John Reed: “La guerra es la locura de las turbas, la crucifixión de quienes dicen la verdad, la asfixia de los artistas…”

Interpretado como un héroe romántico por Warren Beatty en Reds, la que probablemente en su gran película como director y como actor, Reed responde perfectamente al cliché de intelectual americano influido por el marxismo. Casado con la escritora feminista Louise Bryant, fue amigo de Max Eastman, Emma Goldman, Lincoln Steffens, Margaret Sanger y de otros escritores de la época –como Eugene O’Neil-, que acabó siendo muy crítico con él, por su orientación ideológica. Periodista aclamado, activista revolucionario y poeta de menor fuste, Reed fue ante todo, un apasionado antibelicista: en 1914, nada más estallar la Primera Guerra Mundial, y en un manuscrito inédito, Reed escribió: “Y aquí están las naciones, lanzadas a degüello como perros… y el arte, la industria, el comercio, la libertad individual, la propia vida, gravadas con impuestos para mantener monstruosas máquinas de muerte.” En abril de 1917, cuando el presidente Wilson pidió al Congreso que declarase la guerra a Alemania, Reed escribió en Masses: “La guerra es la locura de las turbas, la crucifixión de quienes dicen la verdad, la asfixia de los artistas… No es nuestra guerra.” Testificó ante el Congreso en contra del reclutamiento obligatorio: “No creo en esta guerra… yo no me alistaría.” Y cuando detuvieron a Emma Goldman y a Alexander Berkman en aplicación de la Ley de la Conscripción por “conspiración para inducir a personas a no alistarse”, Reed fue testigo de su defensa. Goldmann y Berkmann fueron condenados y enviados a prisión por oponerse a la participación de Estados Unidos en la guerra, junto con un millar de estadounidenses. Se prohibieron todos los periódicos radicales, entre ellos Masses en el que trabajaba Reed.

Desalentado por la tibia respuesta de las organizaciones obreras en Europa y USA, y por el apoyo  a la guerra de las masas trabajadoras, que pusieron por delante de la lucha de clases el esfuerzo bélico, se sintió traicionado por el patriotismo criminal que embargaba a todo el mundo en los dos bandos, incluso a algunos socialistas, como el británico H. G. Wells, o los radicales estadounidenses Walter Lippmann, Upton Sinclair y John Dewey, que también se habían unido al grupo de los patriotas.

John Silas Reed [Portland, Oregón, 1887 – Moscú, 1920] fue un periodista, poeta, corresponsal de guerra y activista comunista estadounidense, fundador del Partido Comunista de los Estados Unidos. Criado en una familia acaudalada, hijo de un empresario progresista que se enfrentó a la corrupción que asolaba la industria maderera de Oregón. Su madre, perteneciente a una rica familia minera, intentó ejercer una influencia conservadora sobre él, con escaso éxito. Tras estudiar en la Universidad de Harvard, a los 24 años y como corresponsal de guerra del Metropolitan Magazine, viajó a México, desde donde enviaba entrevistas y reportajes sobre la Revolución, que tuvieron gran difusión. Reed acompañó a Pancho Villa en sus ataques por el norte de México, convivió con los soldados y conoció a Venustiano Carranza, presidente de México. Recogió sus experiencias en su libro México insurgente. Después, se incorporó como periodista en la redacción del rotativo radical The Masses, para el que cubrió las huelgas de los mineros de Colorado en 1914. Ese mismo año, viajó a Europa para segur como corresponsal la Guerra Mundial, publicando a su regreso La guerra en el este de Europa, donde cuenta sus experiencias. Volvió a viajar a Rusia, esta vez desde Finlandia, a finales de 1917, encontrándose un país en pleno proceso revolucionario. En San Petersburgo conoció a Lenin, y trató con los principales dirigentes de la revolución, y participó en el Segundo Congreso de los Soviets de Obreros, Soldados y Campesinos de toda Rusia, y en las jornadas revolucionarias, que cubría diariamente para varios periódicos norteamericanos, y que dieron lugar a su libro más conocido, el reportaje-testimonio de la Revolución Rusa Diez días que estremecieron el mundo, en el que narra la toma del poder por parte de los soviets. A su regreso a Estados Unidos, Reed, junto con otros miembros del Partido Socialista de Estados Unidos, fue expulsado del Congreso Nacional de este partido, celebrado en agosto de 1919, y formó el Partido Comunista de Estados Unidos. Como delegado de éste en la Komintern, regresó a la Unión Soviética, donde murió de tifus, siendo enterrado en las murallas del Kremlin, junto con otros líderes bolcheviques.