Tirón de orejas de Bruselas

La Comisión Europea dinamitó ayer las previsiones de crecimiento para España,  advirtiendo del grave riesgo de un desfase fiscal en los presupuestos del 2022, y de que España se quede muy por detrás de la recuperación que se va a producir en el resto de los países europeos. Las previsiones de Bruselas dibujan un diagnóstico muy distinto del presentado alegremente por el Gobierno español en sus datos macroeconómicos para el próximo año, que ya han cuestionado todas las instancias económicas mundiales. De hecho, esta nueva reducción de las previsiones de crecimiento de España supera los malos pronósticos presentados por el Fondo Monetario Internacional, o el desastroso dato  de PIB que reveló el INE el mes pasado.

Aún así, y para este año que ahora concluye, el Gobierno español mantiene en sus previsiones –ya revisadas- un crecimiento del 6,5 por ciento del PIB -bajo si se considera la espectacular caída de más del diez por ciento sufrida en la producción de riqueza del país en 2020- frente a un pronóstico europeo que advierte de que la economía crecerá en España apenas un 4,6 muy por debajo de la mitad de lo perdido en 2020, y un 1,6 por ciento detrás de las iniciales previsiones de la Comisión. Y en 2022, el próximo año, el crecimiento será menos de un punto superior al de este año, tan sólo del 5,5 colocando a España en lo que se refiere a su recuperación económica, en el último puesto de los países del continente, a estratosférica distancia del resto de Europa, donde la salida de la crisis originada por la pandemia se manifiesta de forma imparable.

Antes siquiera de que haya comenzado el debate de los Presupuestos del próximo año, las cuentas del Estado quedan completamente tocadas en su credibilidad. Es probable que el Gobierno mantenga su muy mesetaria chulería, opte por “sostenella y no enmendalla” y decida mantener las cuentas exactamente como las presentó, pasándose las advertencias de Bruselas por el arco de triunfo. Pésima decisión esa, porque -a pesar de los discursos triunfalistas del Gobierno Sánchez, las mentiras sobre el efecto del maná europeo en la recuperación, y los apaños contables en el Presupuesto 2022-, España no va a recuperar el PIB previo a la crisis, al menos hasta el segundo semestre de 2023, muy al contrario de lo que está ocurriendo en el resto de Europa, donde Francia alcanzará su PIB perdido a finales de este ejercicio, Alemania lo hará en enero del año que viene, e Italia en la próxima primavera. De hecho, el conjunto de la Eurozona recuperará la actividad previa a la pandemia antes de acabar este ejercicio, con un PIB superior en un cinco por ciento al de 2020, en una escalada económica sólo puesta en peligro por la incertidumbre ante la errante evolución de la pandemia, cuya sexta ola podría provocar nuevos problemas en una Europa alejada de las tasas de vacunación deseables. Y también por la influencia de los problemas de logística en los suministros y el fuerte crecimiento que apunta la inflación. Los indicadores apuntan que va a moverse cerca de un par de décimas por debajo del cuatro por ciento, y eso va a disparar todas las alarmas en el Banco Central Europeo, para que suban los tipos de interés del dinero y se retiren los estímulos puestos en marcha para frenar los efectos devastadores de la crisis, algo que provocará sin duda serios problemas en un país con la inversión paralizada y la deuda disparada como es España.       

Con estos mimbres, el equilibrio fiscal entre ingresos y gastos previstos en el presupuesto de 2022 no va a cumplirse. Y si no se cumple, o el Gobierno reduce sus gastos, o bien tendrá que aumentar los impuestos o sumar más déficit e ir a más deuda. Y cualquiera de esas dos opciones alternativas las van a pagar a la larga los mismos de siempre: los más pobres.