Realidad alternativa

Instalados en la perspectiva de una debacle de la que probablemente no son ni siquiera especialmente responsables (la responsabilidad principal hay que buscarla unos 2.017 km. hacia el Norte), los socialistas canarios parecen instalados en la presentación de una realidad más benévola: la que van a anunciar en las próximas horas, días o semanas –y al alimón- las distintas encuestas realizada sobre la situación en Canarias: la realidad del sociobarometro del Gobierno –una imitación local de los esfuerzos de Tezanos cuando no se dedica a escribir la biografía hagiográfica de su líder y mentor-, y de los sondeos encargados por el PSOE. Ambos ejercicios demoscópicos vienen a ir incluso más allá de lo increíble, para situarse en lo risible.

La realidad que se quiere presentar es que el pacto de izquierdas es reproducible tras las próximas elecciones: porque el PSOE pasa en Canarias de 25 a 30 diputados, probablemente aupado por el inenarrable entusiasmo de las masas isleñas ante la extraordinaria gestión de sus dirigentes locales, y sin que la hartura nacional con el sanchismo y sus políticas afecte a Torres y los suyos.

Se trata de una ocurrente hipótesis que –con la boca chica, no vaya a ser que se ofenda el jefe- te sueltan los dirigentes socialistas a la que te descuidas: “en Canarias es distinto al resto de España, aquí va todo muy bien, las encuestas son cada vez más favorables”. Pues será, pero la experiencia de casi medio siglo de democracia lo que nos dice es que los resultados en Canarias funcionan con un efecto de vasos comunicantes con los resultados nacionales. Es cierto que en los primeros años de democracia, ese efecto tardaba más en llegar a las islas, no una hora menos, sino a veces una elección menos (la hecatombe de UCD en 1982 se retrasó en las islas casi una legislatura), pero desde entonces, los procesos electorales se han ido acompasando. Desde 1985, en Canarias el PSOE siempre gana cuando gana en España (y eso no siempre significa que acabe gobernando) y también el PP gana cuando gana en España. 

Eso es lo que nos dicen tozudamente los resultados electorales de las últimas doce legislaturas, pero parece que en esta ocasión el extraordinario magnetismo y carisma del presidente Torres va a evitar que la constante que define nuestro comportamiento electoral se repita: aquí desaparecerá Ciudadanos (como en el resto de España) pinchará Podemos (como en el resto de España), pero Román Rodríguez (que controla el sociobarómetro) y Torres (que paga el sondeo del PSOE) van no ya a aguantar, sino a crecer, sin que les pestañee una sola ceja. 30 diputados el PSOE y 5 o 6 Román Rodríguez, un resultado que permitirá incluso que no precisen siquiera de Podemos o Curbelo para gobernar. 

Es una presentación propiamente beoda: mientras la izquierda retrocede en todos los sondeos que en España se hacen, en Canarias avanza imparable. Y por eso, lo que estudia el PSOE canario –dicen que dicen los socialistas- es adelantar unos meses las próximas elecciones regionales. Quizá para evitar que los fantásticos resultados previstos se contaminen por la cruda realidad que se vislumbra de Cádiz a los Pirineos. Para evitar el contagio, en Canarias se adelantarían las elecciones de mayo de 2023 a octubre o noviembre de 2022.

Ni aunque Torres pudiera creerse algo tan peregrino –y de verdad de la buena que no se lo cree- adelantaría elecciones. Y no porque sin el concurso e impulso de sus alcaldes –primer activo electoral del PSOE canario- las elecciones regionales no llegarían ni al 40 por ciento de participación. Más bien porque asumir la convocatoria de un adelanto electoral, con una mayoría suficiente y sin una crisis de Gobierno, sería suicida para quien lo haga.

Mejor esperar que suene la flauta y la derecha canaria vuelva a necesitar al leal Curbelo para alcanzar el Gobierno. Esa es la oportunidad de Torres. Pero no para reeditar el pacto de izquierdas. Para mantenerse en el Gobierno con aliados nuevos. Se abren las apuestas