofe y qué responsabilidad corresponde a cada cual. Si la investigación acaba encontrando un error en el puesto de control, seguirá quedando por explicar cómo pudo un solo error atravesar todas las barreras de un sistema concebido para impedir una colisión. Esa pregunta seguirá revoloteando por el despacho del ministro sea cual sea el nombre que figure en la puerta.

Que Carlos Cuerpo asuma provisionalmente Transportes es -pienso yo- una buena noticia. Por lo menos, cabe esperar que nos ahorre los insultos y los desprecios con los que Puente despacha siempre a quien le lleva la contraria. Lo que resulta en verdad asombroso es que sea el propio Sánchez quien presente al vicepresidente como la persona indicada para devolver al ferrocarril la confianza, la seguridad y la certidumbre. Cuerpo y Puente se parecen tanto como un botijo a una castaña: uno se ha hecho un nombre explicando asuntos complicados sin levantar un átomo la voz. El otro es famoso por convertir en arte povero y tuit mezquino, cualquier opinión no asimilable a la suya.

Sánchez ha acertado al nombrar a Cuerpo. Ha identificado el perfil necesario en Transportes (y también el que se precisa en Presidencia). Lo que cuesta entender es que incluso para descubrir que hay gente educada y con capacidad de gestionar la cosa pública sin insultos, Sánchez haya necesitado que Puente se largara a casa por su cuenta y riesgo.