Úrsula K. Le Guin: “El periodismo serio se distingue por no disfrazar la especulación con hechos.”

«Ningún periodista de raza admitiría que alguien que hace o sufre —de manera intencional o no— algo que la sitúa en el ojo público tiene derecho a la privacidad. Pero en la práctica los periodistas respetan la privacidad al describir actos y palabras objetivas, dejando que los motivos, ideas y sentimientos subjetivos se deduzcan de la descripción; dejando aparte los tabloides, casi todos los periodistas actúan así.» Cita de Contar es escuchar.

Úrsula no fue periodista, pero sí una de las escritoras más prolíficas que ha parido Estados Unidos. En sus casi sesenta años de carrera, escribió más de veinte novelas, un centenar de cuentos y doce volúmenes de poesía. Desde luego, sabía lo que valía cada palabra que salía de su boca y de su pluma. No por haber dedicado sus mayores trabajos a la ciencia ficción vivió más de espaldas al mundo. Dicen por ahí que este género de la literatura es para intelectuales y mentes visionarias, y probablemente tu conexión con la realidad que tantas puertas le cerró en la cara, fue lo que la hizo retratar tan bien a la humanidad en sus más profundos anhelos y patrones de comportamiento futuros. Su forma de usar las palabras para crear relatos verosímiles en un futuro cercano, la convirtió en una verdadera experta en el arte de escuchar. Y por tanto, en el arte de escribir. Eso le da la potestad de reflexionar y opinar sobre la profesión periodística, como hizo en muchas conferencias, entrevistas y ensayos, recopilados posteriormente en Contar es escuchar.

Mientras la rechazaban por ser una mujer que escribía en un género menor y tomado por hombres, ella creó un universo en el que sus personajes simplemente eran, sin importar el paquete de cromosomas con el que vinieran. Mujer valiente donde las haya, vaya. Y fue tan persistente en encontrar su sitio, que Un mago de terramar y La mano izquierda de la oscuridad le supusieron un premio Hugo y Nébula, respectivamente.

Ursula Kroeber nació el 21 de octubre de 1929 en Berkeley, California, Estados Unidos, y falleció el 22 de enero de 2018. Hija del distinguido antropólogo A.L. Kroeber y la escritora Theodora Kroeber, asistió al Radcliffe College y a la Columbia University. Los métodos de la antropología influyeron en sus historias de ciencia ficción, que a menudo presentan descripciones muy detalladas de sociedades alienígenas. Sus primeras tres novelas, El mundo de Rocannon (1966), Planeta de exilio (1966) y La ciudad de las ilusiones (1967), introducen seres del planeta Hain, que establecieron la vida humana en planetas habitables, incluida la Tierra. 

Aunque su serie Terramar -Un mago de Terramar (1968), Las tumbas de Atuan (1971), La costa más lejana (1972), Tehanu (1990), Cuentos de Terramar (2001) y El otro viento (2001)- fueron escritos para los niños, su hábil escritura  y las percepciones agudas atrajeron a un gran número de lectores adultos. Volvió a tocar el mercado de adultos jóvenes con su serie Anales de la costa occidental, que incluye Gifts (2004), Voices (2006) y Powers (2007). También escribió una serie de libros sobre gatos con alas; la serie incluía Catwings Return y Jane on her Own, ambas publicadas en 1999.

Las novelas filosóficamente más significativas de Le Guin exhiben la misma atención al detalle que caracteriza sus obras de ciencia ficción y alta fantasía. La mano izquierda de la oscuridad (1969) trata de una raza de personas andróginas que pueden convertirse en hombres o mujeres. En Los desposeídos: una utopía ambigua (1974), examinó dos mundos vecinos que son el hogar de sociedades antitéticas, una capitalista, la otra anárquica, que sofocan la libertad de maneras particulares. La destrucción de los pueblos indígenas en un planeta colonizado por la Tierra es el enfoque de El nombre del mundo es Bosque (1972). El eterno regreso a casa (1985) se refiere a los Kesh, sobrevivientes de la guerra nuclear en California, e incluye poesía, prosa, leyendas, autobiografía y una grabación de la música de Kesh.

Entre sus premios se encuentran ocho premios Hugo, seis Nébula y veintidós Locus. En 2003 se convirtió en la segunda mujer honrada como Gran Maestra por la Asociación de escritores de ciencia ficción y fantasía de Estados Unidos. La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos la nombró Leyenda viva en el año 2000, en 2014 recibió la Medalla por Contribución Distinguida a las Letras Estadounidenses y en 2017 fue nombrada miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras.