Espías y espiados

Al presidente Torres lo cogieron ayer los periodistas tras la presentación de AgroCanarias y le preguntaron de sopetón por la cosa del espionaje. El hombre se atrevió a decir que tanto el sistema informático de la comunidad autónoma como los móviles corporativos del Gobierno están libres de infecciones provocadas por Pegasus. Eso es lo que le han garantizado desde la dirección general de Telecomunicaciones y Nuevas Tecnologías de su  Gobierno, un departamento que depende del consejero de Administraciones Públicas, Justicia y Seguridad, Julio Pérez. Torres dio por buenas las garantías recibidas y se comprometió con los periodistas a contar las novedades que se produzcan, si las hay.

Es una suerte que ahora se haya puesto de moda la transparencia, así ni siquiera tenemos los periodistas que hacer mucho esfuerzo para contar lo que pasa: ya nos lo dice el Gobierno. Antes no siempre nos fiábamos tanto de lo que decían los gobiernos como ahora. Algo tendrá que ver el hecho de que en estos tiempos que corren lo que haga o no haga el Gobierno de Canarias no le preocupe una higa  a los espías. Debe ser un poco decepcionante que con tanto petróleo suelto por ahí fuera, tanta guerra sucia con la emigración, tanta reclamación de aguas territoriales y tanto espionaje marroquí, ni a los espías de Marruecos ni a los nuestros les importe mucho lo que piense el presidente Torres.

Hubo un tiempo en que lo que hiciera el Gobierno de Canarias si le preocupaba –y mucho- a los espías y a sus jefes. Tanto, que el Cesid (el antiguo CNI) llegó a colocar a un agente suyo (en excedencia, se dijo luego) nada menos que como director general de Comunicaciones e Informática del propio Gobierno. Ocurrió siendo presidente en Canarias Manuel Hermoso, y en España José María Aznar. Hermoso acababa de convalidar la presidencia del Gobierno, tres años después de la censura a Saavedra, ganando las elecciones y suscribiendo un acuerdo con el PP, dirigido entonces en las islas por José Miguel Bravo de Laguna. Al formar su segundo Ejecutivo, desde el PP se le propuso incorporar a Vicente López Pascual, un durmiente del Cesid, como director general responsable del control de las comunicaciones y la seguridad digital del Gobierno. López Pascual venía manchado por sus contactos muy cercanos con los ‘Escuadrones de la Muerte’ salvadoreños y con la derecha militar y golpista del país centroamericano, relación que fue documentada en varios trabajos periodísticos y denunciada por el entonces embajador de España en ese país, Fernando Álvarez de Miranda. López Pascual  siempre dijo que su misión en El Salvador consistió en acercar el ejército a la oposición, para lograr un acuerdo de paz, pero acabó por dejar el país de forma precipitada, recalando luego en Canarias.

En 1996, desde el Gobierno de Aznar se mantenía con Hermoso y su recién hilvanado nacionalismo (Hermoso procedía de UCD y luego del isloteñismo) una relación de proximidad no exenta de desconfianza: gracias Hermoso, tres años después de la censura contra Saavedra, el PP había logrado colarse en el Gobierno de Canarias, y eso ayudaba –a juicio de Madrid- a reducir posibles veleidades autodeterministas de Coalición, que contaba con una pequeña rama izquierdista, heredera de las variopintas vicisitudes canarias del PCE, y de la incorporación al ‘nuevo nacionalismo’ de viejos activistas de la izquierda con veleidades independentistas. No hacía tanto tiempo que la UPC de Sagaseta y el alcalde Manuel Bermejo habían sacudido las islas con reclamaciones y amistades que preocupaban a la metrópoli. Para tener a Hermoso vigilado, desde el PP le endosaron como cargo público un espía, que ocupó su cargo en el Gobierno durante apenas semana y media. Su pertenencia al Cesid fue descubierta y denunciada por La Provincia y tuvo que renunciar. No se hizo demasiada sangre con el asunto: Coalición y el PP gobernaban juntos, y Aznar hablaba (en privado) en catalán. Eran otros tiempos.         

En estos, al espionaje comodón y sin riesgos de Pegasus le preocupan la agenda de Aminatou Haidar y los contactos del periodista Ignacio Cembrero, pero parece que le resbalan mucho el Gobierno de Canarias y sus posiciones. Si se trata de saber lo que va a hacer el presidente Torres, les basta con tener monitorizado a Pedro Sánchez y sus gigas. Porque Torres, siempre, siempre, siempre, va a hacer lo que diga su secretario general. Y para saber eso no hace falta contratar a James Bond. Que además –así nos han cambiado el mundo- la palmó en la última peli aferrado a un osito de peluche.