Ná de NAP

El llamado ‘caso NAP’ del que la fiscalía decidió la pasada semana apartar a doce de los catorce investigados, es una hijuela judicial de otro caso bastante más complejo, también relacionado con la larga etapa de Ricardo  Melchior al frente del Cabildo de Tenerife.  El caso surge tras una denuncia de los responsables actuales del Cabildo, en concreto para determinar posibles responsabilidades patrimoniales de los gestores anteriores por la compra en 2012 de dos terrenos de la Ciudad Deportiva del Tenerife, en Geneto, por los que se pagaron casi 19 millones de euros. La investigación del ‘caso Geneto’ provocó en su arranque un enorme malestar en el PSOE tinerfeño, dado que se produjo a iniciativa de Enrique Arriaga, socio del PSOE en  el actual equipo dirigente del cabildo, de mayoría socialista, y -aunque su intención original era lograr el procesamiento por corrupción de los dos expresidentes nacionalista del Cabildo, Ricardo Melchior y Carlos Alonso- acabó contagiando al PSOE y supuso que varios dirigentes del partido fueran  también  investigados por corrupción. Entre ellos, Julio Pérez, portavoz del actual Gobierno de Canarias y consejero de Justicia y Seguridad, o el director General de Infraestructura Viaria del Gobierno de Canarias, José Luis Delgado, un hombre clave en el PSOE tinerfeño, muy próximo al todopoderoso alcalde de Adeje, Jose Miguel Rodríguez Fraga. 

El ‘caso Geneto’ sigue su camino, pero el ‘caso NAP’ se desinfló bastante esta semana, después de que la totalidad del consejo de administración del ITER, con la excepción de Melchior, que era su presidente, y de su director gerente, Manuel Cendagorta. Han quedado exculpados (de momento por la fiscalía, pero es poco probable que la juez decida mantenerlos en la causa) el propio Carlos Alonso, varios consejeros del Cabildo de la pasada etapa, y personalidades que formaban parte del consejo del ITER en representación de otros organismos, como el presidente de CajaCanarias, Álvaro Arvelo, el rector de La Laguna, Eduardo Domenech, o el director del instituto Astrofísico de Canarias, Francisco Sánchez, además de otros cuantos consejeros que ‘pasaban por alli’. 

La Fiscalía, sin embargo, mantiene la acusación de prevaricación y malversación contra los dos investigados clave, el presidente Melchor y el director del ITER, a los que se acusa de quebranto patrimonial del ITER para favorecer a los empresarios afectados. Esa formulación del caso provocó en su momento un obvio rechazo de los empresarios implicados. Lo cierto es que fueron convocados por el Cabildo para que se implicaran en la creación de la tecnológica NAP, en la que se invirtieron importantes cantidades de dinero, y cuando no salió como se les había prometido, con el NAP empeñado en seis millones de deuda, se les ofreció desde el Cabildo mantenerse en la operación, o la recompra sin plusvalías de su inversión, con recursos públicos.  

Esa recompra es la que se cuestiona por parte de la Fiscalía. Y hay razones para la duda: quienes se deshicieron de su capital en el NAP, no ganaron nada, pero recuperaron la inversión. Es más que probable que si el NAP hubiera logrado sus objetivos económicos, los empresarios habrían tenido la oportunidad de obtener beneficios. La operación NAP se produce entonces como una ‘operación con garantías’, algo que no es frecuente en el mundo de la empresa. Aunque los empresarios explican que se les llamó desde el Cabildo para poner dinero -como en tantas ocasiones previas- y luego para salir, y que ellos hicieron lo que el Cabildo les pidió. Es muy probable que sea cierto: durante años, y más especialmente en la etapa de Melchior, el Cabildo diseñó, animó y tuteló distintas operaciones de creación de grupos empresariales con participación público-privada. Algunas -como la que dio lugar al ‘caso Geneto’ y muy colateralmente al NAP- estuvieron vinculadas a las necesidades del Tenerife, otra entidad privada. La mayoría de esas operaciones no tuvieron demasiado recorrido, y otras acabaron en los tribunales. Como esta del NAP, que prometía un macrojuicio a la entente nacionalista y del PSOE que gobernó Tenerife los últimos años, y que al final se ha quedado en casi nada.