Ruido de tractores

Los tractores han entrado en campaña. Hay miles de máquinas colapsando las carreteras españolas, y algunas acciones violentas contra la Guardia Civil, a la que el Gobierno ha ordenado evitar que los tractores bloquen las ciudades. Quizá dentro de unos pocos años a esos guardias y policías a los que ahora agrede algún enfurecido tractorista, se les juzgue por intentar evitar las manifestaciones.

Tractores: agricultores y ganaderos españoles se suman a la kermesse de sus colegas europeos, pidiendo reducir la regulación medioambiental, simplificar el papeleo de las ayudas europeas y frenar la caída en picado del valor de las cosechas. Feijóo coquetea con el escepticismo de los agricultores y habla de ‘dogmatismo ambiental’, se instala en el guiño al populismo negacionista. Sánchez promete reformar la Ley de Cadena Alimentaria, aprobada como quien dice anteayer, para que los productores no vendan sus productos a pérdida. ¿Reformar la ley? Pero si la ley ya prohíbe la venta a pérdida…

Mientras Sánchez y Feijóo recurren a decir lo que creen que quieren escucharles, las marchas exigen la continuidad del modelo de ayudas a la producción –un modelo que Europa intenta cambiar para cambiar la demografía del sector- y piden la relajación de las normas agrícolas europeas, cada vez más complejas. Lo piden porque –dicen- no es posible competir en igualdad de condiciones con la producción del tercer mundo: aquí hay que pagar mejores salarios a trabajadores sindicados, establecer mecanismos de trazabilidad, renunciar al uso de pesticidas peligrosos… en Marruecos y Centroamérica, no. Basta con sembrar y la tierra te devuelve lo que metas en ella, multiplicado por cien. Igualdad de condiciones, claman. ¿pero qué igualdad puede existir entre una agricultura subvencionada con 53.000 millones de euros anuales y otra que va a pelo? La igualdad es pura quimera: aquí lo que se debate no es la igualdad de oportunidades, sino la protección de los mercados, el cierre de los nuestros a los productos baratos. Lo que pasa es que ya nadie llama a las cosas por su nombre. Los agricultores españoles se quejan de la entrada de productos marroquíes o chilenos en Europa, y en Europa los marroquíes y chilenos a los que tiran la cosecha por las cunetas somos nosotros.

Con un patio así de revuelto, el gobierno debería estar preocupado: pero en realidad, a Sánchez le es absolutamente indiferente lo que hagan los tractores. Desvían la atención del fiasco de su acuerdo con Junts, del fracaso de la amnistía feliz y exprés que había preparado. De hecho, le viene bien que los tractores entren en la campaña y si es posible que la líen. Para él lo importante no es ganar las elecciones, lo importante es mantenerse en el poder. En Galicia da por descontado que el PSOE no será ni primera ni segunda fuerza, sino tercera. Lo ideal para Sánchez sería que Sumar no se coma un rosco, que los votos de doña Yolanda vayan a apuntalar la alternativa nacionalista, y que Galicia pase a ser después de estas elecciones la tercera región española gobernada por fuerzas desleales al Estado.

Para Sánchez, la desaparición del poder territorial del PSOE no es necesariamente una mala noticia. Ya da por cierto que no habrá nada que hacer después de esta legislatura, y lo que toca es aguantar cediendo y cediendo, y eso es más fácil de hacer si no hay psoes regionales que le planten cara. Para Sánchez el verdadero problema no es que Feijóo gane otra vez en Galicia. Es que García Page gobierne Castilla-La Mancha, y desde esa trinchera, cuña de madera propia, siga recordando al país que esta política es un fraude, y sus protagonistas trileros que juegan al peligro.

Porque las aguas bajan más revueltas cada día que pasa: la Junta Electoral Central pide a la de Galicia que abra expediente sancionador contra Sánchez por el acto propagandístico en Navantia, donde anuncio 1.800 empleos y 440 millones de inversión directa en los astilleros, en plena campaña. El Poder Judicial gana tiempo: solicita al Senado prorroga hasta final de mes para entregar su informe sobre la amnistía. Y el Parlamento Europeo vota por aplastante mayoría (lo votaron –allí- hasta los mismos socialistas que –aquí- defienden la amnistía), investigar la intervención rusa en el procés, y los encuentros de Puigdemont con espías del Kremlin.  Europa quiere que España informe de los contactos de eurodiputados independentistas catalanes con Rusia. En cuanto a la Comisión de Venecia, encargada por Bruselas de informar sobre si la amnistía pret-a-porter de Sánchez es compatible con los estándares democráticos europeos, la separación de poderes y al respeto al derecho, Cayetana Álvarez de Toledo salió entusiasmada del encuentro, justo lo contrario que los de ERC y Junts.

Los tractores hacen mucho ruido, sin duda.

Pero hay algo más que tractores en el horizonte cercano…