El mejor pacto posible

En una entrevista publicada hace dos días aquí mismo, Fernando Clavijo reiteraba una obviedad: que antes de cerrar acuerdos de Gobierno, hay que tirar de matemáticas. Es una forma de decir que hay que contar los diputados, hacer sumas y restas y ver cómo queda la cosa. Aclaraba Clavijo que su partido –Coalición Canaria- no gobernará ni con Vox ni con Podemos, que los únicos acuerdos posibles que él maneja son a dos bandas: o con el PP, si la derecha suma, o con el PSOE, si no queda más remedio (eso último lo digo yo, no Clavijo, que fue más político). El presidente Torres se ha pronunciado también sobre los pactos, y probablemente ha sido algo menos sincero: ha dicho que ya se verá, pero que él preferiría reeditar un acuerdo por la izquierda, un pacto como el de las Flores, con Noemí Santana de consejera, a la que –además- felicitó cínicamente por su extraordinaria gestión en Dependencia. Ya digo yo que el fuerte de Torres no es la sinceridad…

Porque cuando hablas con la gente del PSOE, en Tenerife o Gran Canaria, la mayoría reconoce sin complejos que es improbable que salgan las cuentas para un acuerdo por la izquierda, por mucho que Román siga empeñado en hacer con los sondeos algo muy similar a lo que el Código Penal español definía (cuando yo era joven) como “abusos deshonestos”. Poca gente del entorno del PSOE en el Gobierno se atreve a asegurar a micrófono cerrado que las cuentas van a caer del lado de la izquierda. Ni siquiera Torres lo dice. Lo que dice –porque es el presidente de un Gobierno de izquierdas y estaría muy feo que dijera otra cosa- es que a él le gustaría que ocurriera así, que el pacto actual se repitiera. Yo me aventuro a creer que ni siquiera lo segundo es del todo cierto: creo que Torres no desea cuatro años más aguantando a los mismos socios en el Gobierno, porque van a ser cuatro años más duros que estos, no podremos tirar de Europa, y las Administraciones tenga que cerrar el grifo y ponerse a pagar deudas. Probablemente Torres modulará su discurso a medida que nos acerquemos a mayo. A lo peor lo cambia de golpe y porrazo a partir de la noche electoral. O a lo mejor no. 

Porque la cuestión es que tampoco está en absoluto clara la mayoría para un pacto de derechas, sin contar con los tres o cuatro diputados que pueda conseguir Vox. Y en lo de no gobernar con Vox están hoy de acuerdo tanto Coalición como el PSOE: Torres ha dicho que ni siquiera hablara con ellos, y lo ha dicho sin preguntarse si en Vox querrán pedirle un autógrafo o hablar con él. Sería novedoso: el PSOE no habla nunca con Vox, de la misma forma que en el PP no se hacen tratos con Podemos.

Si son ciertos los resultados de los sondeos que no hace el Gobierno, parece probable que tanto el PSOE como Podemos sufran un cierto desgaste, consecuencia de la soberbia y altanería con la que se actúa en política nacional, y de la impresión de los votantes de que estos tipos que han parido el ‘Sí es Sí’, la revisión del delito de malversación, y los pactos con Bildu en Navarra, harían cualquier cosa –incluyendo vender al peso a sus madres- por seguir en el machito. Si se adelanta un castigo vicario a la izquierda en las elecciones regionales, como también vaticinan la mayoría de los sondeos, aquí solo va a haber dos opciones: o un pacto de derechas, o un pacto del PSOE con Coalición. Algunos movimientos y declaraciones del PP –como el más que razonable apoyo a la aprobación de los presupuestos del Cabildo tinerfeño- hacen pensar que el PP podría repetir lo de La Palma a nivel regional, y cerrar un acuerdo con Torres. Yo creo que en el contexto de la actual política española, claramente frentista, y con tendencia a agravarse en campaña, ese acuerdo del PSOE y el PP no es posible. Si el PP amaga con él, no es porque crea viable un gobierno de gran coalición, sino para ponerse en valor y frenar la tentación de una aproximación coalicionera al PSOE. Una tentación, por cierto, que sólo tienen algunos. Y es una pena: un Gobierno de coalición amplia entre el PSOE y los nacionalistas, presidido por quien saque más diputados, moderaría la política canaria, reduciría la conflictividad ideológica, y devolvería el sentido común a las instituciones.