Miguel Delibes: “El periodismo es un borrador de la literatura… Y la literatura es el periodismo sin el apremio del cierre”.

Existe un recurrente debate en la profesión (y fuera de ella) sobre los vínculos existentes entre literatura y periodismo. Y es lógico que exista: una parte muy considerable de los grandes escritores contemporáneos han sido también periodistas, incluyendo al autor de la cita. Pero al final, el debate no es un debate entre periodistas y novelistas, sino una cuestión relativa al lenguaje. El lenguaje es también resultado de una intención, de una voluntad –consciente o no- de transmitir ideología. Sirve para presentar la realidad y por tanto, puede también manipularla. Considerar el lenguaje periodístico como un sistema neutro y objetivo de presentar la información, frente a la literatura, un lenguaje más rico y ‘artístico’ –como hace Delibes- oculta a mi juicio el verdadero centro del debate, que estriba en que el periodismo, se presente como se presente, debe basarse en hechos, y la literatura es el territorio de la ficción. En los años 60, surgió en Estados Unidos el llamado Nuevo Periodismo, una corriente muy influida por la prensa crítica underground, que pretendía subvertir las tradiciones del periodismo,  acercando la narrativa del periodismo a la de la ficción. Con exponentes como Norman Mailer, Hunter S. Thompson o Tom Wolfe, el Nuevo Periodismo, rompió con el periodismo tradicional para instalarse en un estilo de narración que hibridaba la redacción periodística con el comentario subjetivo, reinterpretando los hechos y, en muchos casos, convirtiendo al periodista testigo directo de los hechos narrados. La mayor parte de las grandes firmas del ‘Nuevo periodismo’ derivaron a la literatura, y contribuyeron a crear una extraordinaria confusión entre el periodismo –sobre todo la crónica y el gran reportaje- y la novela basada en hechos actuales, creando un género literario que podríamos definir como ‘falso periodismo de actualidad’, del que –en España- Jesús Cacho, autor de libros sobre Mario Conde y los vínculos del felipismo con el poder económico, podría ser uno de sus más conocidos exponentes. Cacho incrusta en sus obras, que se presentan como periodismo, hechos y acontecimientos que él ha recabado en un proceso de investigación periodística, pero los pone al servicio del relato que quiere hacer, un relato en el que también incorpora diálogos, y reflexiones inventadas de los protagonistas. Y eso no es periodismo. Es narrativa de ficción sobre hechos actuales.

Miguel Delibes Setién [Valladolid, 1920 – 2010] fue un escritor y periodista español, miembro de la Real Academia Española de La Lengua desde 1975 hasta su muerte. Licenciado en Comercio por imposición familiar, comenzó su carrera como columnista oprimero y luego como periodista del rotativo El Norte de Castilla, diario que también dirigió, para acabar dedicándose completamente a la novela. Gran conocedor y defensor de la naturaleza y geografía de Castilla, apasionado cazador y amante del mundo rural, muchas de sus obras giran en torno a la tierra y a la caza. En su literatura se percibe el compromiso con los valores humanos, la justicia social y la defensa de lo auténtico y primordial, que –para Delibes. Es el vínculo con la tierra. La defensa del entorno, de la naturaleza y de la dignidad y la libertad del hombre, es la principal preocupación de sus libros, centrados la mayoría de ellos en el campo castellano, y entre los que tuvieron un éxito extraordinario: El camino, Las ratas, El disputado voto del señor Cayo, El príncipe destronado o El hereje. Por ellos está considerado como una de  las principales figuras de la literatura española posterior a la Guerra Civil, y muchas de sus obras han sido adaptadas al teatro o llevadas al cine con gran éxito, como la extraordinaria Los santos inocentes