El precio de la guerra

La cumbre de la OTAN que se inicia este miércoles en Madrid supondrá sin duda un regreso a las preocupaciones e intereses tradicionales de la Alianza, tras haber evolucionado durante la última década del siglo pasado, y la primera de este en la consideración de que Rusia no suponía amenaza alguna para Europa, por lo que se planteaba la conveniencia de reforzar la colaboración entre la OTAN y Moscú, como respuesta al colapso político de la URSS. 

La cumbre de Madrid, absolutamente marcada por la invasión de Ucrania, se produce en una situación de alerta militar sin precedentes en el continente desde 1945, con un país agredido sin mediar provocación previa, miles de civiles masacrados por los bombardeos indiscriminados de Rusia y por la actuación de su ejército, y 50.000 militares ya muertos en los enfrentamientos. Por supuesto, no estamos ante un problema sólo local: con las dos grandes potencias nucleares en situación de creciente antagonismo, muchos de los países europeos sufriendo yauna preocupante carestía de abastecimiento de combustible, y el planeta entero enfrentado a una crisis económica consecuencia directa de la guerra, la invasión de Ucrania lo ha cambiado todo: la mayor parte de los países miembros de la OTAN han ofrecido apoyo militar a Ucrania, y aunque la OTAN no ha intervenido directamente en el conflicto entre Moscú y Kiev, ha casi doblado su presencia militar en los antiguos países del Este, pasando de 25.000 a 45.000 soldados aliados,agrupados en batallones de combate, que se quiere convertir en brigadas, lo que implicaríaduplicar de nuevo los efectivos. Más 130 aviones de combate y 140 barcos de guerra. Es un gran despliegue.   

La cumbre de Madrid aprobará además un cambio radical en el actual concepto estratégico de la Alianza, que será actualizado atendiendo a las quiebras de seguridad provocadas por la guerra de Putin y su deriva de destrucción de Ucrania y de ruptura de los acuerdos económicos y comerciales entre Rusia y el continente. Putin ha devuelto a la OTAN su antiguo sentido, al resucitar comoenemigo, extendiendo la guerra tanto al mundo desarrollado, con medidas económicas e inestabilidad que provocan hiperinflación, como al mundo subdesarrollado, con la hambruna que ya afecta a 200 millones de africanos y podría contagiarse en los próximos meses a toda África y Oriente medio. 

Países tradicionalmente neutrales, como Suecia y Finlandia, han pedido la incorporación a la Alianza, y la Unión Europea ha concedido a Ucrania y Moldavia el estatus de países candidatos a incorporarse en la Unión, algo que sin la guerra no habríaocurrido. La invasión también ha obligado a aumentar el gasto militar de los países menos implicados presupuestariamente con su contribución a la seguridad continental. España entre ellos. Está previsto que Pedro Sánchez aclare durante la cumbre de Madrid cual será el aumento para 2023 de los presupuestos de Defensa. Sánchez ha afirmado que actualmente el gasto de España en Defensa ronda el 1,40 por ciento del PIB, pero el documento remitido a finales de abril a Bruselas se cifraba ese gasto en el uno por ciento. La explicación a esa diferencia está en que el presupuesto de 2022 contemplaba 3.647 millones, pero desde el inicio de la guerra de Ucrania hasta finales de abril se había autorizado por el Consejo de Ministros 1.540 millones más de gasto, de ellos 30 millones para organizar la cumbre de Madrid. La voluntad del Gobierno es alcanzar el dos por ciento del PIB en 2030, que sería algo más de 7.000 millones, con el PIB actual. El anuncio provocó tensión entre el PSOE y sus socios.  

Y también hay otros problemas sin resolver: en los últimos días se ha hablado y escrito mucho de la extensión de la cobertura militar de la OTAN al flanco Sur de Europa, Mediterráneo y Norte de África. El Gobierno de Pedro Sánchez espera alguna mención a este asunto en el comunicado final de la cumbre. De hecho, ya se han producido declaraciones tranquilizadoras realizadas por el secretario general de la Alianza, pero no se trata tanto de las declaraciones políticas, como de la realidad. Lo más probable es que el flanco Sur, del que Canarias forma parte, acabe en la práctica siendo competencia europea, un asunto a atender por los propios países implicados, y que la OTAN continué concentrando sus esfuerzos, recursos y presupuestos –como ya lo está haciendo- en el flanco oriental, en la frontera con Rusia y Bielorrusia. Y que en el futuro se ocupe de la que es hoy la principal preocupación estadounidense, más allá del grave episodio de Ucrania, que es el desafío estratégico que supone China.