Grupo de reptilianos a punto de preparar una conspiración
La última explicación sobre lo ocurrido en Ceuta sostiene que el Mosad organizó la avalancha migratoria para castigar a Sánchez por su posición sobre Gaza, el reconocimiento de Palestina y su acercamiento a China. La teoría se atribuye a los servicios de inteligencia chinos, que habrían detectado una operación conjunta de Israel y Marruecos destinada a perjudicar al Gobierno español y desestabilizar las fronteras europeas.
El origen conocido de la historia es un artículo de Nadia Helmy, profesora egipcia especializada en política china, publicado en la revista digital Modern Diplomacy. Helmy menciona a círculos políticos, militares y de inteligencia chinos e incluso al Noveno Buró del Ministerio de Seguridad del Estado. Pero no identifica ningún documento, informe, portavoz o fuente concreta que permita comprobar que la inteligencia china ha llegado realmente a esa conclusión. Lo único acreditado es que esa profesora asegura que China acusa al Mosad. A partir de ahí, la afirmación puede recorrer medio mundo, aparecer en periódicos, radios, televisiones y redes sociales y terminar convertida en una verdad alternativa. Al final del recorrido ya no recordaremos de dónde salió. Diremos simplemente que “la inteligencia china cree” que Israel fue quien organizó lo de Ceuta.
Puede ser verdad. También puede ser parcialmente cierta, una interpretación interesada o una completa patraña. No disponemos de instrumentos fiables para saberlo, pero la teoría resulta verosímil para sobrevivir: Israel mantiene una estrecha cooperación militar y de inteligencia con Marruecos. Netanyahu tiene sobradas razones para estar molesto con Sánchez. China considera a España su mejor interlocutor europeo. Y Marruecos cuenta con la capacidad necesaria para facilitar o impedir el movimiento de decenas de miles de personas hacia la frontera.
La combinación encaja. Pero que una historia encaje no demuestra en absoluto que sea cierta. Nueve días después del asalto a Ceuta tenemos más versiones y menos certezas. El Gobierno nacional sostiene que las mafias difundieron una interpretación interesada de la sentencia del Supremo sobre las devoluciones en caliente. Marruecos asegura que no tuvo ninguna responsabilidad y que advirtió a España de los riesgos de esa resolución. España considera que Rabat no organizó la movilización, pero permitió su desarrollo y aprovechó políticamente sus consecuencias. Otros informes atribuyen directamente la operación al régimen alauita. Y ahora aparecen China, Israel y el Mosad. Podríamos añadir a Rusia, EEUU o un grupo de ninjas reptilianos financiados por Epstein y Musk, que opera desde el subsuelo de unas antiguas instalaciones nazis en Mallorca. El resultado no sería necesariamente más confuso. Cada explicación contiene algún elemento posible, responde a determinados intereses y procede de fuentes que nunca terminan de identificarse. El ciudadano debe escoger entre ellas como quien elige una serie en una plataforma. En función de sus preferencias. Exactamente así es como se construye hoy la opinión pública, otorgando credibilidad a las fuentes según nuestras filias y fobias.
Mientras proliferan las teorías, se manipulan las pruebas. El Departamento de Seguridad Nacional retiró de su página los informes sobre inmigración irregular de los días 11 y 17 de julio. Ambos recogían información del Ministerio del Interior y reflejaban un aumento próximo al 150 por ciento en las entradas por Ceuta y Melilla. Al intentar abrir las paginas aparecía el mensaje: ‘Acceso denegado’. También se eliminó la alerta que cifró en 49.000 las personas que habían entrado en Ceuta durante las primeras 24 horas de la crisis. La funcionaria responsable de publicarla fue cesada fulminantemente, pese a que lo que se contaba era verdad basada en fuentes oficiales. Sus compañeros se han negado a asumir sus competencias y la plataforma informativa de Seguridad Nacional –un organismo que depende directamente de Sánchez- permanecía paralizada desde entonces.
La secuencia es extraordinaria: se castiga a quien publica una información cierta, se borra esa información y después desaparecen también los documentos anteriores que permitían comprobar que la presión migratoria llevaba semanas aumentando. Ayer, tras publicarse que la información fue retirada, el Gobierno decidió reponerla. Es difícil reconstruir qué sabía el Gobierno y cuándo empezó a saberlo.
Un Gobierno que elimina el acceso a documentos públicos destruye su propia credibilidad. Después puede jurar la intervención del Mosad, negar la responsabilidad de Marruecos o vendernos cualquier conspiración internacional, pero ya ha perdido parte de la autoridad necesaria para ser creído. Si borra información verdadera cuando no le gusta… ¿por qué deberíamos confiar en la información que nos ofrece?
Quizá el Mosad organizó la crisis de Ceuta. Quizá Marruecos dejó hacer. Quizá todo empezó con un bulo sobre una sentencia y después fue aprovechado por Rabat. Lo inquietante es que 60.000 personas no pudieron movilizarse sin dejar un rastro inmenso de mensajes, transportes, concentraciones y decisiones administrativas. Alguien sabe lo que ocurrió. Los ciudadanos no.














