Un reconocimiento necesario

Empezó con un golpe de suerte, el de estar filmando por la zona cuando nació el volcán, y desde ahí, y casi desde el primer minuto, la tele canaria ha hecho casi siempre lo que se supone que debe hacer una tele pública, que es informar con criterio profesional y sin aspavientos de lo que realmente preocupa a los espectadores. El esfuerzo de los profesionales de la tele por mantener a toda costa la conexión con La Palma, aportando imágenes e información, y procurando no engolfarse en el sufrimiento ajeno, en la desgracia o en el sensacionalismo, tentaciones a las que han sucumbido otras televisiones, merece nuestro aplauso. Y puede incluso merecer ese premio Ondas que Salvador García, presidente de la Asociación de la Prensa de Tenerife, ha pedido para la tele, con el mismo entusiasmo y probada lealtad que le caracteriza en todo lo que hace.

Personalmente creo que la gente que trabaja en la tele –incluyendo a quienes dirigen su trabajo- se merece reconocimiento por su compromiso informativo con los canarios y por su esfuerzo de profesionalidad. Lo creo tanto que no me parece suficiente con una decorativa estatuilla. Si al final prospera lo del Premio Ondas, el administrador único podrá colocarlo en una estantería, pero no va a hacer que mejore la situación de la gente que trabaja en la tele. Un buen reconocimiento al trabajo comprometido y esforzado de estas dos semanas y media (y al que seguramente ha de venir) sería negociar el convenio de los trabajadores de la televisión canaria, y resolver su actual situación de interinidad de una vez por todas. Un buen reconocimiento sería reconocerles el vínculo laboral con la tele. Quizá resulte extraño, pero los trabajadores –presentadores, editoras, redactoras, cámaras, maquilladores, técnicos, electricistas- carecen del reconocimiento que más se merecen, que es el de ser empleados  de la tele pública. Desde hace casi un cuarto de siglo, cuando la tele se puso en marcha, han estado saltando de productora a productora y tiro porque me toca, hasta estar ahora –hace un par de años- en situación de subrogación laboral, sin que nadie sea capaz de garantizarles si algún día se convertirán en trabajadores del Ente y se les reconocerán los años trabajados en la tele cobrando de otras empresas. Supongo que ese reconocimiento les haría más ilusión que otra bonita estatuilla dorada para el despacho del Administrador, y –sobre todo- sería mucho más de justicia.

Pero para poder hacerlo, para poder reconocerles su condición de trabajadores de la tele pública, es necesario también que quienes hoy aplauden y piden reconocimiento desde el Parlamento de Canarias, se decidan de una vez por todas a aprobar el Mandato Marco que establezca qué modelo de gestión debe tener la televisión, si público o privado. Porque es una vergüenza que casi 25 años después, los trabajadores sigan sin disponer de una mesa de propiedad pública, un taburete público, una cámara de televisión pública, un micrófono público, un ordenador o un bolígrafo público con los que hacer su trabajo. Es una vergüenza que todo-todo-todo lo que usan sea alquilado. Una vergüenza y una ruina, que hace que este año la tele nos cueste más millones que el año pasado, y más que el anterior, o que el administrador vuelva a sacar a toda prisa un contrato de 54 millones de euros que volverá a ganar a toda prisa un empresario privado, mientras el Parlamento sigue sin definir que tele es la que quiere, el Gobierno se desentiende del convenio y centenares de trabajadores siguen sin derechos laborales.

¿Quieren reconocerles su trabajo? Contrátenlos de una vez. No dejen pasar otro cuarto de siglo.