Jorge Luis Borges: “Nadie piensa que deba recordarse lo que está escrito en un diario. Un diario, digo, se escribe para el olvido, deliberadamente para el olvido”.

Cultivador de muy distintos géneros, fusionados e hibridados deliberadamente en multitud de sus escritos,  Borges ocupa un puesto excepcional en la historia de la literatura por sus relatos breves, que incluyen “ontologías fantásticas, genealogías sincrónicas, gramáticas utópicas, geografías novelescas, múltiples historias universales, bestiarios lógicos, éticas narrativas, matemáticas imaginarias, dramas teológicos, invenciones geométricas y recuerdos inventados”. Sus cuentos han producido la fascinación de los estudiosos, pero también son perfectamente accesibles a cualquier lector, aunque en sus ficciones está casi ausente la condición humana real, las vivencias de carne y hueso. El mundo narrativo borgiano surge más que del conocimiento de las pasiones y sinsentidos de la vida humana del amor por los libros y las bibliotecas, del catálogo inabordable de sus lecturas y de un afán libresco e intelectual que el autor consigue embridar con argumentos maravillosamente construidos, que funcionan a veces como precisos mecanismos de relojería, como simetrías perfectas o como visiones especulares, escritos con una prosa en apariencia desprovista de todo artificio, pero cargada de sugerencias. Su obra considerada de gran importancia para la literatura y el pensamiento universal, ha sido analizada e interpretada por una legión de estudiosos. Se cree que es el autor contemporáneo sobre el que se han leído más tesis doctorales. Pero Borges trasciende cualquier clasificación.

         En su juventud, Borges ejerció como periodista cultural, ocupándose de la sección de libros en varios medios. En 1926 formaba parte del staff de redacción del suplemento cultural del diario La Prensa, su primer trabajo remunerado. Desde entonces, su actividad en los medios es constante: en 1933 y 1934 codirige la Revista Multicolor de los Sábados -suplemento cultural del diario Crítica-, y desde 1936 hasta 1939 se ocupó de la sección “Libros y autores extranjeros” de la revista El Hogar. En esos medios, Borges  escribe las reseñas de los últimos libros aparecidos, traduce del inglés relatos extranjeros, selecciona el material que se edita y, también, publica sus propios textos. De hecho, a mayoría de sus cuentos y ensayos fueron primero prepublicados  en pequeñas revistas literarias, en diarios de difusión masiva o en revistas populares, para ser después compilados como libros.

A pesar de sus vínculos con el periodismo cultural, su absoluto desprecio por el periodismo fue expresado en multitud de ocasiones, ya en la madurez. En un encuentro con Ernesto Sábato, producido en 1975 a instancias del periodista Orlando Barone, lego a decir: “yo jamás he leído un diario, siguiendo el consejo de Emerson”. Obviamente, se trata de una boutade. Borges sí leía la prensa, o se la hacía leer.

Jorge Luis Borges [Buenos Aires, 1899 – Ginebra, 1986] fue un escritor argentino, y uno de los autores más destacados y reconocidos de la literatura del siglo XX, considerado además el mayor erudito en lengua española. De una extraordinaria fecundidad creativa, publicó ensayos breves, cuentos y multitud de poemas, presentados como una forma exquisita de la racionalidad. Toda su obra esta permeada por la filosofía, concebida como perplejidad y por el pensamiento convertido en pura conjetura. Siempre le interesó más la belleza de las propuestas que la verdad, de la que desconfiaba. Nunca se decantó por una escuela filosófica concreta: “no hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil. Una doctrina filosófica es al principio una descripción verosímil del universo; giran los años y es un mero capítulo —cuando no un párrafo o un nombre— de la historia de la filosofía”. Afectado desde muy joven por una progresiva ceguera, eso no le impidió ser un lector consumado: una selección de su propia biblioteca personal ha sido editada en colecciones de gran éxito.

Polémico por naturaleza, y de tendencias políticas bastante inclasificables –desde el acratismo o el radicalismo cívico al puro conservadurismo- lo que es evidente es que se opuso al populismo peronista, y que él y su familia fueron maltratados por las administraciones justicialistas. El último gobierno peronista lo apartó de la dirección de la Biblioteca Nacional de Argentina, para adjudicarle un puesto de inspector de pollos y conejos en los mercados de Buenos Aires. Su inicial apoyo al golpe de estado del general Videla en Argentina, ante el que también intercedió por sus compañeros detenidos o ‘desaparecidos’, le convirtió en un apestado para el progresismo europeo, e impidió que fuera galardonado con el premio Nobel, al que fue candidato durante más de 30 años.