“Sí o sí” en el único país posible

por | 27 enero, 2025 | A babor

El Partido Socialista cerró ayer en Canarias su Congreso regional, sin grandes cambios ni incorporaciones, y con una política basada en la continuidad de las ideas y las personas. Una decisión que Nira Fierro, que sigue en la secretaría de organización, resumía en declaraciones a este periódico con una frase que explica lo que hoy piensan en el Gobierno y en Ferraz: “entendemos que este país es así y no puede ser de otra manera”. Fierro utilizó la frase, que representa a la perfección la esencia del sanchismo, los motivos filosóficos de su resistencia, para evitar comprometerse respondiendo a una pregunta crítica: ¿Permitirá el PSOE el perjuicio que supondría para Canarias que Cataluña deje de contribuir a la caja común? Fierro no dijo ni pío a eso, prefirió emular el pensamiento resistente monclovita: este país no puede ser de otra manera. La única manera de ser es la que –en cada momento- se decida en Moncloa.

Pedro Sánchez fue más hábil: aprovechó su intervención en el Congreso para devolverle a Torres sus elogios y tratarlo-como si fuera un Koldo cualquiera- de ejemplo militante de honradez y resiliencia. Eso venía de guion, y luego insistió Sánchez en los elementos que mantienen viva la división del país: la responsabilidad de la derecha y la ultraderecha, ahora secuestradas por el trumpismo, por negarse a apoyar la revalorización de las pensiones, las ayudas a los damnificados del Dana y la prórroga a los de La Palma, o la gratuidad del transporte público. Una decisión que ha provocado dolor y sufrimiento, frente a la voluntad del PSOE de sostener y mejorar el escudo social. El relato de su política de buenos y malos, lleva a Sánchez y sus aguerridos mirmidones a creerse sus propias metáforas. Porque la derecha española no ha votado contra el decreto Ómnibus para impedir la revalorización de las pensiones, las ayudas yola gratuidad del transporte. Ha pedido que esas cuestiones se voten al margen de las ocurrencias podemitas sobre energía u okupación de viviendas, la entrega al PNV de un palacete parisino, la subida del IVA o el incremento de la factura de la luz. El PP votó contra una técnica diseñada para hacerles votar lo que no quieren votar, lo que el Gobierno quiera. No es la primera vez que Sánchez lo hace: la trágala de colar en una votación medidas populares con otras con las que la oposición no puede estar de acuerdo se repite. En noviembre del año pasado, el PSOE supedito las ayudas a los afectados por la Dana con la continuidad de José Ángel González – un discutido policía afín al ministro Marlaska, en la Dirección Operativa adjunta de la Policía Nacional. Y en junio, para aprobar el decreto anticrisis, había que votar la derogación de normas de la Ley de Enjuiciamiento Civil, imprescindibles para poder sacar la amnistía. Llueve sobre mojado.

Ahora Sánchez repite la jugada: el PP –y Junts, y hasta Vox- han dicho que votarán a favor de las medidas con las que están de acuerdo, y en contra de las otras, si las presentan por separado. ¿Y qué ha dicho Sánchez?  Ha dicho que el decreto no se va a trocear, que o todo o nada, que “sí o sí”. El Gobierno que votó con el PP los cambios en su Ley del ‘Sí es sí’, buscará ahora los votos para aprobar este decreto sin el PP donde haga falta: ‘sí o si’. A ver… el único sitio donde Sánchez puede encontrar los votos que le hacen falta para sacar el decreto -sin trocearlo- es en el partido de Puigdemont, trayéndolo de nuevo a la mayoría. Sánchez piensa que quizá una nueva concesión formal a Junts, como visitar a Puchi en su retiro suizo, podría cambiar las cosas. Es difícil saber que pasa por la cabeza del ex molt honorable president. Pero a estas alturas parece difícil que algo le empuje a reconciliarse con el PSOE. La batería de entregas a Junts que habría que poner sobre la mesa crearía problemas con Esquerra, el PNV y Bildu, sin contar el rechazo que provocaría en el resto de las regiones españolas. Para el líder neoconvergente (vaya palabreja), después de que Sánchez le tratara como si fuera un españolito más –engañándolo, como a todos-, la bronca permanente se ha convertido en su mejor opción: no tumba al Gobierno ni hace caer a su presidente, pero lo desgasta, y permite mantener la política del conflicto constante con el Estado, que es la única que resulta rentable a los indepes.     Sin Junts, las cuentas para poder gobernar en lo que queda de legislatura no salen.

Sánchez puede buscar los votos bajo las piedras, pero si quiere que algunos de sus proyectos prosperen, lo más probable es que tenga que trocear el decreto y presentar las votaciones por separado. Si no lo hace, tendrá que votar en contra de una colección de proposiciones de Ley del PP que pidan lo mismo que pedía él, pero por separado. Y a ver si tiene el valor de votar en contra. La técnica filibustera de colar ostras y caracoles en un mismo guiso parlamentario está ya muy gastada.

Por cierto, Congreso: siendo el único candidato, a Torres le votó el 78 por ciento de los delegados. Esta vez no hubo ‘bulgaridad’.