Ernesto Sabato: “Sería mejor publicar un periódico cada año, o cada siglo. O cuando sucede algo verdaderamente importante: “El señor Cristóbal Colón acaba de descubrir América”. Título a ocho columnas.”

Aunque sus estudios lo prepararon para dedicarse a la investigación en el campo de la física, que ejerció en Zurich tras licenciarse, su acercamiento al movimiento surrealista, especialmente a algunos escritores y artistas de esta corriente, torció de alguna manera su destino como investigador y acabó convirtiéndose  en uno de los dos grandes autores del siglo XX en Argentina. Sin embargo, no quería ser encasillado como literato: “Tengo con la literatura la misma relación que puede tener un guerrillero con el ejército regular”. Su visión existencialista se reflejada en las tramas tenebrosas de sus novelas, pobladas de personajes extraviados de sus valores morales: afirmaba, empero, creer en el hombre, “a pesar de ser el animal más siniestro”.

Su forma de incorporar ideas y conceptos en su narrativa, unida a su facilidad retórica y su habilidad para  introducirse en la psicología de los individuos, lo confirmaron –con sólo tres novelas- como uno de los escritores más grandes e influyentes de su tiempo y de su país. “La razón no sirve para la existencia”, solía afirmar. “La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo, hay que morirse”, decía.

Comprometido con los derechos humanos -otras obras suyas son: El otro rostro del peronismo, El caso Sábato, Torturas y libertad de prensa, Carta abierta al general Aramburu y La cultura en la encrucijada nacional– se convirtió en un férreo opositor de la dictadura militar que gobernó Argentina entre 1976 y 1983, pese a que en los primeros meses del golpe participó con Borges en un encuentro con el general Videla. Cambió de opinión al conocer los continuos asesinatos y abusos contra los derechos humanos que protagonizaba la dictadura. Terminada esta tras el fracaso de la guerra de las Malvinas, Sábato recibió el encargo del primer presidente democrático, el radical Raúl Alfonsín, de formar parte de la recién creada Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas. El equipo de investigación de la Comisión recogió el testimonio y documentó 8.960 desapariciones y la existencia de 340 centros de detención ilegal y tortura. El informe titulado Nunca Mas, pero conocido popularmente como Informe Sabato, fue entregado a Alfonsín en un acto inolvidable para la inmensa mayoría de los argentinos, el 20 de septiembre de 1984, y dio origen al procesamiento y condena de los máximos responsables de las juntas militares de la dictadura, que fueron enviados a la cárcel.  Sabato se opuso siempre a las leyes de Punto Final y a los posteriores indultos a los jerarcas militares concedidos por el peronista Carlos Menem.

Ernesto Sabato [Rojas, 1911-Santos Lugares, 2011] fue un escritor, ensayista, físico y pintor argentino. Descendiente de padre italiano y madre albanesa, Sabato está considerado como uno de los grandes de la literatura latinoamericana no solo por sus novelas –El túnel, Abaddón el exterminador y Sobre héroes y tumbas, considerada esta última una de las mejores novelas argentinas del siglo XX-, sino también por su amplia obra ensayística sobre la condición humana: Uno y el Universo, Hombres y engranajes, El escritor y sus fantasmas y Apologías y rechazos, entre otros. Fue el segundo argentino galardonado con el Premio Miguel de Cervantes en 1984, después de que Borges  lo lograra en 1979. En el discurso que pronunció con ocasión de la recepción del premio, describió a Alonso Quijano como “un simple mortal, tierno desamparado, andariego, el hombre que alguna vez dijo que por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida”. Una definición que bien podría haber servido para sí mismo.