Socialdemocracia

Pedro Sánchez acudió a la clausura del III Foro de la Toja: debió producirle cierto desasosiego que Felipe González y Mariano Rajoy se pusieran allí con tanta facilidad de acuerdo en casi todo, que prefirió suavizar el tono y no llevarles mucho la contraria. Sus predecesores en la presidencia del Gobierno habían insistido en la conveniencia de desatascar los bloqueos institucionales -el del poder judicial, por ejemplo-, buscar consensos en los asuntos importantes del Estado, e intentar alcanzar acuerdos siempre que no pongan en cuestión el ordenamiento constitucional. Sánchez no les llevó directamente la contraria, se sacó de la manga otro proyecto estrella –esta vez de recuperación del uso del español- y optó por mostrar un perfil elegantemente izquierdista: remedando a Vargas Llosa, se refirió al “poder del voto” pero lo hizo para referirse a los resultados recientes de Noruega o de Alemania, donde han mejorado los partidos de centroizquierda, y de paso aprovechó para asegurar que los ciudadanos europeos quieren “soluciones socialdemócratas” a la crisis originada por el Covid. Se trata de encontrar formas de superar la crisis que –cree el señor Sánchez- han sido diferentes en la España de hoy a las que se produjeron tras la crisis de 2008. Sánchez explicó que de las crisis se sale gracias a la acción de “un Estado social y democrático de derecho, fuerte y con recursos, más justo y comprometido” que sea capaz de actuar decididamente contra las pandemias y las catástrofes naturales, como el volcán de La Palma, las inundaciones, los terremotos y los incendios.

Desde luego, no puede negársele a Sánchez sentido de la oportunidad a la hora de elaborar doctrina: parece como si se sintiera a gusto como presidente del Estado providencia, resolviendo entuertos y regando con dinero europeo el jardín de los desastres. En realidad, la solución socialdemócrata a la crisis –si vamos a los datos- no lo está siendo más que de boquilla, y eso a pesar de que los gobiernos conservadores de Europa le han inyectado al gobierno de España un chute de millones como jamás habían llegado a este país, ni siquiera en la época de los fondos de convergencia.    

Datos: tras la pandemia, en España hay más desigualdad, más pobreza, más paro y más injusticia social de las que había hace dos años. El Gobierno ha hablado mucho de resolver los problemas de los más vulnerables y evitar la brecha social, pero una cosa es predicar y otra dar trigo. Sólo comparando las cifras de empleo previas a la crisis a las actuales, se constata que las respuestas pretendidamente socialdemócratas de Sánchez a la crisis no están funcionando. Probablemente porque no son socialdemócratas.

Y es que no es socialdemócrata permitir una situación de paro creciente, ni esconderla bajo ertes financiados sine die por deuda pública que habrán de pagar nuestros hijos. No es socialdemócrata dejar que las eléctricas se pongan las botas con beneficios caídos del cielo, mientras el precio de la energía crece imparable. No es socialdemócrata prometer aumentos de pensión a los jubilados que no se van a poder cumplir, como no lo es establecer discrecionalmente valores de referencia de los productos, servicios o salarios, sin contar con empresas y sindicatos.

Ser socialdemócrata es crear empleo, afrontar la pobreza, cobrar impuestos a los más ricos, que hoy son esas tecnológicas, bancos y compañías eléctricas a los que se va a hacer más ricos tupiéndolos con fondos europeos los próximos tres años. Ser socialdemócrata es comprometerse con las pensiones haciendo que sean viables, evitar que la inflación devore los ahorros de las clases medias y que la deuda pública destruya el futuro de las nuevas generaciones. Ser socialdemócrata es hablar menos y currar más, legislar desde la lógica y no desde la oportunidad y la conveniencia, pensar en el bien común y no en el propio, evitar que el país se divida irreparablemente en territorios ricos y territorios pobres. Ser socialdemócrata es afrontar que hay cosas que no pueden hacerse por mucho que se desee, y explicarlo. Y sobre todo es trabajar para unir a la sociedad, buscar acuerdos y consensos, rechazar el enfrentamiento y abominar del odio y de las ideologías que lo utilizan.

Sánchez no es socialdemócrata, ni siquiera parece que tenga muy claro lo que serlo significa.