Medidas

El Gobierno se reúne hoy en Consejo de Ministros, para aprobar un real decreto con medidas, de las que algunas se entienden, pero otras no mucho. Por ejemplo, que no haya –por lo menos de momento- nuevas restricciones, que son la principal herramienta para reducir el impacto y extensión de los contagios. Está bien que se acelere el proceso de vacunación; que se regule la posibilidad de contratar de nuevo personal sanitario jubilado; o de médicos de fuera de la UE que –por cierto- trabajan por miles en centros privados desde hace años. Y también está bien que se autorice la venta de test de antígenos profesionales –yo me compré uno el otro día en una farmacia, con su hisopo y todo, y nadie me dijo que fuera un ‘test amateur’-; y bien –muy bien- que se refuerce el uso de rastreadores militares, se sume a la sanidad militar a la campaña civil de vacunación y se pongan a disposición de las regiones hospitales de la red militar. En España actuamos con cierta frecuencia como si nuestro Ejército o nuestras policías fueran cuerpos de ocupación, enviados por una nación extranjera para someternos y humillarnos, pero al final, siempre que algo se pone de verdad complicado, acudimos al Ejército y las Policías como baluarte final ante cualquier catástrofe. Quizá no estaría mal agradecerles alguna vez los servicios prestados y por prestar.

En fin, que algunas de las medidas, ya veremos mañana como sale el decreto, son razonables y están bien. Otras parecen absurdas. Iniciar la reunión de la Conferencia de Presidentes –como hizo ayer Sánchez-  anunciando la entrada en vigor de la medida más contestada por los expertos –lo de recuperar el uso obligatorio de mascarilla en exteriores en todas las circunstancias- parece un solemne brindis al sol: la mayor parte de los contagios se producen en interiores. De hecho, los estudios epidemiológicos realizados demuestran que la inmensa mayoría de contagios se producen en interiores, en locales públicos, centros de trabajo y domicilios particulares, en una proporción superior a 300 x 1. Y ese contagio entre más de 300 que se produce en exteriores ocurre siempre por incumplimiento claro de las normas de distancia social. Que existen: uno no puede transitar sin mascarilla al aire libre en sitios donde hay aglomeración de personas. Lo que hay que hacer es recordar esa regla y hacerla cumplir. Pero es el uso de mascarillas en interiores el que hay que establecer como claramente obligatorio, y vigilar su cumplimiento en todo momento.

Lo que sucede es que a Sánchez le han pedido un par de colegas que reimponga el uso del bozal en exteriores y eso –aunque no sirva para mucho- no le cuesta nada al Gobierno. Basta con ordenarlo: ahora volveremos a estar por las calles y los parques –a cualquier hora del día o la noche, haya aglomeraciones o no- con el tapabocas, que nos quitaremos al entrar en bares y restaurantes. Es como si quisiéramos evitar contagio por enfermedades de trasmisión sexual y lleváramos el condón puesto a todas horas, excepto cuanto hay que ponerse en faena. O como si nos pusiéramos el casco para caminar, y nos lo quitáramos al subirnos a la moto.

No existe razón científica ninguna para utilizar mascarillas de forma obligatoria al aire libre, cuando uno está de excursión en el campo, o tomando el sol en una playa o paseando por la ciudad o el pueblo en sitios despejados o en horas de poco tránsito. Y sí hay que usarlas en competiciones deportivas, conciertos y discotecas, aunque estemos al aire libre. La norma actual no es caprichosa, responde al sentido común.   

La medida de ‘recuperar’ el uso obligatorio de mascarilla no va a evitar contagios. Si los evitarían las medidas que el Gobierno no quiere adoptar: declarar toque de queda a partir de la una de la madrugada y hasta las seis de la mañana, cerrar el ocio nocturno mientras dure este tsunami o reducir drásticamente sus aforos y horarios, limitar de nuevo el uso de espacios en restauración, fiestas y saraos, reducir al límite los actos públicos, volver a las clases virtuales, prohibir todo tipo de fiestas privadas…  Y –sobre todo- aprobar leyes que permitan actuar a los tribunales regionales de Justicia con un criterio único. Legislar sobre la pandemia.

Lo de la mascarilla en exteriores es una absoluta inutilidad, que en algún caso puede incluso ser contraproducente: provoca una mayor ansiedad en la gente por quitársela en interiores. Esos minutos de más sin ella, antes de recibir una consumición, pueden ser la diferencia entre exponerte al contagio o no.