Un aeropuerto deficiente

por | 04 enero, 2025 | A babor

Las apreturas, retrasos y problemas traicionarles del tráfico aeroportuario en los días álgidos de la campaña de Navidad se vieron agravados el pasado jueves por un incidente en el Reina Sofía –un jet privado se atravesó en la pista y la bloqueó durante hora y media- , que colapsó completamente el aeropuerto y obligó al desvío de vuelos a otros aeropuertos insulares, contagiando el colapsó al de Los Rodeos.

El bloqueo de la única pista del Reina Sofía por un incidente menor sin víctimas, la demora en retirarlo y la enorme presión al sistema que suponen tener que ajustar la entrada y salida de decenas de aviones y miles de personas, provocó una situación indeseada y estrafalaria en el sistema aeroportuario de Tenerife, pero -sobre todo- supuso un aviso de la situación en la que, a pesar de los continuos avisos y advertencias a Aena de las autoridades locales y los agentes sociales, se vive hoy en el Reina Sofía, el aeropuerto por el que entran millones de viajeros a Tenerife y que se ha convertido en una auténtica vergüenza, una mancha en la declarada voluntad de mejora del sector turístico en las islas.

El Reina Sofía, es una infraestructura esencial para la conectividad y el desarrollo económico de la isla. Desde su inauguración en 1978, ha servido como eje vital para el turismo y el comercio, siendo un punto de entrada clave para millones de visitantes cada año. El aeropuerto opera las 24 horas del día y conecta Tenerife con más de un centenar de destinos internacionales y nacionales. Durante la temporada de invierno 2024-2025, las compañías han programado 42.200 operaciones, cubriendo 202 rutas y ofreciendo casi ocho millones de plazas, lo que determinada la enorme importancia del Reina Sofía en la red de transporte aéreo nacional. Sin embargo, esta creciente oferta también pone en evidencia las inexplicables carencias en la infraestructura y los servicios de uno de los aeropuertos más rentables de España.

Como suele ocurrir con frecuencia, los árboles a veces no dejan ver el bosque. Los problemas inmediatos nos hacen olvidar los más grandes. Los retrasos en la recogida de los pasajeros, sobre todo los que vuelan en compañías de bajo coste que contratan una sola guagua que viaja entre el avión y el terminal hasta en cinco o seis ocasiones, antes de descargar a todo el pasaje, ponen de manifiesto la avaricia sin control de las low cost y la absoluta dejación de la administración para establecer niveles mínimos de atención a los usuarios.

Otro motivo de crispación son las interminables colas en el control de pasaportes, donde los pasajeros pueden esperar hasta dos horas para ser atendidos. La insuficiencia ya estructural de policías, o la inoperatividad de los flamantes sistemas automatizados de control facial -un auténtico y carísimo bluf del que alguien debería dar cuenta- producen un cabreo monumental entre los viajeros, especialmente los británicos, obligados desde el Brexit a pasar por ventanilla.

También la escasez de taxis, y la pésima gestión de ese servicio, impropia de un aeropuerto importante, es un desastre recurrente. Las largas colas de pasajeros que intentan contratar un taxi tras su llegada al aeropuerto son constantes, generando frustración entre los turistas y afectando la imagen del destino. Desde que el avión aterriza hasta que los turistas llegan a su hotel, pueden llegar a pasar hasta cinco horas. Es desesperante después de haber estado inmovilizado en un avión durante un montón de tiempo. El malestar de los pasajeros se agravada ahora por la necesidad de nuevas colas en el hotel para facilitar medio centenar de datos innecesarios antes de poder hospedarse y reponerse del trayecto.

Pero todo ese catálogo de desdichas, que afectan la percepción de Tenerife como destino amable y eficiente, son solo una parte del problema. Aunque parece un asunto desterrado del debate público, en el Reina Sofía, a pesar de las promesas y compromisos de Aena, sólo se han realizado parches. La construcción de una segunda pista es una medida imprescindible para garantizar que se puedan satisfacer las demandas actuales y futuras. Una pista adicional incrementaría la capacidad operativa, facilitando un mayor número de despegues y aterrizajes por hora, reduciendo retrasos y mejorando la eficiencia y la seguridad. Además, permitiría ofrecer una alternativa en caso de emergencias o mantenimiento de la pista principal, asegurando la continuidad de las operaciones y evitando colapsos contagiosos como el del pasado jueves.

Pero además de la segunda pista, es necesario ampliar las terminales, modernizar las instalaciones existentes y optimizar el flujo de pasajeros, con sistemas avanzados de control pasaportes para reducir las largas esperas y el lógico y legítimo malestar con el que miles de viajeros se enfrentan al llegar a la isla.