Marshall McLuhan: “La televisión es una forma de diversión gratuita, financiada por unos anunciantes que quieren comprar a los espectadores”.

Cuando McLuhan desarrollo su teoría sobre la aldea global y el fin de la Galaxia Gutemberg, sus críticos le acusaron de defender el fin del libro y la cultura escrita, para imponer el formato televisivo. En realidad, lo que hacía era explicar la extraordinaria influencia social, cultural y política de la televisión, un medio que siempre rechazó en su vida privada, y de cuyo poderoso influjo intentó sustraer a sus propios nietos. Acuñó una frase espléndida para fijar el influjo de la televisión sobre las personas: “somos lo que vemos”, decía, y esa frase supone el arranque de su pensamiento acerca del rol de los medios en nuestra formación. Porque “formamos nuestras herramientas y luego ellas nos forman a nosotros”.

La perspectiva de McLuhan respecto a los medios de comunicación social en general, es conocida como ‘determinismo tecnológico’, aunque lo que realmente le define como el primer filósofo de la comunicación es su extraordinaria capacidad predictiva. McLuhan era un visionario, capaz de intuir el mundo que nacería como consecuencia de la revolución electrónica y el poder de la televisión: cuando murió, en 1980, Internet era una realidad tímidamente encorsetada en ambientes académicos, la televisión por cable estaba en sus comienzos y la interactividad, la televisión multimedia, la comunicación por satélite, los sistemas GPS, los teléfonos inteligentes, los e-books, los videojuegos  o las videoconferencias estaban en pañales o ni siquiera existían. Sin embargo, la obra de McLuhan constituye aún hoy un extraordinario marco teórico que permite investigar y la naturaleza de los  medios que han transformado la historia de la humanidad.

Básicamente, McLuhan creía que los medios eran más un agente de posibilidad que de conciencia: solemos pensar que los medios son fuentes a través de las que nos llega la información, pero McLuhan demostró que cualquier tecnología o medio es una extensión de nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro ser: si las ruedas –en una bicicleta o en un coche- son extensiones de nuestros pies, los ordenadores serán entonces una extensión de nuestro sistema nervioso central. Si el medio cambia, si el contenido –el mensaje- pasa de un medio a otro, también se distorsiona, porque medios y mensajes funcionan en pareja, comprometidos de tal manera que cualquier mensaje resulta menos importante que el medio en que se emite. 

Herbert Marshall McLuhan [Edmonton, 1911 – Toronto, 1980] fue un sociólogo canadiense, especializado en cuestiones relativas al mundo de la comunicación, y autor de una de las más famosas sentencias sobre información: suya es la famosa “el medio es el mensaje”. Profesor de literatura inglesa, crítica literaria y teoría de la comunicación, McLuhan es considerado hoy  como uno de los iniciadores de los estudios sobre los medios. Hacia finales de la década de los 60 del pasado siglo, McLuhan acuñó el término ‘aldea global’ para describir la interconexión humana a escala mundial producida por los medios electrónicos de comunicación, radio y televisión, principalmente. La relevancia de sus investigaciones sobre la influencia de la tecnología en la comunicación humana pervive en el Programa McLuhan en Cultura y Tecnología de la Universidad de Toronto, centrada en el estudio de la influencia de la información en el cambio social. Sus estudios y descubrimientos han hecho que McLuhan pase a la posteridad como uno de los grandes visionarios de la presente y futura sociedad de la información.